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Blog sobre traducción profesional, localización de videojuegos y tecnologías de la traducción

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Etiquetas en la localización de videojuegos

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 03/12/2008

Etiquetas

Algo que me ha llamado la atención al hablar con otros profesionales de la traducción de videojuegos es el tratamiento que se le da a las etiquetas (en inglés tags o incluso placehoders) o, como yo siempre he dicho, “códigos”. Y si hablo de sorpresa, es porque parece que los autónomos no tienen que lidiar con esta adversidad más allá del uso de las variables.

Esto es algo que les sonará a los que se dediquen a la localización de software. Por ejemplo, en:

You have %d apple(s)

el código %d representa una variable numérica (la ‘d’ es de decimal; si encuentras %s, la ‘s’ viene de string, es decir, una cadena de texto). Como poner “manzana/s” es inaceptable, la estrategia que se suele seguir es utilizar el plural del nombre del objeto con el que va la variable y usar dos puntos, es decir:

Manzanas: %d

Por supuesto, todo depende del espacio disponible y del contexto en que se encuentre el mensaje. Por ejemplo, el mensaje anterior podría aparecer en un menú. Así pues, el típico mensaje de RPG:

You got %s!

Podría traducirse de la siguiente manera:

Objeto obtenido: %s

Sin embargo, es posible encontrarse con etiquetas mucho más dispares que estas variables, aunque eso ya depende del juego y de cómo estén diseñados los archivos. Por ejemplo, en un RPG, lo normal sería encontrar un mensaje como el siguiente:

<Marth><L>No temáis.<w4>
Mi ejército defenderá vuestro castillo.<w4>
¡Ahora descansad,<w2> princesa!<kp>
<Elice><R><Happy>Gracias por todo,<w2> Marth.<w4>
Sin duda,<w2> por tus venas corre la sangre
de un futuro héroe.<k>

Puede parecer un poco críptico, pero en realidad el significado de las etiquetas es muy sencillo:

  • <Marth> y <Elice> indican el retrato de cada uno de los personajes de la conversación;
  • <L> y <R> indican qué personaje habla y, por tanto, debe mover los labios;
  • <wX> detiene el texto según el número especificado para hacer una pausa (la ‘w’ viene de “wait”);
  • <Happy> indica la expresión del rostro del personaje que habla;
  • <kp> indica que se debe pulsar un botón para mostrar el siguiente texto en una nueva ventana; y
  • <k> indica que la conversación termina después de pulsar un botón.

Menudo rollo, ¿no? Bueno, todo es cuestión de acostumbrarse. El uso de las etiquetas permite controlar mucho más el texto, ya que, por ejemplo, el código de cambio de ventana permite añadir más texto en caso de que sea necesario. Además, el uso de las etiquetas de espera permite adaptar la velocidad de los mensajes al público objetivo. De hecho, el ejemplo que os he puesto es un caso real, y no creáis que las etiquetas coinciden al 100% con el original, porque en inglés hacen más pausas y de distinta duración, cosa que me pareció necesario cambiar en español.

Comprendo que la gente se vuelva paranoica y le dé miedo cambiar las etiquetas por si se carga el juego, pero realmente merece la pena para mejorar la calidad. Ahora bien, es cierto que un traductor autónomo tiene que tener más cuidado, porque no podrá ver el resultado en pantalla y hacer cambios como sí lo hace un traductor en plantilla de una empresa de videojuegos, como es mi caso.

Así que ya sabéis: si queréis trabajar en plantilla, tendréis que ser conscientes de que tendréis que aprender a manejar etiquetas no solo para respetarlas, sino para añadir o eliminar según sea necesario. Y creedme: he visto proyectos en los que el uso de las etiquetas para los objetos y otras cosas es una parte vital del proceso de localización y y donde cada idioma hace un uso distinto de ellas.

Por último, tenéis más información sobre el tema en el artículo Entresijos de la localización de Diana Díaz Montón.

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¿Trabajar en plantilla o de autónomo?

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 06/11/2008

Este es el artículo número 100 de este blog. ¡Muchas gracias a todos por seguir leyéndome! :)

oficinaEn los tiempos que corren, lo normal es acabar la carrera de Traducción e Interpretación y entrar en el mercado laboral como sea. Dado que nuestro trabajo tiene que ver con documentos en formato digital, tenemos la suerte de que podemos trabajar desde cualquier ordenador del mundo. De este modo, los traductores profesionales se pueden dividir en dos grupos: los que trabajan en plantilla y los que trabajan de autónomos.

