Algo más que traducir
Blog sobre traducción profesional, localización de videojuegos, software, aplicaciones móviles, sitios web y tecnologías de la traducción por Pablo MuñozTraductor inglés-español especializado en localización

Exámenes de traducción

Exámenes de traducción
En España, la forma tradicional de evaluar los conocimientos adquiridos en una asignatura se realiza mediante exámenes. Según el tipo de asignatura que sea, parece normal que haya una serie de exámenes parciales y un examen final para evaluar, por ejemplo, si un alumno de Derecho conoce las leyes que debería saberse sin tener que consultar el Código Civil.

Sin embargo, en la carrera de Traducción e Interpretación —dependiendo de la facultad he de suponer— apenas suele haber hay exámenes para las materias de traducción, por lo que es frecuente que en febrero y junio los estudiantes de esta licenciatura estén mucho más aliviados que el resto de compañeros de otras carreras.

Ahora bien, esto es así porque a lo largo del cuatrimestre hemos de esforzarnos mucho cada semana. En otras palabras, se apuesta por un sistema de evaluación continua, óptimo para nuestra carrera al menos para mí, pues al fin y al cabo en esta la teoría cede su lugar a la importancia de la práctica.

Y eso es lo bueno, que después de tanto trabajo se nos recompensa con una buena nota si hemos ido evolucionando en nuestras traducciones. Me refiero a haber hecho muchas traducciones (individuales o en grupo), no a dos traducciones (importantes, eso sí) en todo el curso como nos piden algunos profesores.

Cuando se habla de jugárselo todo en un examen, normalmente se dice que «es que puedo tener un mal día», «hay mucha presión y nervios», etc. Y es cierto, pero si se traduce bien, siempre se traducirá bien incluso en un examen parecido a los textos vistos en clase. De hecho, una característica importante del traductor es saber trabajar bajo presión; aun así, prefiero que la nota significativa para la evaluación de una asignatura sean muchas y no una única nota.

El problema surge cuando la metodología seguida en una asignatura no es apropiada, aunque afortunadamente pocas veces es así. Pero claro, alguna vez sí que se da el caso.

Por ejemplo, si se manda una traducción y solo una persona o grupo se encarga de realizarla y exponerla al resto de la clase, es más que probable que la mayoría del resto de compañeros no hagan la traducción o ni siquiera hayan mirado el texto original. Por tanto, aunque siempre se aprende algo, creo que es mucho más conveniente hacer menos traducciones para clase pero más por cada alumno para que el grupo o persona que exponga no esté mirando a sus compañeros para ver quién le dice algo y, en definitiva, todos saquen algo de provecho.

Evidentemente, esto conlleva hacer muchas traducciones para muchas asignaturas, y uno nunca dispone de tiempo para todo, ya que hay más cosas en la vida aparte de traducir, sobre todo si no te pagan. Pero al fin y al cabo, así se aprende a sobrellevar el estrés y se mejora la capacidad de trabajo en grupo y autonomía, así como la velocidad de traducción. Por supuesto, también hay que pensar en el tiempo que le dedica el profesor a la corrección de las traducciones, pero después de todo están para algo.

Las consecuencias de traducir poco en una asignatura son dos a mi modo ver: a) el alumno está menos preparado para traducir textos similares a los vistos en clase porque no ha llegado a enfrentarse realmente a los problemas que plantean y b) la única nota con que se cuenta es la del examen final (porque algunos profesores no hacen ni siquiera parcial —un par según he visto—).

Esto mismo me ha pasado a mí, y aún estoy a la espera de los resultados de un examen que hice hace poco. Creo que es la primera vez en toda la carrera (y ya estoy acabando) que me siento preocupado por un examen de traducción. Vale, yo mismo podría haber hecho más traducciones durante el curso, pero con tantas cosas que tengo, si no me «obligan» la verdad es que le pongo pocas ganas.

