Algo que me ha llamado la atención al hablar con otros profesionales de la traducción de videojuegos es el tratamiento que se le da a las etiquetas (en inglés tags o incluso placehoders) o, como yo siempre he dicho, “códigos”. Y si hablo de sorpresa, es porque parece que los autónomos no tienen que lidiar con esta adversidad más allá del uso de las variables.
Esto es algo que les sonará a los que se dediquen a la localización de software. Por ejemplo, en:
You have %d apple(s)
el código %d representa una variable numérica (la ‘d’ es de decimal; si encuentras %s, la ‘s’ viene de string, es decir, una cadena de texto). Como poner “manzana/s” es inaceptable, la estrategia que se suele seguir es utilizar el plural del nombre del objeto con el que va la variable y usar dos puntos, es decir:
Manzanas: %d
Por supuesto, todo depende del espacio disponible y del contexto en que se encuentre el mensaje. Por ejemplo, el mensaje anterior podría aparecer en un menú. Así pues, el típico mensaje de RPG:
You got %s!
Podría traducirse de la siguiente manera:
Objeto obtenido: %s
Sin embargo, es posible encontrarse con etiquetas mucho más dispares que estas variables, aunque eso ya depende del juego y de cómo estén diseñados los archivos. Por ejemplo, en un RPG, lo normal sería encontrar un mensaje como el siguiente:
<Marth><L>No temáis.<w4>
Mi ejército defenderá vuestro castillo.<w4>
¡Ahora descansad,<w2> princesa!<kp>
<Elice><R><Happy>Gracias por todo,<w2> Marth.<w4>
Sin duda,<w2> por tus venas corre la sangre
de un futuro héroe.<k>
Puede parecer un poco críptico, pero en realidad el significado de las etiquetas es muy sencillo:
-
<Marth>y<Elice>indican el retrato de cada uno de los personajes de la conversación; -
<L>y<R>indican qué personaje habla y, por tanto, debe mover los labios; -
<wX>detiene el texto según el número especificado para hacer una pausa (la ‘w’ viene de “wait”); -
<Happy>indica la expresión del rostro del personaje que habla; -
<kp>indica que se debe pulsar un botón para mostrar el siguiente texto en una nueva ventana; y -
<k>indica que la conversación termina después de pulsar un botón.
Menudo rollo, ¿no? Bueno, todo es cuestión de acostumbrarse. El uso de las etiquetas permite controlar mucho más el texto, ya que, por ejemplo, el código de cambio de ventana permite añadir más texto en caso de que sea necesario. Además, el uso de las etiquetas de espera permite adaptar la velocidad de los mensajes al público objetivo. De hecho, el ejemplo que os he puesto es un caso real, y no creáis que las etiquetas coinciden al 100% con el original, porque en inglés hacen más pausas y de distinta duración, cosa que me pareció necesario cambiar en español.
Comprendo que la gente se vuelva paranoica y le dé miedo cambiar las etiquetas por si se carga el juego, pero realmente merece la pena para mejorar la calidad. Ahora bien, es cierto que un traductor autónomo tiene que tener más cuidado, porque no podrá ver el resultado en pantalla y hacer cambios como sí lo hace un traductor en plantilla de una empresa de videojuegos, como es mi caso.
Así que ya sabéis: si queréis trabajar en plantilla, tendréis que ser conscientes de que tendréis que aprender a manejar etiquetas no solo para respetarlas, sino para añadir o eliminar según sea necesario. Y creedme: he visto proyectos en los que el uso de las etiquetas para los objetos y otras cosas es una parte vital del proceso de localización y y donde cada idioma hace un uso distinto de ellas.
Por último, tenéis más información sobre el tema en el artículo Entresijos de la localización de Diana Díaz Montón.
Este es el artículo número 100 de este blog. ¡Muchas gracias a todos por seguir leyéndome!
