Algo más que traducir
Blog sobre traducción profesional, localización de videojuegos, software, aplicaciones móviles, sitios web y tecnologías de la traducción por Pablo Muñoz

No seas solo traductor: sé un solucionador de problemas

20051201142722 solucion 20de 20problemas 300x225 No seas solo traductor: sé un solucionador de problemasTras este palabro que me acabo de inventar se esconde una idea que me lleva rondando la cabeza desde hace ya muchos meses, y es que al menos, en el mundo de la localización (ya sea software, páginas web o videojuegos), siempre pasa algo inesperado. En serio, no recuerdo el proyecto en que todo fuera que me enviaran unos archivos para traducir, los tradujera sin demasiados problemas, los entregara y hala, a volar.

¿Os suena esto de algo? Archivos que no se abren o que no se exportan como deberían, cosas que están mal en el inglés y que por tanto afectan a todos los idiomas, cosas que el cliente da por supuesto pero que hay que rebatirlas, más contenido del que se esperaba, <inserta aquí tu último marrón>. Ante este tipo de situaciones, puedes actuar de diversas maneras:

  • Quejarte y decir que todo es una mierda.
  • Esperar a que otro se dé cuenta y pregunte.
  • Decir que tal cosa no funciona y que si lo pueden mirar.
  • Ídem, pero además propones soluciones.

¿Qué harías tú? Evidentemente, todo va a depender muchísimo del proyecto y del “incidente”, pero me gustaría compartir un caso real que me hizo que el cliente no solo me pagara por el esfuerzo que le dediqué a solucionar el problema, sino que confiara más adelante en mí para un proyecto mucho más importante.

resolucionproblemas No seas solo traductor: sé un solucionador de problemas

La situación era la siguiente: tres traductores teníamos entre manos una guía de estrategia del World of Warcraft de unas 90.000 palabras para traducir al español. No nos conocíamos y yo era la primera vez que trabajaba con ese cliente. El plazo era ajustado y resulta que solo teníamos los PDF originales, así que había que traducir a pelo. Eso iba a ser un trabajazo para todo el equipo, porque significaba tener que poner la traducción en Word e incluir indicaciones para la maquetación. Además, que maquetar luego 300 páginas, pues no veas. Y ya no se trata de eso: había muchas repeticiones y hubiera sido tontería no usar Trados, ya no por ahorrar tiempo, sino por ser coherentes en la traducción.

¿Qué pasó entonces? Que le dije al cliente que si le podía pedir los archivos originales al cliente en el formato que fuera, porque seguro que se podía exportar a Trados. El cliente lo consigue y nos manda archivos de InDesign CS5 en formato IDML. Problema: Trados Studio 2009 admite el formato IDML, pero resulta que los demás traductores tenían solo TagEditor y no tenían forma de trabajar con los IDML (técnicamente se puede, pero es un poco rollo). Y no solo eso, sino que, por alguna razón, estaba tooodo desordenado si abría los IDML en Trados Studio. Le digo al cliente que si puede conseguir archivos INX y resulta que es imposible. El tiempo pasa y ninguno podemos comenzar a trabajar en condiciones. Averiguo que InDesign CS4 puede exportar a INX, pero a partir de InDesign CS5 ya no es posible.

Es entonces cuando me descargo el InDesign CS4 para convertir los archivos IDML a INX. Hago una prueba y… ¡funciona en TagEditor! Hago un par de conversiones de prueba, se las paso al cliente y a los traductores y por fin todo parece que funciona de maravilla y podemos empezar a trabajar. Convierto todos los IDML a INX y, cuando todos terminamos con nuestros archivos, los convierto a IDML para que los abra el cliente final. Por supuesto, gracias a Trados ahorramos un montón de tiempo.

¿Qué pasó al final? Que el cliente me dijo que le cobrara el tiempo que le dediqué a investigar el asunto y hacer conversiones. Le digo que fueron unas 4 horas y que se las cobraba a 40 $ cada una, lo que hacía un total de 160 $. Entonces va el cliente y me dice que nada, que lo redondeamos a 200 $ porque se había quedado impresionado con mi iniciativa. Y encima, unos meses más tarde, me selecciona como traductor para un importante juego de Konami que saldrá próximamente.

True Story No seas solo traductor: sé un solucionador de problemas

Moraleja: no te quedes de brazos cruzados y haz todo lo posible por resolverle los problemas al cliente, ya que de algún modo son también tuyos. Ah, y un pequeño pero importante detalle por si pensáis que no entendéis de InDesign y estas cosas: yo tampoco tenía ni idea, pero me puse a trastear y vi que no tenía demasiado misterio.