Otro tema interesante respecto a los exámenes de traducción son las condiciones en que se desarrollan. A estas alturas espero que casi todos los profesores pidan traducciones escritas a ordenador o que como mínimo dejen usar un ordenador conectado a Internet. Y si digo esto es porque precisamente hay profesores que aún no permiten usar ordenadores. Yo, qué queréis que os diga, no sé traducir ya sin ordenador; además, en el trabajo, es decir, la situación real, voy a usar ordenador.

Como conclusión, manifiesto mi defensa por la evaluación continua en asignaturas de traducción. Al fin y al cabo, es como la vida misma del traductor: vas haciendo tu trabajo en función de los encargos que te llegan. Si al cliente le pareces profesional te habrás ganado un cliente (nota en este caso), y si lo haces mal lo habrás perdido. Si al final de cuatro meses tienes suficiente volumen de trabajo porque tienes ya a varios clientes que confían en ti a pesar de haber fallado con otros, entonces puedes vivir de traductor. Es decir, te mereces seguir trabajando (aprobar) sin que un cliente juzgue por un único encargo si el resto de tus clientes te van a volver a contratar o no.

Seguramente muchos de los que visitáis este blog y otros relacionados con la traducción estaréis de lleno con los exámenes de junio, así que antes de nada, ¡mucho ánimo, que ya queda poquito!

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Pablo Muñoz Sánchez

Pablo Muñoz Sánchez

English > Spanish Game Translator
Soy traductor inglés > español con más de 8 años de experiencia especializado en localización de videojuegos y software. He traducido juegos como Metroid y Fire Emblem y ahora trabajo, entre otras cosas, como revisor para un gigante tecnológico. También soy cofundador de Traduversia, una plataforma de cursos online para traductores. Más sobre mí | Mis cursos | Mi web
Pablo Muñoz Sánchez
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7 comentarios

  1. Hola Pablo:

    En primer lugar, cantemos esa gran canción de Nino Bravo “Libreeeeeeeeeeeeeeeeeee nanananananana :D”. Y una vez que hemos terminado los exámenes, disfrutemos un poco de la vida. Y ahora a comentar.

    Sin lugar a dudas, los exámenes no son en muchos casos el mejor sistema de evaluación posible, más aun teniendo en cuenta el sistema educativo español, en que prima lo memorístico frente a la adquisición de capacidades. Por otro lado, la evaluación continua, si bien es un sistema bienintencionado, peca de exceso de fe en los alumnos, y presupone un trabajo continuado en muchas ocasiones. La evaluación continua es positiva en materias como los idiomas, pero creo que no lo sería en otras como la Lingüística (donde memorizarías un tema, y una vez “vomitado” procederías a eliminarlo del disco duro de tu cerebro).

    Una buena opción sería combinar ambas opciones. De esa forma, se trabaja durante todo el curso, no se deja todo para el final, y al mismo tiempo, se incentiva el estudio de toda la materia de forma global.

    Sobre los exámenes de traducción, es bien cierto lo que menciones. Si los exámenes intentan calificar tu capacidad como traductor, deberías disponer de los mismos medios con los que cuentas en la vida real. Ningún traductor traduce sin diccionarios, ni bases de datos, ni google, ni la santa wikipedia… y en un examen se exige que lleves a cabo una buena traducción sin todos estos recursos. Una cosa es que nos enseñen a no depender excesivamente de nuestras herramientas, y otra que nos dediquemos a memorizar vocabulario, que en muchos casos, vamos a terminar olvidando (nuestro cerebro es lo que tiene, que no es perfecto). Veo más útil aprender capacidades, métodos y procedimientos de traducción que palabras completas, listas de partitivos o similares.

    Por último, y creo que más importante que el método de evaluación, sea examen, evaluación continua, o lo que le salga al profesor de turno de sus apéndices colgantes; el punto más importante a reformar en la educación universitaria española en general es la relación docente alumno. Hasta hoy, un profesor se limita a vomitar contenidos en clase, y los alumnos a recogerlos y revomitarlos. Creo que sería muy positivo que la cacareada reforma de Bolonia traiga, de forma efectiva, una reducción de alumnos por aula, una mayor participación (hay que salir delante de la gente y exponer… hay gente que realmente necesita aprender a hacer esto porque tienen un miedo cerval a hablar en público), y sobre todo, rebajar al profesor como figura de autoridad (concepto que debería quedar para las enseñanzas obligatorias) y plantearlo como un docente con una función educativa (Y afirmo esto porque algunos de nuestros profesores sin duda, dan más miedo que otra cosa).

