Aunque la edición de libros no está estrechamente relacionada con la traducción, mi reciente experiencia con el servicio de publicación Lulu.com me ha llevado a escribir un poco acerca de las posibilidades que ofrece.
Uno de los dichos que se oyen a menudo es que una persona, en su vida, tiene que tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Lo primero es relativamente fácil si se aspira a crear una familia, lo segundo será más o menos difícil según nos impliquemos con la naturaleza, y lo tercero es algo para lo que tenemos que tener mucha voluntad y medios económicos para que una editorial acceda a publicar nuestro libro.
Yo, por ejemplo, soy un grano de arena de la blogosfera que escribe por pura afición sobre un tema concreto: la traducción. Al igual que yo, otros escriben sobre informática, derecho, física, naturaleza, viajes, etc. Incluso hay gente que escribe simplemente sus experiencias en la vida. En cualquier caso, pocos nos ganamos la vida escribiendo en un blog.
Sin embargo, a muchos blogueros nos gustaría ver impreso un libro que hayamos escrito nosotros (digo blogueros porque somos gente que escriben con cierta frecuencia). No tiene por qué ser necesariamente un libro con el contenido de nuestro blog, pero puede serlo perfectamente. Si la cosa sigue bien, no descarto la posibilidad en un futuro.
El caso es que escribí ya hace tiempo un manual sobre traducción de videojuegos clásicos que revisé y maqueté adecuadamente para una asignatura de la facultad sobre maquetación. Hice una impresión digital de cinco ejemplares y la verdad es que quedé muy satisfecho con el resultado. Asignatura aprobada, yo contento al hojear mi libro y fin del asunto.
No obstante, dado que es posible que me publiquen unos artículos sobre localización de videojuegos clásicos en unas revistas de traducción, pensé que sería buena idea editar el libro a pesar de lo especializado que es el tema y la audiencia a la que va dirigida. Me puse a investigar y di con Lulu.com, así que me puse a leer críticas en Internet y todas eran muy positivas. De hecho, hasta di con una noticia en El País que habla sobre este servicio de publicación.
Una cosa que me dio muy buena impresión era el número de obras que se han publicado en Lulu.com. Me puse manos a las obras y tras unos pequeños contratiempos debidos al tamaño del libro, logré publicarlo y hacerlo disponible en Internet. Pero no sólo eso, sino que encima pagando un módico precio (ejem, 90 €) he adquirido un ISBN para poder publicarlo en otras tiendas, y Lulu.com se encarga de indizar tu obra en muchas bases de datos y tiendas online como Amazon.
El precio de los libros para el autor es muy barato, ya que por ejemplo el mío, que tiene 160 página con portada y contraportada a color, me ha costado 9 € y pico con los gastos de envío incluidos. Al ser una empresa de Estados Unidos tarda unos 15 días en llegar, pero llega.
De hecho, ayer tuve oportunidad de echarle un vistazo a la copia digital que me llegó y la verdad es que la calidad es totalmente profesional. A pesar de que en la copistería donde saqué los ejemplares para la asignatura de mi facultad hicieron muy bien su trabajo, la calidad de Lulu.com es aún mayor. Se nota especialmente en las imágenes (aunque son en blanco y negro) y en que la portada no se queda doblada tan fácilmente. Y, encima, más barato todavía.
Otra ventaja con la que cuenta este sistema de edición es que dispone de muchas plantillas para portadas y contraportadas y que se calcula el grosor del lomo conforme al número de páginas. Además, es posible ofrecer el libro tanto en versión impresa como en versión digital, en cuyo caso puedes ofrecer gratuitamente si así lo deseas.
En definitiva, Lulu.com es una opción que se debe tener en cuenta para publicar un libro sin estar interesado en lucrarte ni en ser un autor reconocido. Lo único malo es que, al menos para mí, el nombre de la editorial me suena un poco a burdel francés.
Una cosa para lo cual no se nos suele preparar en la facultad es traducir sin un contexto claro. Por otro lado, estamos acostumbrados a que nos digan que el encargo de traducción es lo más importante, aunque en el mundo real no siempre es muy exhaustivo en cuanto a las instrucciones necesarias para el traductor. La solución a este problema es relativamente sencilla: se pregunta al cliente y listo, lo cual no implica que se obtenga una respuesta inmediata ni que sea la que esperábamos. En cuanto a lo primero, la cosa no es tan sencilla.