Y vosotros, ¿sois también solucionadores de problemas?

Tú sí que vales

tu si que vales Tú sí que valesObsérvate por un momento. Date cuenta de quién eres. Date cuenta de lo que vales. Seas estudiante o recién licenciado, tengas mucha o poca experiencia, vales más de lo que imaginas. Puede que estés desmotivado porque no consigues trabajo o que te sientas estancado. Puede que sientas que atrás quedaron las ilusiones que tenías al comenzar a estudiar. Encima, para más inri, dicen que la cosa está muy mal. Que hay mucha crisis y que este año 2012 tiene mala pinta. Y crees que no vales.

Sin embargo, hay gente a la que le va bien. Incluso muy bien. Empezando por el burro, yo mismo tuve un gran año en 2011, tanto en lo personal como en lo profesionalJennifer Campos nos comentaba hace poco que en 2011 aumentó su facturación y consiguió clientes relacionados con la localización de videojuegos; Ana Fuentes pide un cambio de chip para este 2012 ante la actitud negativa de muchas personas con respecto a la profesión; Rai Rizo ya escribió hace poco una positiva carta a los Reyes Magos; y Nathalie ha empezado una serie de miniartículos que me encanta: motivación para traductores. @Cecilia_Maza lo resumió bien hace unos días:

 

Cecilia Maza1 Tú sí que vales

 

Quizás ahora mismo estés diciéndote que claro, que tú no tienes blog, que no tienes experiencia, que estás perdido, que crees que no estás especializado en nada, que no tienes nada que hacer frente a los “grandes”, que no te sientes seguro de ti mismo. Y en parte es normal, porque está claro todos tenemos miedo a lo desconocido y que nos asusta la idea de salir de nuestra zona de confort.

Los martes, a eso de las 22:00, echan en Telecinco un programa llamado Tú sí que vales. No suelo ver mucho la tele, pero reconozco que este programa me ha enganchado y me quedo siempre hasta que termina. ¿Por qué? Porque me parece increíble la cantidad de talento que tiene gente desconocida. Y con gente me refiero a niños, adolescentes, adultos y ancianos. Pero, más que talento, lo que me fascina es la ilusión que tiene la gente por demostrar lo que vale, y a mí personalmente me encanta la gente que es realmente atrevida y hace cosas que son increíbles. A lo mejor la actuación no es todo lo buena que debería ser, pero desde luego, merece un voto positivo que sean capaces de hacer algo diferente.

Una de las cosas que más me gusta de este programa es su jurado, en concreto Risto Mejide. Hay quien odia a Risto y hay a quien le encanta Risto: yo soy de los últimos. Es cierto que a veces se pasa con algunos concursantes: el momento “Desaparece del mundo” me parece mítico, pero más aún que luego diga las razones de que el concursante sí que valga. Sin embargo, creo que dice las cosas como son, tanto para bien como para mal, y personalmente aprendo mucho de todas las cosas que dice y cómo las dice. Risto comenta que todos tenemos una rareza y que debemos encontrarla para tener éxito. No es necesario que seamos especialmente buenos (ni mucho menos yo soy el mejor traductor), pero si haces algo diferente a los demás, ya tienes muchas papeletas para triunfar.

Así pues, encuentra tu rareza y sácale el máximo jugo. Si te gusta la tecnología, diferénciate al máximo de los demás que no saben utilizarla. Si te gusta la moda, diferénciate al máximo de aquellos que no tienen el mejor gusto. Si te gusta el mundo jurídico, diferénciate al máximo de los demás que no saben muy bien de qué va ese mundillo. El camino no será fácil, pero paso a paso llegarás al final. La vida te golpeará inevitablemente, así que tendrás que aprender a levantarte.

Recuerda que un traductor está capacitado para trabajar en muchos más sitios que en su país de residencia. De primeras, tienes una pequeña rareza que no tienes. Así que ponte las pilas y persigue tu objetivo. Porque independientemente de lo que te digan algunos, tú sí que vales.

Si estás hasta el cuello de trabajo… ¡pásalo!

estres 300x240 Si estás hasta el cuello de trabajo... ¡pásalo!Si creíais que estaba muerto, tengo buenas noticias (¡o no!), y es que en realidad estoy más vivo que nunca y por eso no he publicado desde antes del verano. No pensaba que iba a tener tanto trabajo tras la pausa veraniega, y la verdad es que me siento muy afortunado de los proyectos que estoy sacando adelante ahora mismo, pues jamás habría imaginado que estaría traduciendo dos juegazos desde casa aparte de tener otros proyectos más que interesantes por otros lados. icon smile Si estás hasta el cuello de trabajo... ¡pásalo! Creedme que tengo un montón de temas sobre los que escribir, pero no he encontrado el tiempo (ni la voluntad) que necesitaba para ponerme a ello con tantas cosas a mis espaldas.

