Leo en ion litio una curiosidad relacionada con el archiconocido Street Fighter II y un error de traducción que me parece interesante compartir aquí.
Como todos sabréis, al derrotar a un adversario en este juego aparece un breve texto lanzado a nuestro rival tipo «no tienes nada que hacer contra mí». Por ejemplo, Ryu, famoso por sus hadouken (que más de uno habrá pronunciado como ayuken en su infancia con seguridad), nos espeta lo siguiente: You must defeat Sheng Long to stand a chance (traducción larga propuesta según el contexto: «tendrás que ser capaz de derrotar a Shen Long si quieres tener alguna posibilidad de vencerme»).
Pues bien, resulta que nadie sabía a ciencia cierta quién era ese tal Shen Long, aunque se rumoreaba que se trataba del maestro de Ryu y Ken, pues ambos personajes compartían las mismas técnicas. De hecho, al parecer se hacía referencia a este personaje en el manual del juego.
La revista Electronic Gaming Monthly aprovechó la controversia surgida por este nombre para gastar una inocentada consistente en explicar cómo obtener al poderoso maestro en la última batalla contra Bison. Shen Long, aparte de ser el más rápido del juego, podía realizar todas las técnicas de los personajes aparecidos en el mismo.
Sin embargo, a pesar de que parecía bastante claro que se trataba de una inocentada, muchos aficionados intentaron conseguir por todos los medios a Shen Long, y el rumor se extendió de tal manera que llegó a convertirse en una leyenda urbana entre la comunidad videojueguil.
¿Dónde está, pues, la gracia de todo esto, y qué tiene que ver con la traducción? Resulta que Shen Long se tradujo incorrectamente, ya que en realidad se refería a la técnica shoryuken de Ryu y Ken, en la que ambos personajes saltaban con un potente gancho denominado Puño del Dragón. Por tanto, una buena traducción hubiera sido «tendrás que ser capaz de vencer a mi Puño del Dragón si quieres tener alguna posibilidad de derrotarme» (digo vencer y no derrotar como he dicho antes, pues derrotar se utiliza para enemigos).
Todos sabemos que los traductores, al igual que otros profesionales, cometemos errores. Lo que nunca sabemos es la gravedad que pueden conllevar ya no sólo en el momento de la publicación de la traducción, sino en el futuro como hemos visto en este caso. Por ello, deberemos traducir con seguridad lo que escribimos en la lengua meta si de verdad queremos actuar en calidad de profesionales, lo cual, todo hay que decirlo, no siempre es fácil.
¿Hay alguien que no conozca a este lexicógrafo, bibliólogo, ortógrafo, ortotipógrafo y técnico editorial (ahí es nada) aunque sea de oídas?
José Martínez de Sousa es mencionado un sinfín de veces en las facultades de Traducción e Interpretación como obra de referencia en cuanto al uso correcto del español. Comparado con sus escritos, el DRAE y el Diccionario Panhispánico se quedan en pañales. Y es que a lo largo de sus años como profesional ha ido confeccionado muy buenos trabajos como el Manual de estilo de la lengua española, cuya última revisión es de 2007.
Preguntas para maniáticos de la ortotipografía como por ejemplo cuándo se debe usar la negrita o la cursiva son resueltas en sus obras, lo que les confiere un carácter de «sólo para perfeccionistas». Tanto es así que sus manuales, guías y diccionarios son un algo inaccesibles debido a su coste, aunque por suerte nunca hay problemas para encontrarlos en una biblioteca universitaria relacionada con las lenguas.
El único manual que he estudiado con cierta profundidad es su Manual de edición y autoedición (edición de 2005)
, y la verdad es que a mí, que me encantan los temas ortotipográficos, me parece de lo más completo. Aprendes lo nunca imaginado sobre las fuentes tipográficas, su historia y el nombre de todos los elementos que caracterizan un tipo de letra aunque sean difíciles de retener en la memoria si no se presta atención.
Y quizás ése es el gran problema de este manual y de otras obras a las que les he echado un vistazo: su difícil lectura. Hay que digerirlas muy, muy poco a poco si no se quiere olvidar su existencia hasta que sea necesario. En otras palabras, hay tanta información que es difícil procesarla en poco tiempo.