El ejemplo más claro de traducir sin contexto se encuentra en la localización de productos informáticos. Es posible que nos proporcionen imágenes de la interfaz en el idioma de origen (normalmente inglés), pero esto no siempre ayuda, ni mucho menos, a conocer la verdadera función de un botón. Por suerte, si nos encargan la traducción de la ayuda del mismo software tendremos más posibilidades de saber qué es lo que hace el programa realmente.
Afortunadamente, los gestores de proyectos, al ser los máximos responsables de la calidad de una traducción, se preocupan de facilitar al traductor toda la información de referencia posible y analizan antes las posibles dificultades que plantea la traducción. Así, optarán por una solución global que será la que tendrá que seguir el traductor; sin embargo, ello no significa que el traductor se tenga que buscar la vida él solo en determinadas ocasiones.
Por ello mismo, lo recomendable es que si se localiza un producto informático se suministre una versión de prueba, cuando menos, para que el traductor conozca el funcionamiento básico de la aplicación. De hecho, lo ideal es que el traductor utilice una herramienta de localización como Alchemy Catalyst o PASSOLO para traducir la propia interfaz directamente y comprobar cómo queda todo. El control de calidad, por supuesto, deberá probar el programa para que funcione correctamente y no haya teclas de acceso directo repetidas o que no funcionen.
Otro problema que acarrea la localización es que a veces tenemos impuesto un número máximo de caracteres para traducir un mensaje o lista de elementos. Esto es muy habitual en la localización de videojuegos, donde los nombres de objetos o hechizos no pueden sobrepasar cierto número de caracteres simplemente porque no caben en el menú. De este modo, si no se quiere abusar de las abreviaturas, hay que tener creatividad (sin excederse demasiado) para que los hechizos suenen bien y se reconozca fácilmente su cometido.
Algo que siempre debemos tener en cuenta para localizar un software o manual de ayuda de un programa es que todos los elementos de la interfaz siempre deben llamarse igual. Lógicamente, no tendría mucho sentido traducir en la ayuda de un programa «Admin Settings» por «Ajustes de administración» cuando en la aplicación aparece «Configuración del administrador». Si no poseemos la aplicación o un glosario y sabemos que la interfaz está ya traducida o viceversa, deberemos comunicárselo al cliente o al gestor de proyectos, aunque también es posible que la interfaz no esté traducida y nos pidan hacer un glosario de las opciones de software para que luego sigan nuestra traducción.
Por supuesto, es probable que encontremos otros problemas durante la localización de un producto, pero éstas son las principales trabas que se nos presentarán. Si queréis leer más información al respecto, recomiendo consultar los artículos escritos por Juanjo Arevalillo en un número especial de La linterna del traductor.
Así se titula un artículo más que interesante de Andrés López Ciruelos publicado hace ya algunos años en la revista de traducción médica Panace@. Cual ha sido mi sorpresa que, tras su lectura, me haya cuestionado la manera de traducir de los traductores profesionales y de mi propio proceso traductor.
López Ciruelos defiende que los textos traducidos son más extensos que el original no porque el español necesite de más caracteres para expresar lo mismo como se suele decir (especialmente en el caso de la localización), sino porque muchas veces lo que hacemos al traducir es explicar la información del original al lector imitando, en muchos casos, la estructura del original. De especial interés es el caso de las patentes, en las que el desconocimiento de la materia obliga al traductor a realizar paráfrasis en lugar de utilizar un único término como en el original.
Así, las causas posibles que motivan las traducciones largas según López Ciruelos son las siguientes:
- Porque confundimos traducción con explicación;
- Porque desconocemos el tema;
- Porque utilizamos sustantivos para expresar acciones;
- Porque repetimos lo que ya se ha dicho; y
- Porque traducimos lo innecesario.
El autor sostiene que lo mejor es leer el original y preguntarse realmente lo que se quiere decir para contarlo en español evitando el uso de, por ejemplo, sustantivos en vez de verbos concisos, es decir, de una forma más natural en español. Además, resulta muy esclarecedora la comparación que el autor hace entre un original y su traducción y la traducción inversa de la traducción producida hacia la misma lengua que el original.
Tengo que reconocer que muchas veces imito la estructura del original porque voy tecleando la traducción conforme voy leyendo la oración original y que normalmente no hay problema. Ahora bien, este método de actuación no siempre funciona y en ocasiones tengo que reestructurar la información del original.
No obstante, sí hay veces que sé que podría expresar mejor la información pero no hago una reestructuración por un sencillo motivo: tardo tiempo y el proyecto corre prisa. Esto se debe a que son oraciones que aparecen repetidas frecuentemente en el texto y, como uso herramientas de traducción asistida por ordenador (TAO), se tarda mucho en juntar segmentos y se pierde también la autopropagación de segmentos previamente traducidos. ¿Falta de profesionalidad? No; es la triste realidad profesional.