Pero pasando ya a algo más interesante para vosotros y menos narcisista, mi experiencia estos meses me ha permitido valorar que, por mucho que creamos que nunca nos va a pasar cuando empezamos, llega un momento en la vida de un autónomo donde nos vemos auténticamente desbordados de trabajo y no podemos con todo. No me refiero ya a picos de trabajo en los que nos toca trabajar algún fin de semana o echar algunas horas más de la cuenta al día, sino a picos que nunca descienden y que cada vez son más altos. Lo más normal es agradecer este continuo flujo de trabajo y matarnos a trabajar, porque más palabras traducidas = a más dinero, lo cual nunca nos viene mal, ¿verdad?

Sin embargo… ¿y si resulta que estás ganando mucho pero no tienes vida? ¿Y si resulta que llevas levantándote diez días seguidos a las ocho de la mañana muy cansado por no dormir lo suficiente porque no paras de trabajar? ¿Y si te das cuentas de que todos tus amigos están de cervezas y tú estás solo en casa dándole a la tecla sin parar? Pues entonces resulta que, a cambio de dinero, estás renunciando a muchas cosas que te hacen feliz. Tuvo que ocurrir que hiciera un viaje a Bilbao con mis amigos Metaveros, del que tenía muchas ganas, y no poder aprovecharlo al máximo debido al cansancio acumulado de haber trabajado diez horas como mínimo durante diez días seguidos, incluido el fin de semana. Fue entonces cuando decidí que era momento de hacer algo muy recomendable que había oído pero que nunca había puesto en práctica: pasar trabajo a otra persona.

Así pues, tras esa agridulce experiencia, me fijé como objetivo renunciar a trabajos si ya estaba al completo y pedir ayuda para pasarlo a otros compañeros. Nada más llegar de Bilbao me llegó una oferta para traducir un videojuego para móviles de 4500 palabras y entonces fue cuando lo vi claro: era el momento de buscarme un aliado.

Rodéate de gente inteligente (más que tú, incluso) y alíate

Mi primera opción es siempre Elizabeth Sánchez León, de El taller del traductor, ya que tengo una gran amistad con ella y hemos trabajado juntos para otros proyectos. Sin embargo, ella estaba ocupada con otras cosas y no tenía demasiado tiempo para colaborar en este proyecto, y fue entonces cuando decidí poner en práctica algo a lo que le había dado vueltas desde hacía un tiempo: ¿por qué no darle una oportunidad a una joven promesa en lugar de recurrir a alguien con experiencia pero que ya sé que tiene mucho trabajo?

Así pues, ni corto ni perezoso, le escribí a Álvaro García, de [Sé lo que] traducistes, y le propuse participar en un proyecto de localización de videojuegos (sí, fui yo el que le pasó el trabajo que cuenta en su última entrada; y no decir que fui yo es otra señal de su gran profesionalidad como ya le dije por chat, pues demuestra su prudencia). En persona apenas nos conocimos en el congreso de videojuegos de la UAB de diciembre de 2010 y no es que hablemos mucho por Twitter o Facebook, pero las palabras y sabiduría que plasma en su blog me impulsaban a darle un voto de confianza. Esa misma confianza que Begoña Martínez depositó en mí cuando tenía 22 años para recomendarme para el Servicio de Traducción Universitario de la Universidad de Granada. Porque para que alguien os dé vuestro primer trabajo, alguien tiene que confiar en ti.

No hablaré ahora de su gran actitud y profesionalidad porque tengo mucho (y bueno) que decir sobre él y sería extenderse demasiado, pero no os preocupéis, que espero poder contároslo la semana que viene. No me refiero a escribir bondades sobre una persona en concreto, sino para que veáis qué podéis hacer vosotros ante un primer encargo, porque os puedo asegurar que, si tuviera que hacer una lista de comprobación de “cosas que le gustan a un cliente o gestor de proyecto”, él las cumple todas e incluso añade nuevas no previstas.

El placer de salir con los amigos mientras tu traducción se hace por otro lado

Llegamos al meollo del asunto, y es que poder darle esta traducción a Álvaro me permitió hacer mi trabajo mejor y también tener vida de la buena (quien me conoce ya sabe que me gusta divertirme) sin preocuparme tanto del trabajo. Y así fue: ahí estaba yo, un miércoles cualquiera, pasando un buen rato con mis compañeros de piso en una cervecería de al lado de mi casa con la tranquilidad de que aquella traducción de 4500 palabras se estaba haciendo “sola”.