Aunque estoy de acuerdo con muchas cosas que le corrige (o aclara) al DRAE, discrepo con otras, y lo siento pero yo soy incapaz de escribir ‘sólo’ (de solamente) sin tilde o prescindir de ella en los pronombres como ‘éste’, ‘ése’ o ‘aquél’. Quizás es simplemente cabezonería porque he puesto siempre las tildes, pero creo que por esa misma razón es prácticamente imposible erradicar tal regla.
Otro de los puntos flacos que le veo a la obra de Martínez de Sousa es que son tantos los temas que se tratan que luego, aunque los índices son muy completos, cuesta encontrar rápida y fácilmente lo que se busca. Pero bueno, quizás es que estoy demasiado acostumbrado a teclear lo que busco y darle a la tecla intro en vez de navegar un poco entre nombres.
Pero no todo es criticar a Martínez de Sousa. Bien usadas, sus obras son la crème de la crème. Además, hay artículos suyos como La traducción y sus trampas (de lectura altamente recomendable para todo traductor que se precie) que en pocas páginas te ayudan a comprender perfectamente el porqué de las cosas e invitan a una reflexión sobre algunos del lenguaje.
Es por ello que quizás una de las mejores lecturas de toda su obra sea precisamente La palabra y su escritura, consistente en una selección de artículos suyos en diferentes medios organizados por tema, que van desde críticas al DRAE hasta criterios de edición.
En definitiva, José Martínez de Sousa (cuya entrada en Wikipedia, por cierto, es bastante reveladora) es una fuente inagotable de referencias para la buena escritura, ya sea científica, académica o con tono periodístico. Ahora bien, hay que saber seleccionar sus obras y manejarlas con cautela. En cualquier caso, un buen traductor, corrector o editor debe tener en su bagaje el 95% de lo que cuenta Martínez de Sousa ya bien afianzado en sus ideas.
Si queréis ampliar información o tener otros puntos de vista, un buen comienzo es la entrevista que hizo para la Linterna del traductor y la opinión de algunos traductores profesionales de prestigio.
Estos días estoy algo liado con el trabajo y la facultad, pero intentaré escribir lo que pueda sobre algunos temas que tengo en mente para el blog (aparte de terminar el de trabajos en grupo, claro). Ya de paso saludo a todos los traductores y blogueros que están también de exámenes, como los chicos de traduBlog
Por cierto, gracias a Carlos Ferreiro por anunciarme en su blog ![]()
Releyendo algunos posts de traduBlog como el del Síndrome del Bosnio (que es corto pero hilarante a la vez que muy cierto) me he topado con algunos posts sobre el acto de graduación. Yo mismo me gradué no hace ni dos semanas, y la verdad es que fue muy emotivo.
Hubo muchos discursos por parte de los padrinos de cada lengua de especialidad y alumnos, aunque, personalmente, el que me más me gustó fue el discurso del profesor de inglés, porque hizo un repaso de todas las virtudes de un buen traductor con una buena mezcla de verdades como un puño y con un lenguaje muy cuidado.
Pero no es esto de lo que os quería hablar, porque seguro que la graduación de cada uno es única. Con las recientes críticas hacia Apple, he recordado que su presidente, Steve Jobs, hizo hace algunos años un discurso de graduación en la Universidad de Stanford que en su momento me pareció muy, muy alentador.
Al verlo de nuevo, me siento identificado con muchas cosas que dice. Por ejemplo, que algo que haces en un momento determinado puede que cobre su verdadero sentido mucho tiempo después. Por ejemplo, gracias a un trabajo de investigación que tuve que hacer en Dublín cuando estuve de Erasmus pude conocer tiempo adelante los artículos de Jorge Díaz Cintas, y como había trabajado previamente en un fansub, me puse en contacto con él para realizar mi primer artículo académico sobre traducción. Ahora incluso es posible que me publiquen algo sobre romhacking, algo en lo que me inicié con apenas 14 años…
Os dejo con el vídeo en cuestión, que si no habéis visto recomiendo que lo veáis. Así, al menos, espero que tengáis más ánimos para afrontar los exámenes o cualquier obstáculo que se os presente, pues siempre hay una recompensa merecida.