    Un saludo

    Olli

  2. Pablo Muñoz Sánchez dice:

    Antes de nada, enhorabuena por terminar (espero que bien) tus exámenes, Olli 🙂 A mí me queda hasta el viernes…

    Hombre, se supone que la reforma de Bolonia va a cambiar precisamente eso, que en vez de tener que memorizar tochos lo que se pida sea adquirir competencias y no sólo conocimientos.

    También depende de cómo se plantee una asignatura. Por experiencia propia, tengo mejores notas en las asignaturas en las que he tenido que currar durante todo el curso, y aunque haya habido examen la verdad es que no he ido muy nervioso.

    En mi caso, las clases de Lingüística eran básicamente exposiciones sobre trabajos que teníamos que hacer todos en grupos y que sirvieron de reflexión a partir de la lectura de un manual (Lingüística para traducir). Y oye, la verdad es que se aprende un montón y luego el examen tampoco es para tanto (aunque claro, que a mí me gustaba mucho la asignatura desde el principio, hay que decirlo).

    Una cosa buena de la facultad de Granada (no sé cómo está el tema en otras) es que la mayoría de asignaturas de traducción se imparten con ordenadores, e incluso no hay problema en que te lleves tu portátil. Y claro, eso da mucho juego. Además, en cada clase estamos unos 30-40 alumnos, con lo cual el profe suele tener relación con los alumnos.

    Navegando por ahí he encontrado un documento interesante que sirve como reflexión sobre las competencias y perspectivas de la carrera de Traducción e Interpretación: http://www.uji.es/bin/publ/edicions/jfi10/trad/5.pdf

    Bueno, ¡ahí queda eso!

  3. Tres apuntes rápidos, chicos.

    1) Suerte para los exámenes y más para las notas.

    2) Magnífico artículo (a ver si le hacen caso de una puñetera vez a Elisa, que está haciendo un trabajo inmenso para que esto cambie… ¡soy su fan nº 1)

    3) Yo le veo un punto positivo a hacer exámenes sin ordenador. Hace poco tuve esta misma conversación con un amigo. Cuando estuve estudiando fuera, hice exámenes de traducción francés-inglés y viceversa sin más ayuda que mi cerebro. ¿De qué me sirvió? Me hice más rentable… Cuanto más memorizo y más intuitiva soy por el contexto, menos búsquedas tengo que realizar y más rentabilizo mi tiempo cuando traduzco. Sé que en la práctica profesional no tiene sentido, pero quizá nos lo podamos permitir como ejercicio durante nuestras actividades académicas.

    Y esto es todo por ahora. Sigo traduce que te traduce…

  4. Hola, en primer lugar felicitarte por el gran trabajo que has hecho, me paso mucho por aquí. Yo soy ( al emnos espero) un futuro intérprete y además de felicitarte quería preguntarte si conoces alguna web o blog similar donde se hable más de la interpretación, que es el campo que me gustaría conocer más a fondo.

    gracias

  5. Pablo Muñoz Sánchez dice:

    Hola Jose:

    Como no estoy muy puesto en interpretación, la única página que conozco que esté bastante bien es http://interpreters.free.fr/index.htm. Ahí mismo puedes encontrar enlaces a otros sitios y bibliografía recomendada.

    Un saludo y perdona por responder tan tarde.

  6. Cristina dice:

    Me parece muy interesante este artículo. Algunos profesores podrían tomar nota, ya que nosotros entregamos traducciones para cada asignatura todas las semanas y, además, hacemos un examen final en el que no nos dejan utilizar ni diccionarios ni ningún tipo de herramienta y sinceramente, no creo que esta sea la realidad de la profesión.

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