Esto puede sonar a esclavitud, así que para que quede claro, el cliente me pagaba a 0,09 $ la palabra (era una agencia) y acordé con Álvaro que yo le pagaba a él 0,07 $ y yo me quedaba con 0,02 $ por gestionar y hacer una revisión rápida. Tenía la certeza de que apenas tendría que revisar y así fue, así que todos contentos. icon smile Si estás hasta el cuello de trabajo... ¡pásalo! Me diréis que es una miseria, pero la alternativa era perder una oportunidad muy chula para los dos donde ganábamos los dos. En unas tres horas en total yo me saqué 90 $ y él mucho más, claro. Hay que tener en cuenta que al ser la primera vez me llevó mucho más tiempo, pero hace poco le he pasado otro proyecto y yo he tocado a unos 40 $ la hora. Estamos hablando de que cuento con la habilidad de alguien en quien confío como si fuera yo, así que no es que revise a 0,02 $, sino que en realidad reviso a 0,04 $ (casi unos 0,03 €) en términos de productividad, porque apenas toco nada (de lo contrario, no me merecería la pena). Y hay que recordar que el trabajo me lo pasa una agencia, no un trabajo directo.

Podría matizar mucho más la historia, pero de nuevo, tampoco quiero extenderme demasiado más. Simplemente quería contaros que, aunque ahora algunos soñéis con que el trabajo os sobre por las orejas y ganéis mucho dinero, llega un momento en el que tienes que replantearte qué es lo que quieres de verdad en la vida, y yo tengo claro que mientras tenga unos ahorros y no tenga necesidad imperiosa, prefiero ganar menos y disfrutar de tiempo libre en lugar de matarme a trabajar si me mandan mucho trabajo. Además, no es “no ganar”, sino ganar “no tanto”, porque si buscamos ayuda en otros colaboradores y tenemos tarifas dignas, seguiremos ganando dinero y conservaremos el cliente (evidentemente, tienes que rodearte de buenos colaboradores, porque la responsabilidad final es tuya).

Y a lo mejor mañana de repente ya no tengo proyectos y tengo que trabajar como un loco en lo que salga, pero mientras tanto, me alegraré de haber tenido tiempo para mí. icon smile Si estás hasta el cuello de trabajo... ¡pásalo!

Nota: Aunque ya lo he matizado en los comentarios, me gustaría recalcar que claro que respeto la confidencialidad de los proyectos cuando la hay y que informo al cliente en la medida de lo posible. Justo en este caso que comento no había problema. No vayáis a pensar ahora que voy pasando por ahí documento de armas nucleares o que venda algo como mío cuando yo ni lo he mirado. icon smile Si estás hasta el cuello de trabajo... ¡pásalo!

El buen freelance (artículo invitado de Juan Pablo Ordóñez)

032111 1033 Elbuenfreel1 El buen freelance (artículo invitado de Juan Pablo Ordóñez)De nuevo cuento con la inestimable colaboración de Juan Pablo Ordóñez, diseñador de videojuegos de reconocida experiencia que ya nos habló hace tiempo sobre la importancia de contar con buenos profesionales de la localización, para compartir con vosotros información más que útil sobre el otro lado de nuestra profesión. Esta vez Juan Pablo nos habla sobre las cualidades ideales de un buen freelance: qué debe hacer, qué no debe hacer, qué puede hacer un freelance para dar confianza a un cliente, etc.

Sinceramente, he aprendido muchísimo de todos sus consejos y estoy seguro de que después de leer esta entrada vosotros también vais a ver las cosas de otra manera. Por supuesto, esta no es la forma particular de trabajar de Juan Pablo, sino simplemente una forma de transmitir lo que pasa al otro lado, ese lado que muchos desconocemos. Una pequeña nota: este artículo es más largo de la habitual, así que recomiendo leerlo en un momento del día en que no estés muy ocupado para no perderte nada (era difícil hacer una entrada dividida con tanta información). Ahora, ¡a disfrutar! icon biggrin El buen freelance (artículo invitado de Juan Pablo Ordóñez)

El buen freelance

Mucho se ha escrito sobre el trabajo como autónomo. Existen incluso manuales donde se explican buenas prácticas y consejos de otros profesionales que, bajo el mismo techo de freelance, comparten su experiencia en este tipo de trabajos. Lejos de entrar en el tema desde el mismo punto de vista, hoy voy a intentar plasmar un poquito de lo que ha sido mi trabajo con este tipo de profesionales hasta la fecha.