En los tiempos que corren, lo normal es acabar la carrera de Traducción e Interpretación y entrar en el mercado laboral como sea. Dado que nuestro trabajo tiene que ver con documentos en formato digital, tenemos la suerte de que podemos trabajar desde cualquier ordenador del mundo. De este modo, los traductores profesionales se pueden dividir en dos grupos: los que trabajan en plantilla y los que trabajan de autónomos.
¿Qué diferencias hay entre trabajar en plantilla y ser autónomo? Pues, aunque el trabajo de traductor sea más o menos lo mismo, hay muchas. Pasemos a hacer un breve esquema de los pros y contras de cada tipo desde el punto de vista de una profesión cualquiera:
Los traductores en plantilla, a grandes rasgos:
- tienen un horario fijo, así que lo normal es desconectar del trabajo una vez cumplen su jornada laboral;
- no tienen que pagar seguridad social, pues ya la paga la empresa;
- tienen derecho a vacaciones pagadas y a pagas extra según su contrato;
- si tienen contrato indefinido, tienen derecho a una importante indemnización en caso de despido; y
- tienen compañeros a los que preguntar dudas y con los que pueden establecer amistad.
Por su parte, los traductores autónomos:
- no tienen horarios fijos, ya que son sus propios jefes;
- si no trabajan, no cobran. Esto incluye ponerse enfermo o irse de vacaciones;
- tienen que pagarse la seguridad social. Dependiendo de lo que paguen tendrán más o menos prestaciones en caso de baja y cotizarán según su base;
- tienen que buscarse ellos mismos a sus clientes;
- pueden desgravar todos los gastos que tengan que ver con el ejercicio de su profesión;
- trabajan solos (normalmente desde casa); y
- pueden llegar a cobrar mucho más que alguien en plantilla.
Como veis, cada puesto tiene sus ventajas e inconvenientes. Sin embargo, no es este tema el que quiero discutir aquí, sino el siguiente: ¿qué es mejor después de salir de la facultad?
Yo mismo empecé de traductor en plantilla, y creo que es lo mejor que me pudo pasar. Personalmente, creo que un traductor que sale de la facultad tiene muchas ganas de trabajar y de comerse el mundo, pero aún necesita mucho que aprender. Y es aquí donde está la gran diferencia entre trabajar en plantilla o como autónomo: mientras que de autónomo es poco probable que alguien se haga cargo de tu trabajo para enseñarte a hacerlo mejor, en plantilla hay una persona que revisa todo tu trabajo y te ayuda a mejorar con cada traducción que hagas. Por supuesto, esto se aplica sobre todo a los primeros meses y especialmente si eres un recién licenciado.
Tengo muy claro que mi actitud y aptitud como traductor no estarían a la misma altura que ahora de no ser por el trabajo de Miriam Bernal Montoro, mi revisora en AbroadLink, y desde aquí quiero expresarle mi gratitud por su dedicación. Recuerdo cuando un profesor mío de facultad me decía que su revisor le entregaba un folio grande lleno de correcciones para que aprendiera de sus errores, y ahora puedo decir lo mismo de mi revisora. Y esa formación, como autónomo, no la hubiera tenido.
¿Quiero decir con esto que los traductores autónomos traducen peor? Claro que no, pero creo que se adquiere experiencia relevante de forma más lenta al no tener a nadie que supervise tu trabajo para que aprendas. Eso sí, un traductor autónomo aprende otras cosas que no tienen en cuenta los traductores en plantilla, como tener que buscar clientes, hacer facturas y llevar la contabilidad de gastos e ingresos, tratar con clientes, etc.
Así pues, si tuviera que describir la trayectoria ideal de un egresado, creo que sería empezar de traductor en plantilla para adquirir experiencia y luego establecerse de autónomo para ganar más dinero siempre que sepas montártelo bien. Y ya puestos, creo que el siguiente paso sería volver a trabajar en plantilla con menos sueldo pero mucha más estabilidad para preocuparte de los tuyos.
Por último, quizás os interese saber lo que opina el traductor Ricard Lozano del tema en su Vademécum del traductor.
Y vosotros, ¿qué opináis?
