Algo más que traducir
Blog sobre traducción profesional, localización de videojuegos, software, aplicaciones móviles, sitios web y tecnologías de la traducción por Pablo MuñozTraductor inglés-español especializado en localización

[Libro] La traducción de la A a la Z

La traducción de la A a la Z

El otro día me acerqué a una librería con el objetivo de comprarme el cuaderno de ejercicios del Themen Aktuell (nada mejor para aprender un poco de alemán básico) y, curioseando en el apartado de lingüística (bueno, cada uno lee lo que quiere, ¿no?) me topé con un libro que me llamó la atención: La traducción de la A a la Z. Hoy, tras una semana, me he terminado sus generosas 192 páginas más bibliografía.

El libro es muy ameno e inusual. Su autor —o, mejor dicho, compositor— es Vicente Fernández González, quien es traductor de griego moderno, profesor en la Universidad de Málaga y dos veces ganador del Premio Nacional de Traducción. No esperéis encontrar aquí las respuestas clave a la traducción ni un manual introductorio a las técnicas de la profesión. Se trata, simple y llanamente, de una selección de textos —o collage como Fernández González dice— relacionados con el mundo de la traducción en forma de glosario, pues a cada letra del abecedario le corresponden varios artículos sobre temas diversos.

Si queréis pasar un rato agradable leyendo 20 minutos al día sobre traducción, este es vuestro libro. Hay un poco de todo: desde artículos sobre la teoría de la traducción hasta fragmentos de novelas en las que el protagonista es traductor e incluso textos que no tienen nada que ver con la traducción pero cuya importancia no habría sido la misma sin ser traducidos. Esa es precisamente la ventaja, ya que si no te gusta un texto, puedes pasar al siguiente sin preocuparte. No obstante, como cada artículo no supera normalmente la página y media, acabas leyendo casi todos los textos y sacando algo de provecho de cada uno.

Algunos textos no tienen desperdicio, y nada más que por haberlos descubierto y leído no me arrepiento de haberme gastado los 16 euros y medio que cuesta un ejemplar. Yo os animo a que, como mínimo, le echéis un vistazo al libro y juzguéis vosotros antes de comprarlo o sacarlo de la biblioteca (esta opción es quizás la más recomendable si no os interesa mucho este tipo de lecturas). Os dejo con los dos artículos que más me han gustado (y sí, los he tenido que mecanografiar, así que imaginad si me han gustado).

UNA NOTICIA ALARMANTE…

Error de traducción causa cuatro muertos en hospital de Francia

El ministro de Salud, Xavier Bertrand, anunció hoy medidas contra distintas personas por negligencia en el tratamiento de 23 hombres que padecían cáncer de próstata. El caso se produjo entre mayo de 2004 y agosto de 2005.

Nancy, Francia. Un error en la traducción de instrucciones para el uso de software médico causó presuntamente la muerte a cuatro pacientes en un hospital de Francia, informó hoy la directiva de la agencia regional de hospitalización en Lorena.

Al parecer, los cuatro pacientes recibieron una sobredosis de rayos X que les causó la muerte.

“El problema no radica en los técnicos o el software, sino en la interpretación y la transmisión del software”, dijo Antoine Perrin en Nancy, tras la publicación de un duro informe del gobierno francés que criticaba al personal del centro clínico, en la localidad de Epinal.

El ministro de Salud, Xavier Bertrand, anunció hoy medidas contra distintas personas por negligencia en el tratamiento de 23 hombres que padecían cáncer de próstata. El caso se produjo entre mayo de 2004 y agosto de 2005.

Según Bertrand, las muertes de tres de los cuatro pacientes fallecidos están relacionadas con el error. El informe del gobierno señala que los otros 19 pacientes sufrieron complicaciones de distinta gravedad debido a la sobredosis

… Y UN MENSAJE EN UNA BOTELLA PERDIDA EN EL CIBEROCÉANO

Veintitrés pacientes del Centro Hospitalario Jean Monnet de la ciudad francesa de Epinal, enfermos de cáncer de próstata, fueron expuestos a niveles de radiación muy superiores a los permitidos entre mayo de 2004 y agosto de 2005. Cuatro pacientes murieron, tres de ellos a causa del tratamiento radioterapéutico, mientras otros diez sufrieron daños leves.

Estos hechos se convirtieron en leyenda negra cuando en febrero de 2007 salió el informe oficial de la Autoridad de Seguridad Nuclear (ASN) y de la Inspección General de Asuntos Sociales (IGAS) y la agencia de noticias alemana DPA atribuyó las muertes a una «mala interpretación manual de instrucciones».