Esto me lleva a pensar a que las herramientas de TAO no son siempre una panacea y que algunas veces son enemigos de una traducción de calidad. Cuando he realizado traducciones de noticias de ciencia del español al inglés para el STU muchas veces he tenido que añadir o eliminar nuevos puntos de información en función del contenido y cambiar hasta párrafos de sitio. Si hubiese utilizado herramientas de TAO, habría encontrado dificultades para hacerlo con la misma libertad que con Word.
Reestructurar la información también conlleva otros riesgos, y es que podemos omitir algo si la oración es extensa y compleja. Por ello, siempre deberíamos cotejar el segmento original con el traducido para asegurarnos de que no hemos olvidado nada en el camino.
Otro punto interesante que me gustaría comentar es que, a menudo, nos suelen decir que las construcciones en inglés son mucho más breves que en español. Aunque es más o menos cierto, no significa siempre que tengamos que dividir oraciones sistemáticamente cuando son extensas en español si no queremos perder fluidez en la lectura. Mi consejo es dividir oraciones siendo siempre conscientes de por qué lo hacemos y no meramente porque los profesores nos digan que el inglés es más breve. Y, visto lo visto, tampoco conviene hacer siempre traducciones más extensas de lo necesario simplemente porque el español necesita de más espacio para expresar lo mismo que el inglés.
La mayoría de traductores traducen hacia su lengua materna, dado que, tal y como opinan muchos académicos, es la única manera de conseguir un texto realmente auténtico y con un sentido claro.
Sin embargo, en las facultades de Traducción e Interpretación de España prácticamente todas las asignaturas de traducción se imparten tanto de una lengua extranjera a la materna como viceversa, y ello da mucho que pensar. En AbroadLink traducimos siempre hacia nuestra lengua materna, y según tengo entendido ocurre lo mismo en SDL. Otras empresas, como Hermes Traducciones, y según comentó su gerente en una conferencia, realizan también traducciones inversas, es decir, realizan traducciones desde la lengua materna hacia una lengua extranjera.
Si lo pensamos bien, al encontrarnos en España lo lógico es que, a pesar de que no todo el mundo tiene conocimientos básicos de lenguas extranjeras, se quiera traducir desde el español hacia otra lengua para dar a conocer un producto fuera nuestras fronteras. Por ello mismo, resulta extraño que muchos traductores traduzcan siempre hacia su lengua materna.
La razón es sencilla: casi el 80% de las empresas con las que trabajan los traductores profesionales son extranjeras, y cuando solicitan servicios de traducción se debe a que desean exportar sus productos a otros países. Así pues, lo normal es que los manuales que solemos traducir al español también se traduzcan al francés, alemán, italiano, portugués, etc.
Pero también hay sitio para la traducción inversa en el mercado. Yo mismo he vivido en mis carnes el tener que traducir prácticamente siempre del español al inglés artículos de investigación de profesores universitarios. Al fin y al cabo, poder leer en inglés sin muchas dificultades no implica, para nada, tener destrezas para redactar bien en inglés.
Quizás esto pueda sorprender a todos aquellos que no conocen muy bien la actividad del traductor. ¿Quién no ha vivido la típica situación en la que nos dicen «Ah, si estudias traducción tienes que hablar como un inglés o mejor, ¿verdad?»? Pues, aunque cueste creelo, no siempre es así.
Yo, por ejemplo, aunque tengo facilidad para comprender el inglés y pienso en inglés cuando leo, tengo algunas dificultades para hablarlo. La razón es sencilla: apenas practico el inglés hablado. Aunque escribo aceptablemente en inglés, nunca estoy seguro del todo de si lo que escribo lo escribiría un nativo de la misma manera. Por ello, y dado que cuando he tenido que traducir hacia el inglés ha sido siempre un volumen de palabras muy asequible con respecto a la fecha de entrega, he podido documentarme adecuadamente. Pero, por supuesto, siempre contaba con un revisor profesional nativo que corregía el texto.
De este modo, poniéndome en el papel de los docentes universitarios que quieren publicar sus hallazgos en revistas internacionales, comprendo que recurran a traductores profesionales y decidan destinar dinero de sus subvenciones a la traducción (si bien muchos se sorprenden del elevado coste).