Etiquetas: traductor autónomo, traductor en plantilla
Esta entrada es obra de Elizabeth Sánchez León, traductora audiovisual inglés-español dedicada principalmente a la localización de videojuegos en la actualidad. A algunos ya os sonará, pues suele comentar bastantes artículos de este blog. Mi más sincera gratitud por su colaboración en un tema tan interesante como lo es el uso de diccionarios monolingües. Como comprobaréis, es una experta en el tema
En repetidas ocasiones, los traductores le dan demasiada importancia a los diccionarios y obras de consulta bilingües y olvidan que los diccionarios monolingües también son herramientas muy útiles a la hora de traducir y redactar en español.
En español, el diccionario monolingüe por excelencia es el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). Esta obra se editó por primera vez en 1780, y desde entonces ha venido recopilando todos los términos que, a juicio de los integrantes de la Real Academia Española (RAE), merecen ser incluídos en él. El principal criterio para incluir un término es su uso, si bien el diccionario también incluye numerosos arcaísmos y palabras caídas en desuso. También recopila las acepciones utilizadas en los países cuyas Academias de la Lengua pertenecen a la Asociación de Academias de la Lengua Española.
La misma RAE edita otra obra de referencia conocida como el Diccionario panhispánico de dudas (DPD). Al igual que la anterior, también puede consultarse en línea y es una obra en la que «se da respuesta, desde el punto de vista de la norma culta actual, a las dudas lingüísticas más habituales (ortográficas, léxicas y gramaticales) que plantea el uso del español». Son muy recomendables los artículos sobre el uso de las mayúsculas, las comas y las comillas.
De la mano de Ignacio Bosque, miembro también de la RAE, el diccionario combinatorio REDES nos permite saber cómo se combinan las palabras entre sí. Es un pequeño tesoro desconocido por muchos. En muchas ocasiones, los traductores dudamos sobre si un término es más preciso que otro en un determinado texto o bien no conocemos qué término es el más preciso y recurrimos a hiperónimos, lo que hace que la redacción sea más pobre léxicamente hablando. Esta obra nos permite solucionar estos problemas en gran medida, ya que en cada entrada aparecen esos términos con los que se combinan las palabras con mayor frecuencia.
Veámoslo con un ejemplo. Supongamos que debemos traducir la frase The speaker gave us his opinion about the matter. Se trata de una frase bastante sencilla que no tiene ninguna dificultad aparentemente. Una primera traducción a la vista ofrecería, quizá, la siguiente versión en español: «El ponente nos dio su opinión acerca del asunto». Si consultamos la palabra «opinión» en el REDES, podemos averiguar que las opiniones pueden «comentarse», «compartirse», «dejarse caer», «emitirse», «esgrimirse», «explicarse», «manifestarse», «transmitirse», entre otras posibilidades. Por lo tanto, podemos mejorar nuestra primera traducción a la vista y añadirle otros matices según el contexto.
Otro de los momentos en los que un traductor puede tener dudas al redactar un texto se produce cuando no sabe la preposición que rige un determinado verbo. El DRAE incluye algunas construcciones, pero no siempre nos saca del apuro. Para ello, además de consultar corpus, existe el Diccionario de uso de las preposiciones españolas, editado por Espasa, que recopila en gran medida todas las preposiciones con las que se construyen más de 4.500 voces y ejemplos de uso. Para los que traducimos del inglés, esta obra es muy útil para evitar transferir literalmente las preposiciones del inglés al español.
Por otro lado, ¿quién no ha tardado más de la cuenta en traducir una frase porque la traducción de alguno de los términos la tenía «en la punta de la lengua»? Aunque no lo parezca, hay diccionarios que nos ayudan a encontrar el significante a partir del significado: son los llamados diccionarios onomasiológicos. Solo conozco dos en español: el Diccionario ideológico de Julio Casares y el Diccionario ideológico de la lengua española de la editorial Vox. De momento solo dispongo del de Casares, así que comentaré brevemente cómo se utiliza.