Los medios de información alemanes fueron los primeros en malinterpretar la nota de agencia, de por sí inexacta, y titularon «Übersetzungsfehler kostet vier Patienten das Leben»; los periodistas españoles entendieron lo mismo: «Error de traducción causa cuatro muertos en hospital de Francia»; y por una vez coincidieron con los ingleses «Translation Error Said To Have Led To Hospital Deaths». Sorprendentemente no se halla referencia alguna en francés que hable de un error de traducción como responsable de las muertes. Debe ser que en Francia la reputación de los traductores es mejor que la de los periodistas.

Al parecer ninguno de los redactores malgastó su tiempo en la lectura del informe, porque de haber leído las ocho páginas, podrían haber averiguado que el informe destaca precisamente que el manual de instrucciones no estuviera disponible en francés: «De plus, les manipulateurs ne disposent d’aucun guide d’utilisation en français adapté à leur pratique quotidienne. Ils n’ont pas été formés correctement…». Es decir, el personal del hospital estuvo mal formado y no sólo no había en absoluto un error de traducción, es que no existía traducción alguna del manal, como exige la ley.

[…]

Pero, de haber leído el informe oficial, los periodistas podrían haberse percatado de que, incluso disponiendo de una traducción correcta, las muertes no se podrían haber evitado, dado que se detectaron deficiencias en la ergonomía del dispositivo, errores de organización y control de calidad durante la terapia. Además no se realizaron los controles de seguimiento necesarios a los pacientes, con los que se podría haber detectado el error a tiempo.

Un error de traducción, sobre todo en textos médicos, puede tener consecuencias fatales. En este caso, un error periodístico por falta de traducción ha creado una leyenda negra, que se está perpetuando en el ciberespacio.

EL AMOR EN ESPERANTO

Siguió entonces una época de profunda infelicidad. Comenzamos a sospechar de toda la gente y de todas las cosas. Si la portera nos decía alguna vez: «Buenos días», se nos iba el día entero preguntándonos qué nos había querido decir… o qué nos dijo. «¿Tú crees que nos quiso decir que estamos atrasados en la renta?», preguntaba Estefanía. «No, me parece que lo que nos quiso decir fue que el día estaba nublado». «Qué tonto eres. Eso fue lo que nos dijo cuando regresamos». Señaló al cielo y dijo: «El día está nublado». «La tonta eres tú, Estefanía. Cuando nos dijo que el día estaba nublado, dijo otra cosa». «¿Qué cosa?» «Yo qué diablos sé. Precisamente ese es el problema: nunca sabremos lo que la gente nos quiere decir». «¿Pero no hay ninguna posibilidad de que cuando diga alguien: el día está nublado, quiera decir eso, precisamente?» «Una en mil, quizá». «¿Y cómo reconocerla?» «No lo sé. Y tal vez no baste que ames a la persona y la persona te ame a ti. Pero desde luego, si el día está nublado, hay ciertas posibilidades de que sea verdad lo que dicen». Estefanía se levantó, caminó hacia la ventana y me dijo: «El día está nublado y quiero hacer el amor contigo». Casi nunca nombrábamos al amor cuando lo hacíamos. Simplemente, comenzábamos a hacerlo, como quien pone de pronto un disco y se sienta a escucharlo sin tener que decir antes: «Escuchemos el quinteto en La Mayor para clarinete y cuerdas, K.891 de Wolfgang Amadeus Mozart». El primer movimiento era tranquilo, como caminar por un campo de rosas, con cantabile que hacía las delicias de Estefanía. Seguía un larghetoo ejecutado con lentitud y nobleza. En el tercer movimiento, tal como lo ha señalado la crítica, el clarinete volvía a ser el instrumento rustico que podemos encontrar en Baviera y otras provincias alpinas. Por último el final estaba lleno de variaciones divertidísimas, caprichos, improntos, obligados y ritornelos. Los aplausos eran abrumadores. De modo que por esa vez no sólo creí a Estefanía, sino que creí en ella. «El amor está nublado», le dije, «y quiero hacer el día contigo». Este estúpido juego de palabras la [sic] hizo reír hasta recuperar la inocencia.