Por supuesto, traducir desde la lengua materna también tiene sus ventajas y por ello compensa tener que contratar a un revisor para que nos corrija nuestra traducción. En principio, no se plantea la posibilidad de que el traductor cometa falsos sentidos dado que no tiene —idealmente— problemas de comprensión del texto. En la traducción de textos científicos y académicos esto es de vital importancia para ofrecer tesis que reflejen lo que el autor quería transmitir en su lengua.
No obstante, a veces el autor se pone en evidencia ante el traductor al ser oscuro en la exposición del mensaje, lo que lleva al traductor a estrujarse el cerebro para descifrar el significado de una oración. Por suerte, lo que suele ocurrir en estos casos es que alguna idea no está expresada demasiado bien y, dado que el autor del artículo es el cliente en la mayoría de los casos, conviene hacerle todas las preguntas (con formalidad) que se estimen oportunas para divulgar mejor la ciencia.
Como se puede concluir, la traducción inversa tiene sus pros y contras, pero el caso es que se realiza profesionalmente. Por ello, conviene tomarse en serio las asignaturas de traducción inversa impartidas en la facultad, pues nunca sabremos si algún encargo —incluso el primero— se realizará a una lengua diferente a la nuestra.
Para más información, recomiendo leer el artículo de Dominic Stewart titulado Poor relations and Black Sheep in Translation Studies en el número 2 del volumen 12 de la revista de traducción Target, así como algunos capítulos del libro La direccionalidad en traducción e interpretación: perspectivas teóricas, profesionales y didácticas editado por Dorothy Kelly et al.
Los traductores intentamos ser lo más perfeccionistas que podemos. Esto se puede observar claramente en la facultad, donde muchas veces se favorece la competencia e incluso se ven casos en los que se llega a solicitar ayuda de expertos para traducciones de clase. En efecto, hacer algo así es realmente loable, pero desgraciadamente en el mundo profesional hay poco tiempo para hacer consultas externas y prima que sea el traductor el que encuentre recursos fiables de primera mano en el menor tiempo posible.
Por la misma razón, la formación del traductor suele incluir la defensa de sus traducciones ante un público experto en su medida (alumnos de igual nivel y el profesor), lo que conlleva una reflexión del proceso traductor y determina el motivo por el que se ha escogido una solución y no otra. Pocos son los aprendices de traducción que no sufren las críticas (normalmente constructivas) de sus compañeros.
Sin embargo, no todo el mundo tiene la formación de traductor y ni mucho menos es perfeccionista. Podemos discutir si es preferible escribir ‘solo’ con o sin tilde (tal y como sugiere ahora la Academia) y que la guía de estilo que nos proporciona el cliente diga claramente que hay que utilizar ‘sólo’ cuando equivalga a ‘solamente’ y aceptarlo sin rechistar. Al fin y al cabo, no parece haber consenso del todo y es sólo una opción más aunque tengamos otra preferencia.
Otra cosa muy diferente es que el cliente nos facilite un glosario en el que, por ejemplo, haya que traducir ‘bottle’ por ‘botella’ cuando se está hablando de un depósito de un cartucho de impresión, o ‘section’ por ‘sección’ cuando en realidad se refiere a un apartado de un manual (aunque es comprensible que, aunque uno se haya dado cuenta del error, se utilice el término erróneo por motivos de coherencia con otros manuales publicados por la misma empresa).
Por supuesto, es factible hablar con el cliente y exponer los motivos por los que pensamos que se debe utilizar una cosa y no otra (aunque es frustrante traducir y escribir algo que sabes que no es correcto), y aunque aceptan las propuestas, otras veces no dan su brazo a torcer y nos tenemos que aguantar. En este caso, no queda más remedio que resignarnos y que un colega traductor con experiencia nos diga «bienvenido a la traducción profesional».
Peor aún es que nos digan que nos van a enviar un glosario con términos que deben estar en nuestra traducción y que mientras tanto comencemos la traducción para que, finalmente, nos den el glosario poco antes de terminar. Por fin, ansiosos, abrimos el glosario y… ¡zas!, descubrimos que hay que poner «equipo multifunción» en vez de «impresora multifunción». Cualquiera de las dos opciones es válida a mi juicio para la escueta ‘machine’, aunque reemplazar un término conlleva muchos quebraderos de cabeza, pues ‘equipo’ e ‘impresora’ son de género diferente.