¿Qué diferencias hay entre trabajar en plantilla y ser autónomo? Pues, aunque el trabajo de traductor sea más o menos lo mismo, hay muchas. Pasemos a hacer un breve esquema de los pros y contras de cada tipo desde el punto de vista de una profesión cualquiera:

Los traductores en plantilla, a grandes rasgos:

  • tienen un horario fijo, así que lo normal es desconectar del trabajo una vez cumplen su jornada laboral;
  • no tienen que pagar seguridad social, pues ya la paga la empresa;
  • tienen derecho a vacaciones pagadas y a pagas extra según su contrato;
  • si tienen contrato indefinido, tienen derecho a una importante indemnización en caso de despido; y
  • tienen compañeros a los que preguntar dudas y con los que pueden establecer amistad.

Por su parte, los traductores autónomos:

  • no tienen horarios fijos, ya que son sus propios jefes;
  • si no trabajan, no cobran. Esto incluye ponerse enfermo o irse de vacaciones;
  • tienen que pagarse la seguridad social. Dependiendo de lo que paguen tendrán más o menos prestaciones en caso de baja y cotizarán según su base;
  • tienen que buscarse ellos mismos a sus clientes;
  • pueden desgravar todos los gastos que tengan que ver con el ejercicio de su profesión;
  • trabajan solos (normalmente desde casa); y
  • pueden llegar a cobrar mucho más que alguien en plantilla.

Como veis, cada puesto tiene sus ventajas e inconvenientes. Sin embargo, no es este tema el que quiero discutir aquí, sino el siguiente: ¿qué es mejor después de salir de la facultad?

Yo mismo empecé de traductor en plantilla, y creo que es lo mejor que me pudo pasar. Personalmente, creo que un traductor que sale de la facultad tiene muchas ganas de trabajar y de comerse el mundo, pero aún necesita mucho que aprender. Y es aquí donde está la gran diferencia entre trabajar en plantilla o como autónomo: mientras que de autónomo es poco probable que alguien se haga cargo de tu trabajo para enseñarte a hacerlo mejor, en plantilla hay una persona que revisa todo tu trabajo y te ayuda a mejorar con cada traducción que hagas. Por supuesto, esto se aplica sobre todo a los primeros meses y especialmente si eres un recién licenciado.

Tengo muy claro que mi actitud y aptitud como traductor no estarían a la misma altura que ahora de no ser por el trabajo de Miriam Bernal Montoro, mi revisora en AbroadLink, y desde aquí quiero expresarle mi gratitud por su dedicación. Recuerdo cuando un profesor mío de facultad me decía que su revisor le entregaba un folio grande lleno de correcciones para que aprendiera de sus errores, y ahora puedo decir lo mismo de mi revisora. Y esa formación, como autónomo, no la hubiera tenido.

¿Quiero decir con esto que los traductores autónomos traducen peor? Claro que no, pero creo que se adquiere experiencia relevante de forma más lenta al no tener a nadie que supervise tu trabajo para que aprendas. Eso sí, un traductor autónomo aprende otras cosas que no tienen en cuenta los traductores en plantilla, como tener que buscar clientes, hacer facturas y llevar la contabilidad de gastos e ingresos, tratar con clientes, etc.

Así pues, si tuviera que describir la trayectoria ideal de un egresado, creo que sería empezar de traductor en plantilla para adquirir experiencia y luego establecerse de autónomo para ganar más dinero siempre que sepas montártelo bien. Y ya puestos, creo que el siguiente paso sería volver a trabajar en plantilla con menos sueldo pero mucha más estabilidad para preocuparte de los tuyos.

Por último, quizás os interese saber lo que opina el traductor Ricard Lozano del tema en su Vademécum del traductor.

Y vosotros, ¿qué opináis?

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Pruebas de traducción (I): un buen currículum no lo es todo

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 15/05/2008

TestSi de verdad queremos trabajar como traductores en plantilla o de forma autónoma para una agencia o departamento de traducción de una empresa, ni el mejor currículum nos va a salvar de tener que hacer una prueba de traducción. Así es: por mucho que nos hayamos esforzado en la carrera y tengamos más ganas que nadie de trabajar, el paso previo para que nos den el visto bueno es realizar una traducción que nos van a evaluar. En cierto modo es normal, pues qué mejor carta de presentación que demostrar lo que vales con un ejemplo real.

Ahora que ya he hecho varias pruebas de traducción, la verdad es que hasta le encuentro sentido a los exámenes de traducción aun cuando se opta por una evaluación continua. Da igual la nota de expediente que tengas y que hayas estado dos años en el extranjero: si vales, vales; y si no, pues como en la facultad: inténtalo otra vez, pero en otro lado. Tener que hacer una prueba de traducción es bueno para unos y malo para otros, y es que lo verdaderamente importante de un traductor es su competencia traductora, no su currículum. Una prueba de traducción no va a representar el 100% del criterio de un empleador, ya que el potencial del futuro traductor es muy importante (sobre todo si es recién licenciado y se contrata para prácticas), pero sí que va a tener mucho peso.