[googlevideo=http://video.google.com/videoplay?docid=3014637678488153340]
No puedo concebir la idea de traducir sin usar ordenador y, más concretamente, Internet. En la carrera de Traducción e Interpretación siempre se nos habla de documentarnos y buscar textos paralelos. Salvo algunos casos concretos como documentos jurídicos o legales, ¿hay quien no use Google para comprobar si la traducción literal de un término técnico es apropiada o bien para buscar información de lo que tenemos que traducir en la lengua hacia la que se traduce?
Por supuesto, hay que realizar búsquedas eficaces para hallar lo que buscamos. Hay múltiples recursos web que nos describen las funciones de búsqueda de Google aparte de la propia explicación de la página de Google, y merece la pena dedicar un tiempo a leer los resumidos consejos de TuFunción o la exhaustiva Google Guide. Para los más curiosos, el libro 55 Ways to Have Fun With Google (disponible en PDF) presenta una serie de divertidas propuestas para practicar con Google.
Cuando creo que el texto que tengo que traducir tiene bastantes dificultades o es muy largo, suelo documentarme un poco antes de concentrarme en la traducción. Normalmente suelo recurrir a la Wikipedia, pero está claro que muchas veces es insuficiente para nuestros propósitos. De hecho, una estrategia que utilizo muchas veces es buscar un término especializado en la Wikipedia y ver si tiene página en el idioma hacia el que traduzco para ver qué solución se propone.
Como traductor, el mayor uso que le doy a Google es como vía de resolución de problemas terminológicos y para encontrar colocaciones adecuadas. Así, una de las búsquedas que suelo hacer es, por ejemplo, “término English”, “término glossary English Spanish” o “término wordreference”, todas ellas sin el uso de las comillas. Evidentemente, no es un sistema infalible, pero muchas veces da resultado. Por supuesto, hay que tener criterio para saber si lo que se ha encontrado es pertinente o no. Cuando no encuentro nada, al menos intento saber qué significa el término en la lengua origen mediante la instrucción “define: término” (sin comillas).
Pero no siempre hay que recurrir a estas búsquedas. En el caso de la traducción científica y técnica, muchas veces basta con traducir literalmente el término en cuestión y comprobar si aparece en Google con un número de resultados aceptable. Como puede haber varias alternativas, una forma de comprobar cuál es la más apropiada es hacer varias búsquedas o usar Google Fight para contrastar búsquedas. Como opinión personal, prefiero buscar varias veces en Google, ya que permite ver el contexto.
En el caso de la traducción inversa (cuando se traduce de la lengua materna hacia una extranjera), recurro mucho a Google cuando no estoy seguro de algunas colocaciones. Es cierto que para eso están las gramáticas y que en principio deberíamos dominar la lengua extranjera tanto que ni dudásemos sobre gramática, pero… ¿acaso es siempre así?
En cuanto a la traducción de términos muy técnicos con origen latino o griego, lo normal es seguir las reglas del idioma hacia el que se traduce y buscar en Google. Por ejemplo, si en francés tenemos anticholinestérasiques, probaremos a buscar anticolinesterásicos (ojo a las tildes). Una gran ventaja que nos ofrece este buscador es que si nos equivocamos en alguna letra se nos proponen otras sugerencias, que normalmente son la solución que buscábamos.
En definitiva, que aunque en la facultad nos muestren la existencia de importantes bases de datos o enciclopedias especializadas (como Medline o Aranzadi en las que buscar textos paralelos o nos enseñen el uso de tesauros, Google y unas cuantas estrategias de búsqueda nos bastan a menos que tratemos con textos muy concretos. Por supuesto, hay que conocer otros recursos como Acronym Finder, que al fin y al cabo encontré mediante Google.
Herramientas colaborativas
En el anterior post hablaba sobre la importancia de Internet y las nuevas tecnologías en los trabajos (y traducciones) en grupo. Espero que el siguiente enfoque os sirva de reflexión y aportéis otras alternativas.