Esto nos llevó a otra confusión más. Descubrimos que así como hay la posibilidad de que una persona cuando dice una sola cosa, por ejemplo: «Buenos días», está queriendo decir y diciendo de hecho mil cosas distintas, hay la posibilidad contraria: que cuando una persona dice mil cosas distintas, está queriendo decir, y dice, una sola cosa. Para seguir con el mismo ejemplo, te contaré: una tarde le dije a Estefanía: «¿Quieres ir al cine?», y ella, con esa intuición que se prendía a los picos de los pájaros, entendió que lo que lo estaba diciendo en realidad era, en realidad: «Te quiero». Fuimos, en efecto, al cine a ver El submarino amarillo y le pregunté: «¿Se te antojan unas palomitas de maíz?”, cuando en verdad, lo que lo ye estaba diciendo era «Te quiero». Después del cine esperamos nuestro tranvía y cuando llegó le dije: «Este es el que nos deja». Y Estefanía comprendió lo que yo le quería decir con eso. Durante un tiempo, esto resultó muy agradable y en cierto modo halagaba la vanidad de Estefanía, ya que cuando estábamos con nuestros amigos, o en el hospital, o en la agencia de publicidad, yo podía declararle mi amor a todas horas del día sin que nadie se enterara. Así, frases tan simples como «Hay que hacer un anuncio sobre un nuevo desodorante», «El enfermito de la cama ocho necesita una benoclisis» o «Pásame la sal», todas querían decir, naturalmente, «Te quiero». Como te imaginarás, la cosa se volvió obsesiva y una vez que le dije a Estefanía «No me esperes a comer», se puso furiosa, me pegó en el pecho con los puños cerrados y me gritó: «¡Ya no me digas tanto que me quieres y demuéstramelo!». Como lo peor que le podría decir en ese momento era «Pero Estefanía, si yo ye quiero con toda mi alma» (porque no me hubiera creído ni media palabra), me pareció mejor quedarme callado y dejar de hablarle por varios días.

Tuvimos que hacer el amor en silencio, y nos limitamos a comunicarnos tan sólo con el lenguaje de nuestras lágrimas, nuestros besos y caricias, nuestros eructos y nuestros gestos, sin decirnos una sola cosa ni en español ni en ningún otro idioma. Pero a cambio de esto, y para que mi prima viera que en efecto yo hablaba más de un idioma vivo y más de una lengua muerta, un día la base en francés. Ella se limitó a bostezar en sueco. Yo la odié un poco en inglés y le hice un ademán obsceno en italiano. Ella fue al baño y dio un portazo en ruso. Cuando salió, yo le guiñé un ojo en chino y ella me sacó la lengua en sánscrito. Acabamos haciendo el amor en esperanto.

F. del Paso (énfasis mío)

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Pablo Muñoz Sánchez

Pablo Muñoz Sánchez

English > Spanish Game Translator
Soy traductor inglés > español con más de 8 años de experiencia especializado en localización de videojuegos y software. He traducido juegos como Metroid y Fire Emblem y ahora trabajo, entre otras cosas, como revisor para un gigante tecnológico. También soy cofundador de Traduversia, una plataforma de cursos online para traductores. Más sobre mí | Mis cursos | Mi web
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4 comentarios

  1. Roxana dice:

    Hola Pablo,

    Me gustaron mucho los dos artículos. Sobre el primero, si, es verdad que desde hace un tiempo, no sé en realidad cuanto, hay un mito entorno a las malas traducciones que han provocado muertes. Recuerdo que cuando yo estudiaba una profesora nos comentó algo similar, y yo de verdad me asusté mucho y pensé: Vaya, mejor ni meter la pata, porque puedo matar a alguien. Pasaron algunos años, y recuerdo también haber leído un artículo de un periódico donde decía que no sé en que país sucedió algo similar, en un hospital. Sinceramente, yo no creo que esto sea tan cierto, digo, obviamente una mala traducción puede traer consecuencias graves, pero no creo que al punto de provocar la muerte a un paciente, pues supongo y los textos traducidos los revisa un experto además con conocimientos del idioma desde el cual se traduce, de otro modo, me parecería muy poco profesional basarse en un texto de tal importancia y no revisarlo antes de su uso.

    El otro texto del amor me parece muy bueno. Y tiene toda la razón cuando dice que con una palabra en realidad queremos decir muchas más y hasta todo lo contrario. A mi me pueden preguntar como estoy y yo puedo decir que muy bien, en cuanto me siento fatal. Pero creo que así funciona un poco la vida, ni nosotros mismos sabemos muchas veces lo que realmente queremos decir.

    Gracias por compartir estos relatos tan interesantes, y darte el trabajo de escribirlos. Ojalá algún día tenga este libro en mis manos, pues me encanta leer todo lo relacionado con la traducción y letras en general.

    Un saludo,
    Roxana

  2. Hola Roxana:

    Gracias por comentar en esta entrada aunque ya tenga tiempo. El libro tampoco es que fuera una gran maravilla, pero sí tenía artículos muy chulos como esos dos.

    A mí también me parece un poco exagerado que una persona muera por un error de traducción, pero no deja de ser imposible. Eso sí, no siempre debemos suponer que nuestras traducciones especializadas van a ser revisadas por un experto, así que hay que tener cuidado si tenemos alguna duda en alguna instrucción importante.

    Y sobre el segundo artículo, ¡cuánta razón tienes! Es como cuando pensamos todo el rato en decir “Sí” y al final decimos “No”. Las palabras a veces son muy traicioneras.

    Me alegro de que sigas leyendo entradas antiguas del blog. 🙂

    Saludos,

    Pablo

  3. muy bueno me encanto este libro

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