Lo que quiero decir con esto es que no por mucho sobresaliente se es buen traductor, ni por mucho aprobado se es mal traductor. La etapa de una persona en la universidad es algo único en la vida, y cada uno tiene sus circunstancias personales. Por ejemplo, conozco a gente que ha preferido salir más que estudiar y, con una nota normalita, son excelentes traductores con apenas experiencia profesional. Por otro lado, gente de matrícula luego no ha obtenido los resultados esperados, lo cual no quiere decir tampoco que sean malos. En otras palabras, la gente que tenga buenas notas seguramente no será mala, pero tampoco serán malos aquellos cuyo expediente académico no sea especialmente brillante.

Por si fuera poco, por mucho que cursemos asignaturas de traducción especializada, hay que saber que, con 22 o 23 años (la media en que uno finaliza sus estudios de Traducción e Interpretación), hay muchas cosas que se escapan a nuestra imaginación. Por ejemplo, a mi me gusta mucho la informática y todo lo relacionado con ella, y os aseguro que me ha tocado lidiar con textos informáticos de los que no tenía ni idea. Por ello, creo que una de las cualidades más importantes que debe tener un traductor es su capacidad para familiarizarse con un texto rápidamente y documentarse eficazmente para las partes problemáticas del mismo. En otras palabras, que hay que estar preparado para cualquier situación nueva que se nos presente y no pensar algo como “si yo sé un puñado de mecánica, seguro que no es muy difícil”. O sea, que estad preparados para traducir algo que desconocéis en una prueba de traducción.

Es lo de siempre: el eterno dilema de si un texto especializado debe traducirlo un experto en la materia sin formación en traducción o un traductor con altos conocimientos lingüísticos y de documentación, algo que analiza estupendamente Andrés López Ciruelos en su artículo El traductor especialista o el arte de descifrar mensajes en clave. Pasar una prueba de traducción de un texto muy técnico puede ser arduo sin una previa experiencia en traducción, pero no imposible. Todo depende del tipo de prueba a la que nos enfrentemos. Pero eso lo veremos otro día.

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Textos paralelos y especialización del traductor

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 05/01/2008

DiferenciasVía eCuaderno llego a un interesante artículo sobre cómo buscar información científica en Internet que resume en pocos párrafos lo que en la facultad se tarda varias horas en enseñar en cuanto a documentación y que me ha animado a escribir sobre la noción de texto paralelo y la idea de si un traductor debe o no especializarse.

La mejor definición de texto paralelo que he encontrado es la siguiente: “textos originales en la lengua de partida o en la de llegada sobre el mismo tema y cuya función es similar o equivalente a la de la traducción”. Por ejemplo, si te encargan traducir un manual técnico de un teléfono móvil de Nokia, recurrir a un texto paralelo significaría consultar manuales técnicos de teléfonos Nokia parecidos para conocer la terminología o estructura de la información antes de empezar a traducir. Creo que los que hemos estudiado Traducción e Interpretación conocemos este proceso de sobra.

Ahora bien, la experiencia profesional me dice que usar textos paralelos es más propio del período de formación que de la actividad profesional. Afirmar algo así parece que pone en evidencia a la mayoría de traductores —empezando por mí, por supuesto— en torno a su actividad profesional, pero es cuestión de matizarlo. Por supuesto que utilizo Internet para documentarme (ya he hablado del gran recurso que supone para nosotros), pero dados los plazos de entrega tan ajustados que nos exigen, el estudio en profundidad de los textos paralelos como nos recomiendan en clase no encaja demasiado bien el puzle.

Actualmente busco textos paralelos como referencia en algún caso concreto, y cuando más los he necesitado (temas jurídicos o realmente técnicos), mis intentos de búsqueda han sido en vano. Llega un momento en que, cuando traduces mucha maquinaria, empiezas a tener cierta intuición para algunas expresiones aunque su momento te extrañaran tanto. Te das cuenta de que todo es terminología diferente según la máquina y distintas formas de presentar la información.

¿Qué significa esto? Que aunque uno traduzca varios tipos de textos, desde jurídicos a técnicos, con el paso del tiempo se acumula un cierto bagaje sobre un tema amplio —no debe ser necesariamente muy concreto— y uno empieza a encontrar problemas solo en la terminología y en las frases oscuras independientemente del nivel de comprensión que tenga de otro tipo de textos. Dicho de otro modo, se adquiere experiencia profesional y un cierto grado de especialización.

¿Debe el traductor especializarse y solo dedicarse a su especialidad? En este eterno dilema de muchos, yo creo que sí y no, habiendo más de sí que de no. Al menos sé que no soy el único que lo piensa. Uno debe estar abierto a nuevos temas y no dejar nunca de aprender. Si te fascina la ciencia, es probable que te acomodes más tarde o más temprano a un texto u otro con independencia del contenido siempre que trate sobre un avance científico. Si lo tuyo es la informática, seguro que no tendrás problemas en traducir software o libros de programación (bueno, sí, la tremenda cantidad de anglicismos). Todo esto lleva al mismo camino, y es que, si te gusta algo, lo más probable es que estés siempre leyendo novedades acerca de tus temas preferidos y, por tanto, y sin que te des cuenta, te especialices.