El diccionario está dividido en tres partes: en la primera se expone el plan de la obra en forma de esquema; en la segunda se clasifican las palabras siguiendo determinados criterios y dentro de cada palabra se incluyen otras que están relacionadas con ella; y en la tercera se incluyen los significados de todas las palabras incluidas en la segunda parte.
Sigamos con un ejemplo real. Hace poco, tuve que traducir una lista de ataques para un videojuego, y entre ellos había uno llamado fire attack. «Ataque de fuego» no es una mala traducción, pero me entró la curiosidad y quise saber si en español existe algún adjetivo que se refiera a «fuego» y que pudiese aplicarse a este contexto. Así pues, busqué «fuego» en la segunda parte del Casares y me remitió a «combustión». En uno de los grupos de palabras relacionados con esta entrada aparecen los términos «ígneo», «pírico», «ignito» y «vulcanio». Al buscar en la tercera parte el significado de estos términos, aparece lo siguiente:
ígeno, a. adj. De fuego o que contiene alguna de sus cualidades.[...];
pírico, ca. adj. Perteneciente o relativo al fuego, y especialmente a los fuegos artificiales;
ignito, a. adj. Que tiene fuego o está encendido;
vulcanio, a. adj. Perteneciente a Vulcano, o al fuego.
Con lo que mi duda quedó resuelta.
Personalmente, una de las principales dificultades con las que me he topado a lo largo de mi carrera es la cuestión de las frases hechas y las locuciones. Como traductora audiovisual, muchas veces debo redactar textos que expresen emociones o transmitan sentimientos. Otras veces es necesario añadir expresiones idiomáticas para provocar distintos efectos en el lector. Así, una frase como we should go back to the nest, que se puede traducir sin problemas literalmente como «deberíamos regresar al nido», puede convertirse en «cada mochuelo a su olivo» si alguien no padece del síndrome de «en la punta de la lengua» o si cuenta con el Diccionario temático de frases hechas de Susana Rodríguez Vida o con el Diccionario fraseológico documentado del español actual de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos. La principal ventaja del primero sobre el segundo es la posibilidad de contar con una versión electrónica del diccionario, además de estar ordenado por temas, algo muy útil para cuando tenemos la locución «en la punta de la lengua».
Etiquetas: diccionarios
Todos sabemos la gran utilidad de Google para realizar búsquedas y confirmar si una expresión existe o decantarnos entre dos alternativas según se frecuencia de uso. En este caso, lo que hacemos simplemente es utilizar Google como corpus lingüistico, es decir, buscamos dentro de un conjunto de textos que reflejan el uso de la lengua.
Ahora bien, ¿es realmente Google un corpus fiable? Sí y no. Si realizamos una búsqueda de neologismos o palabras muy técnicas, es probable que tardemos una eternidad en encontrar algo si utilizamos recursos fiables y que pensemos que hemos errado en nuestra traducción. En tales casos, creo que lo mejor es utilizar Google siempre con precaución y comprobar la fiabilidad de los resultados que nos arroje.
¿En qué corpus debemos hacer nuestras búsquedas, pues, para cerciorarnos de expresiones o términos? Una vez más, depende de la situación. Por ejemplo, si tenemos duda de una colocación del lenguaje general, libre de neologismos y palabras excesivamente técnicas, nuestra mejor arma en español será el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) de la Real Academia Española (RAE). Contiene textos de todo tipo de publicaciones hasta 1999, por lo que hay que tener cuidado si se buscan expresiones coloquiales de hoy en día. Por cierto, algo interesante del CREA es que dispone de un listado de frecuencias de las palabras más usadas en español.
En el caso de la ciencia y la técnica, lamentablemente, los recursos son algo escasos. Parece que la Real Academia Española está en proceso de crear un buen corpus lingüístico científico y técnico, pero lo que importa ahora es que no disponemos de él (eso sí, lo espero como agua de mayo). Por ello, si queremos conocer rápidamente la fraseología científica y técnica, lo que recomiendo es leer artículos científicos en español que no estén traducidos. En español basta con buscar artículos en revistas científicas españolas dedicadas a un tema concreto, como podría ser la Revista Española de Cardiología. Además, en el campo de la medicina, siempre es bueno estar atento a lo que se publica en Panace@, la revista de la Asociación Internacional de Traductores y Redactores de Medicina y Ciencias Afines (TREMÉDICA). Y para rizar el rizo, si quieres buscar artículos en revistas científicas y académicas españolas de todo tipo de temática, lo mejor es probar suerte con Dialnet, el portal de difusión de la producción científica hispana.