Una solución que da buenos resultados es reemplazar un término por otro en todos los documentos traducidos y luego ir al texto y, conforme vemos incoherencias (“el impresora”, “del impresora, etc.), hacer un nuevo buscar y reemplazar. Eso sí, no hay una forma sencilla de cambiar la concordancia de los sustantivos con los adjetivos, así que habrá que leer todos los segmentos en que aparezcan términos nuevos que tengan un género diferente del término descartado, aunque siempre podemos pasar el texto a Word y pasar el corrector para hallar rápidamente los fallos de concordancia.
Supongo que hay que pensar que el cliente tiene motivos suficientes para decantarse por una solución en vez de otra y que, al fin y al cabo, es él quien que paga y quiere ver un producto como él quiere. Del mismo modo, cuando nosotros pagamos por algo queremos algo como a nosotros nos gusta. Seguramente todos hemos sufrido una cosa parecida en otra situación (por ejemplo, en un restaurante), y para reclamar siempre nos hemos acordado del dicho: el cliente siempre tiene la razón.
Aprovechando que tengo que terminar de revisar un artículo antes de fin de mes (que espero que me publiquen) sobre localización de videojuegos clásicos mediante técnicas de romhacking, he aquí un poco de bibliografía para los interesados. Como veréis, muchos de los recursos que expongo están disponibles en línea:
- Barreras, P. 2003. “Localización de videojuegos”. Meristation. http://www.meristation.com/v3/des_articulo.php?id=4425&pic=GEN
- BBC News. 2001. Your Say on Classic Videogames. http://news.bbc.co.uk/1/hi/sci/tech/1562572.stm
- Bernal Merino, M. 2006. “On the Translation of Video Games”. The Journal of Specialised Translation 6: 22-36. http://www.jostrans.org/issue06/art_bernal.pdf
- Burnham, V. 2001. Supercade: A Visual History of the Videogame Age. Cambridge, MA: The MIT Press.
- Chandler, H. M. 2005. The Game Localization Handbook. Massachusetts: Charles River Media.
- Díaz Montón, D. 2006. “Entresijos de la localización”. Meristation. http://www.meristation.com/v3/des_articulo.php?id=cw443a3eb5db755&idp=&pic=HRD
- Dietz, F. 2006. “Issues in localizing computer games”, en Dunne, K. J. (ed.) Perspectives on Localization. Amsterdam y Filadelfia: John Benjamins, 121-134.
- Esposito, N. 2004. “Émulation et conservation du patrimoine culturel lié aux jeux video”. Proceedings of ICHIM 04 (Digital Culture and Heritage)http://www.utc.fr/~nesposit/publications/esposito2004emulation.pdf
- Esselink, B. 2002. “Localization Engineering: The Dream Job?”. Tradumàtica 1. http://www.fti.uab.es/tradumatica/revista/articles/besselink/besselink.PDF
- Game Over (2001). Entrevista a los charnegos. Entrevista radiofónica. http://charnego.frikipedia.es/downloads/mp3/entrevista1.mp3
- Gieske, J. 2002. Avoid Missing Ball for High Score. http://www.computerspielemuseum.de/_DOCS/jeremy_gieske.pdf
- Heimburg, E, 2006. “Localizing MMORPGs”, en Dunne, K. J. (ed.) Perspectives on Localization. Amsterdam y Filadelfia: John Benjamins, 135-154.
- Herz, J.C. 1997. Joystick Nation. Londres: Abacus.
- Mangiron, C. y O’Hagan, M. 2006. “Game Localisation: Unleashing Imagination with ‘Restricted’ Translation”. The Journal of Specialised Translation 6: 10-21. http://www.jostrans.org/issue06/art_ohagan.pdf
- Muñoz Sánchez, P. 2007. Manual de traducción de videojuegos: el fascinante mundo del ROM Hacking. http://sayans.romhackhispano.org/documentos/manual_de_traduccion_de_videojuegos.pdf
- Newman, J. 2004. Videogames. Nueva York y Londres: Routledge.
- Scholand, M. 2002. “Localización de videojuegos”. Tradumàtica 1. http://www.fti.uab.es/tradumatica/revista/articles/mscholand/mscholand.PDF
- Sellers, J. 2001. Arcade Fever: The Fans Guide to the Golden Age of Video Games. Philadelphia: Running Press.
- Vela Valido, J. 2005. “La localización de videojuegos”, en D. Reineke (dir.) Traducción y localización. Mercado, gestión y tecnologías. Las Palmas: Anroart. 253-284.
- Wikipedia. 2007. “Fan translation”. http://en.wikipedia.org/wiki/Fan_translation
- Wikipedia. 2007. “Game localisation”. http://en.wikipedia.org/wiki/Game_localization




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