Una célebre coletilla es decir “es de sentido común”; por desgracia, creo que he oído más veces lo de “el sentido común es el menos común de los sentidos”.
Durante el último año he tenido la suerte de estar al otro lado de las pruebas de traducción, y casi podría decir que he corregido más pruebas de las que yo mismo he hecho. Por un lado es gratificante saber que alguien te considera lo suficiente capaz para decidir si un persona merece una oportunidad, aunque por otro la verdad es que muchas veces no es nada agradable saber que al otro lado habrá una persona que no se pondrá muy contenta al enterarse de que alguien no le ha dado el visto bueno.
Ni mucho menos estoy en posición de tener la verdad sobre las pruebas de traducción: de hecho, si buscas en Google “pruebas de traducción”, hay todo tipo de información al respecto:
- Olli Carreira ya ha plasmado varias veces sus reflexiones en Pulgarcito y la prueba de traducción y en Pruebas de traducción: checklist.
- Jordi Balcells también ha hablado sobre pruebas de traducción e imagen profesional.
- Ana Abad se centró hace unos meses también en la prueba de traducción de un videojuego.
- Pablo Müguerza nos comentó su caso relativo a la traducción médica en Tengo las pruebas (de traducción).
- Yo mismo hace siglos escribí también sobre que un buen currículum no lo es todo y di algunas claves para una buena preparación (poco después de hacer la prueba de traducción de Nintendo).
El problema de no pensar
Hay mil razones para no pasar una prueba por muy bien que la hagamos (yo mismo la he cagado varias veces, y en cualquier caso no se puede caer bien a todo el mundo), pero la que más me fastidia es la de no pensar:
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Al corregir, puedes decir “ay, que no sabía que esto es un término de marketing que en realidad se deja en inglés” y sentir algo de pena porque sabes que el candidato en el fondo lo habría averiguado documentándose bien. Pero, por desgracia, también puedes encontrarte con “mercadotecnia” en vez de “marketing”: arguméntame lo que quieras, pero si vas a trabajar para un departamento de marketing (y el candidato lo sabe), NO es una opción válida (por lo menos en español de España). No recuerdo ahora quién lo dijo en Twitter el otro día, pero la excusa de “viene en el diccionario” hoy en día es eso, una excusa.
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Por supuesto que hay aplicaciones para móviles en las que se debe tratar de usted al usuario, pero creo que la gran mayoría de aplicaciones usan el tú hoy en día porque un chaval de 16 años puede usarla perfectamente. Además, aunque el usuario tenga 40, así hay más cercanía. Algunos dirán que “eso lo decide el cliente”, pero después de haber traducido bastantes aplicaciones hasta la fecha, no puedes confiarle todas las decisiones al cliente. ¿De verdad usarías el usted para Facebook o se lo consultarías al cliente? A mí no me parecen opciones válidas si precisamente estoy buscando que sepas pensar.
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Si se hace referencia a algún tipo de opción del sistema operativo y me la ponen mal, el candidato no merece mi respeto. Yo nunca he tenido un iPhone y sin embargo he traducido muchas aplicaciones de iPhone: ¿qué hacía al principio cuando no sabía cómo se había traducido, por ejemplo, Location Services (que, por cierto, la traducción al español ha cambiado no hace mucho)? Pues me empapaba del manual oficial en español, miraba documentación por todos lados y le preguntaba a un amigo que sí tenía el iPhone. Si en una prueba no me demuestras que tienes recursos, mal.
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Esta sí que es buena: tienes un bonito apartado para poner referencias consultadas y, en vez de lucirte y poner que has mirado la página web del cliente o un glosario especializado sobre termodinámica que viene al caso, vas y pones que has mirado en Google y WordReference. Esto no es un trabajo de clase de primero de carrera.
Probablemente muchos lectores se echen las manos a la cabeza leyendo estas cosas, pero creedme que pasa más a menudo de lo que uno cree. A veces, el traductor ideal no es necesariamente el que mejor traduce, sino el que mejor piensa (o simplemente piensa).
Pensar es gratis, pero a veces cuesta.
Me consta que muchos estudiantes de traducción se quieren dedicar a la localización de software, páginas web, videojuegos, aplicaciones móviles, [inserta aquí lo que más te guste]. Probablemente tú seas uno de ellos, o quizás incluso has tenido ya la suerte de adentrarte en este apasionante mundo.
Si has trabajado en plantilla en una empresa de desarrollo tecnológico o de videojuegos, esto quizás te suene. En traducción normalmente se habla de plazos de entrega ajustados (“lo quiero para anteayer”), pero en el caso de proyectos de localización en los que los ingenieros lo están pasando peor que tú aunque no lo parezca, esto se conoce como
Y eso probablemente será lo que harás la mayoría del tiempo, pero también te va a tocar usar herramientas propias del desarrollador para algún fin específico, y lo mismo te dicen que tienes que instalar tal cosa o escribir tal secuencia de comandos para acceder a no sé qué. Aquí es donde muchos estudiantes se preguntarán, “Dios mío, ¡si yo no sé programación!”. Tranquilos, podéis suspirar: normalmente no hace falta tener conocimientos de programación, pero sí que ayuda saber trastear todo tipo de programas y demás, sobre todo si eres autónomo. Si encima sabes 
Cuando uno lee un título como este, seguramente se espere la típica lista sobre qué hacer para fidelizar clientes o algo por el estilo. Sin embargo, aunque está claro que fidelizar nos interesa, me gustaría tratar el tema de otra forma.
¿Por qué no iba a pasar lo mismo en el mundo de la traducción? Esta mañana he estado intercambiando un par de mensajes de trabajo con un gestor de proyectos que conozco de hace poco y, en un inciso, me preguntaba si me compraría la Wii U cuando salga. Al final yo le he acabado contando que este fin de semana me pasé en una tarde el Super Metroid (lo mejor es que no le he contado que la tarde anterior me había pasado el Metroid Fusion) y que él tiene ganas ya de que salga el Halo 4. El lunes me escribió otro gestor de proyectos de la misma empresa para resolver una duda… desde Tailandia. Esta semana él estaba de vacaciones, pero aun así mira el correo de vez en cuando. De hecho, le dije que no fuera como yo, que quitase la conexión de datos del móvil y se fuera a la playa sin pensar en trabajo.






Pero hubo un punto de inflexión: a mediados de abril, mi amiga
Personalmente me siento orgulloso de haber sido artífice de un programa en Visual Basic que nos ahorró muchas horas de maquetación, ya que observé que los archivos originales seguían cierto patrón de forma interna e ideé un modo de extraer el texto relevante y después reinsertarlo sin problema alguno. Los archivos originales eran XML, pero nos dieron HTML para trabajar y, como encima cada uno usábamos un programa diferente (Eugenia utilizaba TagEditor y yo Trados Studio), nada mejor que crear un archivo intermedio que se pudiera procesar en cualquier programa. Con todo esto quiero decir que merece la pena invertir unas horas en preparar los archivos para hacerle la vida más fácil a todo el mundo luego.

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