Correo electrónico
Evidentemente, la mejor forma de comunicarse es mediante correo electrónico. A diferencia de la mensajería instantánea (Messenger), podemos leer las discusiones de los miembros de nuestro grupo desde cualquier ordenador con Internet. Además, se puede hacer una reflexión más elaborada sobre lo que se desea transmitir al no tener al otro esperando a que le respondas.
No soy muy partidario de trabajar con el Messenger en marcha, porque te distrae bastante. Pero bueno, también es verdad que no suelo escuchar música mientras traduzco y otras personas creen que es algo fundamental para trabajar mejor.
El problema del correo electrónico radica en que probablemente se enviarán muchos correos si el grupo es numeroso, y por tanto se corre el riesgo de no saber muy bien si algo que había que hacer está ya hecho o no. Por otro lado, puedes sentirte un poco perdido si pasas dos días sin leer el correo.
Gmail permite seguir la conversación de un mismo tema de una manera más o menos cómoda, pero sigue estando el problema de no saber qué versión del archivo que debes modificar es realmente la correcta. Además, si mientras haces cambios otro miembro del grupo ha hecho lo propio, habrá que fusionarlos. ¡Hasta puede que hayan hecho las mismas modificaciones!
Google Docs & Spreadsheets
Google Docs & Spreadsheets elimina el problema de las versiones de los archivos y que haya una persona que unifique todo al finalizar el trabajo o traducción. Lo único que hay que hacer es crear o subir un documento en formato Word, ODF o RTF y compartirlo con los integrantes del grupo en un par de clics.
La principal ventaja de Google Docs & Spreadsheets es que un mismo archivo puede ser modificado por hasta 50 personas a la vez desde cualquier ordenador con acceso a Internet. Por supuesto, los cambios de otras personas se pueden ver en el historial y en todo momento se puede volver a versiones anteriores del documento.
Evidentemente, esta aplicación no es una maravilla como Word u OpenOffice como procesador de textos, y tengo que reconocer que es más profesional trabajar con el control de cambios de Word. Además, hay que tener cuidado si se trabaja con documentos complejos con muchas tablas, pues se puede perder el formato. Ahora bien, si uno se acostumbra a trabajar con Google Docs & Spreadsheets desde un principio, se pueden obtener muy buenos resultados con un par de cambios al final en Word u OpenOffice.
Un ejemplo en el que Google Docs y Spreadsheets ahorra mucho tiempo es realizando informes de traducción. Con frecuencia, en clase se nos pide que analicemos una traducción de otro grupo según la terminología, estilo, estrategias de traducción, etc. Así pues, suponiendo que contemos ya con una plantilla, cada integrante del equipo puede dedicarse a un campo concreto y escribir su análisis donde corresponda en un único archivo sin tener que enviar tantos correos y que alguien tenga unificar todo.
Google Calendar
Con tantas cosas en la cabeza, es normal que tengamos una agenda en la que apuntemos nuestras cosas. Pero claro, hay gente que no apunta nada —como yo
— y luego pasa lo que pasa. Por tanto, ¿por qué no usar un calendario online al que pueda acceder cualquier miembro del grupo?
Google Calendar nos permite tener un calendario personal (y profesional) en el que especificar tantos avisos como nos haga falta. Al igual que Google Docs y Spreadsheets, es posible acceder desde cualquier ordenador con acceso a Internet y compartirlo con otras personas.
Por si fuera poco, este calendario nos da la opción de enviar recordatorios vía correo electrónico o SMS a quien corresponda horas o días antes de un determinado evento. Así pues, ya no hay excusa para decir “anda, si yo pensaba que no había que hacer nada…”. Eso sí, lo malo de esto es que tendremos el trabajo hasta en la sopa.
¿Y cómo me entero yo de todo?
Es razonable pensar que hay que estar pendiente de todo para trabajar así. Para facilitar las cosas, existen aplicaciones que sirven de página de inicio personalizables donde poner prácticamente (casi) todo lo que necesites.