En el caso del inglés, los recursos disponibles son notablemente más abundantes comparados con nuestro idioma. Por ejemplo, como corpus de la lengua general tenemos el Collins WordbanksOnline, y si queremos buscar en bases de datos de revistas electrónicas sobre ciencia y tecnología no hay nada como el Medical Subject Headings (MeSH) para medicina o la ingente EServer Technical Communication Library, donde es posible encontrar artículos de libre acceso de todo tipo de temáticas incluso en diferentes idiomas además del inglés.
También hay un recurso que nunca he tenido la oportunidad de probar y cuya utilidad podría ser muy valiosa dependiendo de lo que tengamos que traducir: el corpus paralelo multilingüe de JRC-Acquis. Según se desprende de la página, es un corpus paralelo en diferentes idiomas de los textos que se traducen para la Comisión Europea. Y no solo hay corpus, sino también una memoria de traducción. Tan solo hay que descargarla y usar el software que se ofrece en la página para crear una memoria de traducción en formato TMX de los idiomas con los que trabajemos.
Ahora bien, después de esta parrafada, ¿de verdad es necesario consultar tantas cosas para una traducción? Depende. Lo más probable es que no dispongamos del tiempo suficiente para hacer búsquedas tan exhaustivas o buscar en bases de datos especializadas. Es más, a pesar de lo dicho de Google, lo mejor es buscar sobre un tema en concreto en Google y luego tener criterio suficiente como para seleccionar una fuente fiable y hacer uso de ella. Lo mismo se puede decir de la Wikipedia.
Por otro lado, la teoría nos dice que deberíamos traducir textos cuya temática nos sea más o menos familiar. Por tanto, una vez dicho todo esto como “lo ideal”, me quedo con las siguientes conclusiones para la práctica:
- Si vas a traducir un texto cuya temática desconoces, asegúrate de que tienes tiempo suficiente como para documentarte más o menos exhaustivamente antes de ponerte con la traducción y de que realmente te sea rentable esos esfuerzos extra.
- No siempre te tienes por qué enterar del 100% de un texto altamente técnico para traducirlo. Eso sí, contrasta la terminología con fuentes fiables.
- Si aún no lo haces, considera la idea de leer revistas científicas sobre un tema que te interese para familiarizarte con la fraseología y la terminología propia del lenguaje científico. Tampoco tienes que apasionarte por el tema tratado en un artículo, sino simplemente ser capaz de identificar estructuras comunes de este tipo de textos. Con el tiempo te darás cuenta de que la forma suele ser la misma y que el contenido solo cambia un poco.
- Si tienes que argumentar algo con autoridad, usa antes un corpus que Google a ser posible.
- La consulta de corpus, artículos científicos y textos paralelos es fundamental en el proceso de formación de un traductor. Es precisamente en este periodo cuando se debe hacer hincapié, no después.
Etiquetas: búsquedas, corpus, Google, lingüística
blogoff ha realizado un estupendo vídeo sobre cómo moverse mucho más rápido por un texto en Microsoft Word usando atajos de teclado, pero lo mejor de todo es que estas combinaciones de teclas también se pueden aplicar a la mayoría de programas (incluidos, cómo no, los programas de traducción asistida). Altamente recomendable y, además, un perfecto ejemplo de cómo realizar un buen screencast comparado con el que hice para SDLX. Lástima que no disponga del tiempo que quisiera ahora para hacer vídeos parecidos.
Si queréis sacarle el máximo rendimiento a vuestras aplicaciones, os recomiendo que leáis blogoff, pues también tiene otros artículos interesantes como Atajos de teclado para Word y otros programas de Office o 10 consejos para usuarios de Word y Excel.