¿Por qué contratar a un freelance?

Un freelance ofrece respuestas a preguntas muy concretas, es decir: un buen freelance soluciona problemas específicos, ya que cubre o complementa áreas del desarrollo que necesitan apoyo o de las que carece la empresa en un momento determinado. Además, el tipo de contrato compromete en menor medida a la empresa en cuanto al típico “por obra y servicio”.

Muchas veces a las empresas no les sale rentable contratar a un profesional a tiempo completo, y cubrir un área tan específica y acotada en el tiempo con un freelance es la mejor opción. Asimismo, acceder a una red de profesionales autónomos garantiza una interesante negociación sobre los precios y las condiciones de trabajo, el flujo de trabajo y los términos del contrato.

¿Cuáles son los puntos delicados?

Al menos, a priori, contratar a alguien autónomo no ofrece las mismas garantías que tener a alguien en plantilla de manera permanente en cuanto a control. Podría parecer que la implicación es menor si tenemos a una persona haciendo un trabajo por el que se le va a pagar y soltar aquello de “muchas gracias por todo y ya te llamaré si te necesito otra vez”. Esto depende mucho de la filosofía de empresa, incluso del país donde trabajes, pero he visto en varios casos repetirse el mismo patrón. Es más, a veces es inevitable no mostrar cierta información del proyecto, sensible a todo el que no esté, digamos, “dentro”. Y eso excluye generalmente al pobre freelance.

Aunque la realidad (al menos cuando ha estado en mi mano) apunta en sentido opuesto, generalmente el freelance es visto como alguien que llega, hace un trocito pequeño, cobra, se va y se olvida del proyecto.

Las cualidades del freelance

Como cliente, cuando buscas un buen profesional que trabaje como autónomo, necesitas que se cumplan una serie de cualidades.

El buen freelance

  • Tiene un buen portfolio de proyectos e información sobre los servicios que puede prestar; léase web (mínimo), tarjetas de visita (business cards), folletos digitales descargables e imprimibles, un listado de referencias de clientes satisfechos, acceso al perfil profesional (curriculum) si procede, etc. Ah, y por supuesto, todos los métodos de contacto posibles: correo electrónico, teléfono fijo o móvil, formularios de contacto, etc.

  • Muestra interés por todas las solicitudes de trabajos de posibles clientes; la agenda luego nos dirá si podemos o no llevar a cabo la empresa, pero por muy atareados que estemos, no es recomendable decir un “no” de primeras. No serías el primero que, creyendo que el cliente quiere el trabajo para el próximo mes —período en el que estás a tope de trabajo—, dice que no sin escuchar la propuesta del cliente y descubre, entristecido, cómo la fecha para empezar a trabajar le venía perfectamente. Terminas por perder un cliente potencial por no haber escuchado.

  • Anticipa la carga de trabajo según el tipo. No es lo mismo traducir algo cerrado como un libro o una página web, que hacerlo con un videojuego; es en este último campo donde existen tantísimas dependencias con los contenidos que a última hora suele haber cambios, y bastante grandes.

  • Controla sus pagos. Salvo en el caso de proyectos muy, muy largos, suele ser común cobrar al final, con la entrega del mismo. La forma y fechas de pago deben estar recogidas en el contrato, así como la forma de trabajo y un largo etcétera. Eso sí, el tema económico es uno de los más delicados, así que si prevés que vas a necesitar el dinero urgentemente y el proyecto va a durar dos años, negocia entregas parciales de porcentajes del pago total. Si sabes negociar, incluso puede que consigas algo por adelantado, una vez firmado el contrato. Pero no lances un órdago demasiado pronto; estas cosas solo suelen funcionar a los más veteranos, con prestigio profesional de sobra como para saber que, incluso adelantándoles dinero, van a responder con total seguridad.

  • Se cubre las espaldas. Tu trabajo empieza y termina donde lo hacen las fechas firmadas en el contrato. Todo lo que salga de ahí deberá ser recogido en cláusulas especiales, de manera que tus cálculos de beneficios siempre estén bien ajustados. Por no tener estas cosas bien atadas, muchos clientes terminan por aprovecharse del autónomo y le exigen cambios o añadidos después de lo que se supone que ha sido un cierre de proyecto.

  • ¡Tiene un buen abogado! Esto, que parece tan obvio, deja desprotegidos a muchísimos profesionales. Tanto los contratos que firmes para y con los clientes, la protección de datos de los mismos y tu propia actividad profesional, deben estar asesoradas por un buen abogado. Y, ante la mínima duda de cualquier tipo, ¡consúltale!