Ello no conlleva que te llegue algún día un encargo sobre un tema complejo pero no tan complicado y digas que no porque el tema del que trata no es tu fuerte. Yo mismo huía de los textos jurídicos como las famosas Condiciones de uso y, si bien al principio me costó mucho y tuve que mirar textos paralelos como proceso de documentación y formación (aunque me encontraba trabajando, afortunadamente sí disponía de tiempo), cada vez me resultaba más fácil traducir este tipo de textos y hasta me han acabado gustando.

Lo que se infiere de todo esto es que hay que procurar leer mucho, todo lo posible, y estar abierto a nuevos tema, pero especializarte en algo concreto para poder marcar la diferencia con respecto a los demás. Y ya he dicho cuál es el secreto: si bien hay muchos másteres para especializarse en traducción (y seguro que son muy buenos), lo más importante de todo es tener una motivación y leer, leer y leer, sobre todo en la lengua de llegada. El objetivo es que un texto paralelo pase a ser un texto que te aporte nuevos conocimientos sobre un tema del que ya sabes mucho y que lo leas por placer y no por necesidad.

Ya lo dice Xosé Castro: todo es aprendizaje y curiosidad.

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Traductores polifacéticos

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 11/08/2007

Muchas carasMe encanta mi trabajo. Lo bonito de ser traductor en una empresa sin demasiados empleados es que, aunque en general tienes un proyecto importante entre manos, siempre llega algo nuevo y no queda más remedio que cambiar de tarea por un tiempo y ponerse con una revisión de un archivo pequeño o una traducción poco problemática.

Aunque quizás lo mejor es dedicarle todo el tiempo a una traducción hasta terminarla, es cierto que a medida que pasan las horas se nos hace un poco pesado y necesitamos un respiro. Además, el trabajo del traductor es como una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar.

Por lo general, en la facultad se nos enseña básicamente a traducir y, en cierto modo, a revisar. Sin embargo, son muchas las variables que se dan en estos dos grandes campos. Por ejemplo, en la empresa en que trabajo solemos tratar con clientes de Estados Unidos que demandan traducciones para México. Por ello, lo que hacemos es traducir al español de España y posteriormente enviamos nuestra traducción a un revisor mexicano para que, aparte de revisar, adapte el texto a la variedad mexicana.

Del mismo modo, también nos llegan a veces traducciones realizadas por mexicanos que nosotros debemos adaptar al español de España. Así pues, resulta muy enriquecedor —y a veces chistoso en el buen sentido de la palabra— adaptar términos o expresiones que suenan raros en el español de España, como por ejemplo ‘concreto’ en vez de ‘cemento’.

Steven

Pero también es bonito ver que llega un encargo, cuanto menos, curioso. Hace unas semanas tuvimos, entre otras cosas, que formular preguntas para una máquina de bar tipo trivial, con sus respuestas falsas y curiosidades (fun facts). Además, todo lo teníamos que traducir al inglés para que el cliente supiera qué habíamos puesto. Aunque al final se hizo un poco pesado porque no podíamos citar la Wikipedia como fuente y tardábamos mucho en encontrar una fuente fiable, la verdad es pasamos un buen rato los que nos ocupamos de ello.

Pesado es, sin embargo, tener que traducir o revisar listas de palabras sin ningún tipo de contexto. Supongo el cliente las querría para hacer un glosario y así ganar mucho tiempo en traducciones posteriores sobre un mismo tema, pero, ¿realmente merece la pena traducir sin ningún tipo de contexto todo tipo de términos técnicos? Al menos sabíamos qué hacía la empresa (y teníamos el Routledge de términos técnicos, nuestra biblia en algunos casos).

Importante es, también, el tema del texto que traducimos. No es lo mismo traducir un texto especializado sobre instalaciones petrolíferas que un folleto publicitario de una escuela de negocios. Mientras en el primer caso hay que asumir cierta responsabilidad y andar con mucho cuidado con lo que se dice, el segundo contexto conlleva jugar más con el lenguaje para que el folleto tenga cierto tono persuasivo, lo que nos da más libertad.

Como se puede inferir de lo expuesto, y dadas las aptitudes que se presuponen de un traductor, la verdad es que los traductores podemos hacer casi cualquier cosa siempre que tengamos un espíritu curioso y sepamos afrontar retos por difíciles que nos parezcan al principio. Desde luego, está claro que no podemos ser maestros de todo, pero sí aprendices muy rápidamente.

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