Por cierto, si lo que queréis es un curso para sacarle el máximo rendimiento a vuestras aplicaciones de oficina, el Centro de Enseñanzas Virtuales de la Universidad de Granada (CEVUG) impartirá a partir de noviembre, de forma virtual, los cursos Ofimática para Universitarios y OpenOffice.org (del que, por cierto, salió la versión 3.0 hace poco).
Etiquetas: atajos, cursos, office, openoffice, word
Otro de los retos con los que he tenido que enfrentarme en mi aún corta experiencia profesional como traductor de videojuegos es cómo traducir la forma peculiar que tienen de hablar ciertos personajes. El caso que nos ocupa hoy es bastante recurrente, sobre todo, en el género RPG: los diálogos de piratas.
En inglés, aparte de algunas expresiones típicas de piratas como ahoy! (“¡ah del barco!” en español), se suelen utilizar multitud de contracciones o incluso se cambia la terminación por un apóstrofe (‘). Si a eso le unimos que incluso según el personaje hasta se puede conjugar mal los verbos, podemos obtener un mensaje como el siguiente:
Ahoy! Ye be the prince o’ Merron, ain’t ye?
I be Jarus, an ol’ pirate o’ the big sea.
¿Qué debemos hacer entonces para marcar el habla de un pirata? Si en el inglés ponen contracciones y demás, ¿qué tal si hacemos que cecee como si tuviera un acento andaluz? Obtendríamos, pues, algo como esto:
¡Zaludos! Tú eres el prínzipe de Merron, ¿verdad?
Yo zoy Jarus, un viejo pirata de mar.
En este diálogo solo hemos puesto tres zetas, pero ya os podéis imaginar cómo quedaría un diálogo repleto de eses intercambiadas por zetas. Ahora bien: ¿de verdad creéis que un pirata hablaría así? Puede que alguno, no lo discuto, pero en las clásicas películas de piratas pocos acentos andaluces he oído yo.
A pesar de que, al menos que yo sepa, no hay constancia de artículos relacionados sobre el habla pirata que nos sirvan para nuestros propósitos, es fácil escudarnos en traducciones de videojuegos de piratas como las de la saga Monkey Island y sus célebres insultos, así como en películas de piratas como la archiconocida trilogía de Piratas del Caribe.
¿Cómo suelen hablar los piratas? Hoy, 19 de septiembre, es una fecha idónea para aproximarse a este peculiar habla, pues es el Día de hablar como piratas (en inglés, claro) y hay bastante información al respecto sobre cómo hablar como un pirata en inglés. En español. sin embargo, los recursos son más bien escasos, aunque por suerte hay mucho valor en la página Historia de los piratas y en la por todos conocida Canción del pirata de José de Espronceda, así como en… ¡trabajos de niños de primaria!
Con todo este material, ya podemos hacer un esbozo de lo que esperamos oír de un pirata. Por ejemplo, en Piratas del Caribe suelen hablar de vos dado que están en una época antigua, aunque en el ejemplo anterior quizás no es tan importante debido a que, como se dirige a un príncipe, lo lógico sería usar el voseo. Así pues, la traducción del anterior diálogo quedaría así en palabras de un pirata español:
¡Ah del barco! Vos sois el príncipe de Merron, ¿no es así?
Yo soy Jarus, el pirata más temido de los siete mares.
¿Sobretraducción? ¿Me he sacado eso “más temido de los siete mares” de la manga? Puede ser, pero… apuesto a que en japonés el pirata hablaba de otra manera que en inglés. Además, creedme, el ejemplo que he puesto en inglés no es es nada comparado con lo que uno se puede encontrar. Por tanto, opino que hay que intentar usar expresiones de piratas en la medida de lo posible incluso aunque no vengan en el original, pues la estrategia que debemos seguir es precisamente la de la compensación de la pérdida de la ortografía característica del inglés de los piratas.
Por supuesto, se aceptan sugerencias ![]()





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