  • Es constructivo y contribuye (sin excesos). A nadie le amarga un dulce; si tu cliente ve que tu interés va un poquito más allá de lo que pone el contrato y contribuyes positivamente de alguna manera al proyecto, su opinión sobre ti mejorará considerablemente, y posiblemente pases a ser una de las primeras opciones en próximos proyectos. Ojo, no hablamos de regalar trabajo, sino de pequeños detalles como sugerencias en la organización de la información que, por tu experiencia, sabes que funcionarán mejor (no olvides citar las fuentes, teorías o trabajos previos que atestiguan tu propuesta). Generalmente con un par de líneas basta. Pero no seas demasiado entrometido, solo sugiere allá donde honestamente veas que se puede mejorar algo. Incluso los propios desarrolladores a veces no lo tienen fácil para hacer este tipo de sugerencias, y hablamos del equipo interno de la empresa.

  • Se informa sobre el proyecto y todo lo que engloba. Nadie sabe de todo, y echar un vistazo por Internet o preguntar a otros compañeros sobre un determinado proyecto de un campo que desconocemos nunca está de más. En videojuegos, una de las cosas más valoradas es que el localizador entienda a la audiencia (comúnmente llamada target o público objetivo), y sepa o aprenda (esta última palabra es vital) a desenvolverse en su propio escenario, lo que implica desde utilizar un vocabulario más o menos técnico, hasta entender las bromas del original y usar las propias del perfil que va a jugarlo.

  • Es positivo. Los cómics de Pepe Gotera y Otilio, dos fontaneros chapuceros, recuerdan mucho a esos profesionalillos que, antes de si quiera comprobar las tuberías, ya están diciendo lo desastroso que está todo, lo mal que lo han hecho los que han tocado ahí antes que él y, por supuesto, la gran suerte que tiene el cliente de haber dado con él, el “gran salvador”… Y no olvidemos que los “grandes salvadores” siempre tienen grandes precios. Lejos de darte importancia, caché y glamur, esta actitud (bastante común sobre todo en perfiles más junior), restará credibilidad y profesionalidad a tu imagen como tal. Sea como sea tu trabajo. En resumen: no te des importancia; ya te la dará el resultado de tu trabajo.

  • Es discreto. Cometer faltas de ortografía y gramática es algo, por desgracia, a la orden del día. Como profesionales de la localización y dominadores de las letras, muchas veces el texto que os llegará tendrá todo tipo de incorrecciones. Lejos de alertar al cliente sobre ello, limítate al principio a localizarlo. Recuerda que es tu cliente y no tu alumno. Si tienes la ocasión de corregirlo y se trata de algo pequeño y asumible, propónselo al cliente discretamente. Si el texto es una auténtica carnicería lingüística, cruza los dedos y pon unas velas al pobre guionista, porque seguramente su cabeza acabe rodando por el suelo.

  • Ve la fecha de entrega como el último límite, no como el objetivo. Intenta terminar un poco antes de la fecha límite. Piensa que, a la hora de dar estimaciones de tiempos de trabajo, siempre hay que contar con un pequeño margen de error que te cubrirá las espaldas ante cualquier imprevisto: problemas con Internet, ordenador estropeado, reinstalación de programas, retraso por la dificultad del texto, temas personales varios, etc.

  • También es más que recomendable adaptarse a los formatos y forma de trabajo del cliente. Salvo excepciones muy contadas, en la industria de los videojuegos existe un sistema por debajo que usa un tipo de archivos concreto, con un formato específico. Suele ser algo tedioso, pero existe una justificación a nivel de tecnología por la que se hace así.

No es aconsejable para el freelance

  • No dar señales de vida hasta la fecha de entrega. El cliente necesita tener la seguridad de que todo va correctamente. En producción se trata de tener siempre al día el estado del proyecto para que todo funcione correctamente en la cadena de desarrollo. Una de las cosas más críticas para lograrlo es identificar los problemas lo antes posible para ponerles solución, lo que incluye llevar un seguimiento no solo del equipo interno, sino también de los profesionales contratados como autónomos. Si tu trabajo va a durar bastantes días (y esto es más crítico cuanto mayor sea la duración del proyecto), mantén contacto con tu responsable en la empresa.