Tal es el ejemplo de Netvibes, que nos permite configurar a nuestro antojo todo lo que queramos que aparezca en nuestra página de inicio con un par de clics. Por ejemplo, podemos poner que se nos muestren los últimos mensajes de nuestras cuentas de correo, el calendario de Google Calendar, el diccionario de WordReference, una lista de tareas pendientes e incluso notas a modo de post-its. O, por qué no, el tiempo que hace en tu ciudad. Trastear es el secreto.
Bien, pues ésta es una manera de trabajar en equipo de forma un poco más óptima. Por supuesto, el correo electrónico y la mensajería instantánea sirven igualmente si uno está acostumbrado a trabajar así. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de trabajar de la forma más cómoda posible y productiva. Pero en fin, nunca está de más probar nuevas cosas…

Todos los que hemos estudiado Traducción e Interpretación conocemos la importancia de trabajar en grupo. De hecho, creo que la mayor parte de traducciones y trabajos que he hecho han sido con el apoyo de otros compañeros.
Trabajar codo con codo con otras personas tiene sus ventajas e inconvenientes. Idealmente, se debería tardar mucho menos tiempo trabajando cinco personas en un mismo proyecto que una sola. Además, seguramente cada miembro del grupo aportaría cosas que de otro modo pasarían inadvertidas para el resto de componentes. ¿Dónde están, pues, los inconvenientes? Probablemente en un mal enfoque del plan de trabajo.
He vivido en mis propias carnes tener que hacer una traducción en grupo y estar cinco personas delante de la pantalla. Y también ver que ha pasado una hora y que sólo hemos escrito dos párrafos y encima con distintas opciones de traducción que tienen que decidirse aún. En efecto, algo falla según las ventajas que hemos visto antes.
El trabajo ha de planificarse concienzudamente antes de ponerse con él. Por supuesto, puede que la actividad que tengamos que realizar esté también mal planteada y condicione la forma de trabajar. Por ejemplo, aún no concibo cómo se pueden plantear ejercicios de traducción de 500 palabras entre cinco personas en el último curso de la carrera (pues no dudo del valor pedagógico que tiene trabajar así en primero o segundo), aunque por suerte este caso no se da muy frecuentemente, al menos, en la Universidad de Granada.
Puedo comprender que antes sólo unos pocos tenían ordenador o acceso a Internet, pero hoy día, por suerte, son sólo unos pocos los que no disponen de estos medios. Al fin y al cabo, el ordenador para un traductor de nuestros días es como el taxi para un taxista. Así las cosas, no hay excusa para no beneficiarnos de Internet para trabajar en grupo en pleno 2007.
Así pues, una de las cosas que se debe enseñar en una facultad de Traducción e Interpretación es, por tanto, aprender a trabajar en equipo por Internet independientemente de la tarea que se tenga que realizar. Pero más importante que esto es aprender a trabajar en equipo tanto con gente conocida como desconocida, al menos profesionalmente.
Trabajar con gente conocida normalmente no supone grandes problemas, ya que ya sabes cómo trabaja cierta persona y tienes confianza para decirle lo que piensas si no estás de acuerdo, si bien no siempre es así por miedo a una mala.
Esto parece indicar que trabajar con gente desconocida sólo acarreará problemas, y la verdad es que en ocasiones hay muchas diferencias entre ciertos componentes de un grupo. Sin embargo, también puedes aprender muchas cosas que no aprenderías con tu grupo común de trabajo, de forma que también es posible enriquecerse de esta manera.
Otra cosa que me gustaría señalar es que, inevitablemente, se cometerán errores. Y el primer error es pensar que nosotros no cometemos errores. Hay que ser humildes y reconocer que nos podemos equivocar, pues dicha metedura de pata nos hará aprender de nuestro fallo para que no se vuelva a repetir. Por ejemplo, hace poco mi grupo suspendió una traducción simplemente por habérsela enviado al profesor sin haber aceptado todos los cambios del control de cambios de Word, y desde entonces tenemos mucho más cuidado al enviar archivos al profesor (o cliente según se mire).
En las próximas entradas veremos cómo sacar beneficio a las nuevas tecnologías en el ejercicio de nuestra profesión, así como una propuesta de trabajo para un encargo de unas 2.000 palabras.




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