  • No dividir el trabajo en entregas parciales. La continuidad es toda una ventaja cuando se trata de asegurar que el producto, en este caso el documento con las traducciones, estarán listas a tiempo; dejarlo todo de golpe para entregarlo el último día genera desconfianza y, además, suele dar pie a imprevistos. Uno de los más típicos llega a la hora de integrar los textos nuevos con la tecnología del proyecto; hay problemas con las fuentes, los tamaños de los cuadros de texto… Recuerdo un caso en el que al traducir un juego al chino e integrar los caracteres propios del idioma, toda la maquetación se fue por el retrete, hubo que rehacer gran parte del interfaz, y preparar una versión específica para China. Todo ello con el consiguiente gasto, sobreesfuerzo y descuadre en los presupuestos. Aunque esto suele ser responsabilidad del cliente por la tipografía elegida, tamaños, etc., no olvides ser cauto con la cantidad de texto que incluyes al hacer la localización. Trata de que tu traducción tenga más o menos el mismo número de caracteres (incluyendo espacios) que el original.

  • Incrementar los costes después de hacer un presupuesto. De acuerdo, la primera estimación ha resultado demasiado generosa hacia el cliente y hemos hecho un presupuesto final más barato de lo que deberíamos. Ahora, ¿qué hacemos? Lo más recomendable es mantenerlo; como cliente, cuando te cambian un presupuesto —y no es para abaratarlo—, lo que te llega es una sensación de inseguridad, o directamente de querer sangrarte porque el freelance se ha dado cuenta de que tienes más dinero del que creía en un principio. Realmente no es así, y lo más probable es que haya un error de cálculo, pero resulta especialmente peliagudo incrementar los costes al cliente, sobre todo después de haber adquirido un compromiso. Eso sí, puedes decir que ha habido un error en el envío del archivo y reenviarlo de nuevo, siempre y cuando sea inmediatamente después de haber mandado el primero. Entonces, asumir un error tiene poco o nulo coste, y permites reaccionar al cliente sin que este haya empezado a trabajar en base al presupuesto “erróneo”. Al principio es fácil caer en errores a la hora de estimar, pero con el tiempo irás afinando y reconociendo qué tipo de clientes merece mimar un poco más u ofrecerles tarifas especiales, sobre todo si tienes previsto (y preferiblemente firmado) colaborar en algún proyecto más.


En definitiva, el freelance que quieres contratar…

  • Está preparado para todo: pone toda la información a disposición del cliente, los servicios que hace, métodos de contacto y toda facilidad posible para atraer, convencer y mantener a los clientes.
  • Tiene un buen abogado que le ayuda y asesora en la redacción de los contratos, trabajo con el cliente, protección de datos, etc.
  • Cuida su imagen profesional.
  • Es positivo y constructivo, y se preocupa por el producto que tiene entre manos, al margen de gustos personales.
  • Tiene claro el presupuesto desde el primer día y no hace cambios a posteriori a no ser que vengan seguidos de cambios pedidos por el propio cliente.
  • Nunca espera hasta el último día para mandar el trabajo (ni para terminarlo), y es cauto con la planificación.
  • Sabe adaptarse y contribuir constructivamente a la metodología y procesos de producción del cliente.
  • Es discreto.
  • Controla los pagos y la rentabilidad del proyecto desde el primer día.

Ser freelance y no morir en el intento no es nada fácil: no solo tiene que estar a la altura (o por encima incluso) de las expectativas de la empresa que lo contrata, sino que debe mantenerse a flote con unos precios competitivos y una calidad de su trabajo excelente. Así que, si eres freelance, mucha suerte y ánimo. Sé positivo y cauto, y piensa que las decisiones que te vengan de quien te contrata, en ocasiones acertadas y en otras puede que no tanto, son al fin y al cabo las de quien te va a pagar. Quizá parezcan descabelladas o incluso raras, pero “quien paga, manda” y eso es algo que todos tenemos en común. Y si tienes dudas, pregunta a compañeros de profesión. Sitios como Algo más que traducir son un lugar estupendo donde compartir experiencia y aprender.

Juan Pablo Ordóñez
Senior Game Designer

P.D. 1: Seguro que Juan Pablo agradece recibir comentarios sobre su artículo, así que… ¡el campo de los comentarios está calentito! icon biggrin El buen freelance (artículo invitado de Juan Pablo Ordóñez)

P.D. 2: Si te has quedado con ganas de más, recomiendo echarle un vistazo al artículo Freelancing from the Client’s Perspective del estupendo blog FreelanceFolder. icon smile El buen freelance (artículo invitado de Juan Pablo Ordóñez)

Cómo añadir valor a tus servicios de traducción

valoranadido Cómo añadir valor a tus servicios de traducciónSi en la entrada anterior daba algunos consejos sobre cómo conseguir un encargo de traducción, esta vez os voy a hablar de lo importante que es ofrecer un valor añadido para fidelizar al cliente. Si el primer paso era dar confianza, el segundo paso es mostrar interés por lo que hace nuestro cliente. Veamos cómo hacerlo.

Haz (buenas) preguntas

Por la experiencia que tengo, a muchos clientes les gusta que les preguntes. Si tienes que traducir 6000 palabras de una aplicación y el único mensaje que intercambias con el cliente es el de “aquí tiene su traducción”, o la traducción era la mar de sencilla o algo falla.

Y no solo lo digo yo: cuando hace un año hice unos cuantos encargos para un cliente importante, uno de los revisores de la empresa me confirmó que, efectivamente, prefería que los traductores le hicieran preguntas para solucionar problemas a tiempo y para que aprendieran.

Y sí, puede que en un manual no sea tan evidente, pero cuando se trata de elementos de una interfaz, siempre hay algo que te plantea dudas si no tienes contexto, especialmente si se trata de cadenas de texto combinadas con variables.

Informa de errores en el original

Todos somos humanos y la experiencia me demuestra que hasta los documentos originales, que en muchos casos son traducciones, contienen errores. No tanto de contenido, sino de erratas o incoherencias terminológicas. Por tanto, avisar al cliente de un doble espacio o una errata da buena impresión y normalmente lo agradecen.

Por supuesto, tampoco hay que pasarse si hacemos sugerencias en cuanto al contenido si son detalles de poca importancia. A menos que lo veamos muy claro, a veces es mejor no decir nada para no poner en duda al que lo ha escrito, ya que puede ser el propio cliente.

Anticipa problemas y plantea soluciones

Si se usa el término localización de software y no traducción de software es por algo. Para que os hagáis una idea, hace poco traduje una aplicación de iPhone que contenía los días festivos de varios países. Al llegar a España, y como había días repetidos, no podías cambiar “Epifanía” por “Día de los Reyes Magos” y claro, un español espera ver este nombre. Además, faltaba algún día de fiesta nacional.

Podría haber traducido todas las cadenas que tenía que localizar y ya está, pero se lo comenté al cliente y muy gustosamente añadió los nuevos días. No solo me gané unos centimillos más (el esfuerzo no compensa solo por eso), sino que el cliente me lo agradeció mucho y al terminar el proyecto me dijo que quería contar conmigo para otra aplicación que estaba programando.

¿Y cómo tomo nota de todo?

Supongo que habrá varios métodos, pero yo lo que hago es usar una hoja de Excel como esta y voy anotando todo lo que me plantea problemas. Gracias a este sistema, me es fácil llevar un orden de todo y, lo más importante, el cliente puede ver de un vistazo todos los problemas sin tener que marearlo con intercambios de correos.

De hecho, se me ocurre que con un programa de la “nube” como Google Docs se puede agilizar mucho el proceso, pero claro, si tratamos con material confidencial, no sé yo si le hará mucha gracia al cliente.

Y tú, ¿cómo añades valor a tus servicios de traducción?

Métodos para revisar una traducción: ¿cuál es el mejor?

proofreading1 Métodos para revisar una traducción: ¿cuál es el mejor?Algunos comentarios de dos entradas recientes me han hecho reflexionar sobre cuál es el mejor método para revisar una traducción (aunque puede ser cualquier escrito en realidad). Como todo, cada método tiene sus pros y sus contras, y aplicar uno u otro dependerá de varios factores como el tiempo disponible antes de realizar la entrega.

En primer lugar, creo que algo muy importante antes de enviar nada a un revisor es hacer una autorrevisión. Es inevitable que pasemos por alto varios fallos porque ya tenemos una idea formada sobre el texto, pero en esta fase podremos corregir problemas gramaticales u ortográficos (ya he hablado sobre recomendaciones para el control de calidad de una traducción), problemas de coherencia y reformular frases raras que impiden una lectura fluida.

Idealmente, la autorrevisión la haremos pasadas unas horas después de terminar la traducción, aunque esto no es siempre posible en la realidad profesional. No obstante, si sois estudiantes y no os han metido demasiada prisa, puede ser bueno que pasen uno o dos días para dejar “reposar” la traducción.

Una vez que hayamos llevado a cabo la autorrevisión, tenemos dos formas de proceder: o le entregamos el texto a un revisor y nos despreocupamos ya de él para siempre (lo llamaremos “edición”), o bien el revisor se encarga de hacer comentarios sobre nuestra traducción, nos entrega su informe y nosotros corregimos lo que creemos oportuno (a este método lo llamaremos “validación”).

El método “edición”

En este caso, la responsabilidad pasa totalmente al revisor, que es quien tiene la última palabra. Si el traductor original no le puede volver a echar un vistazo al documento antes de entregarlo, da igual que el traductor haya hecho un trabajo excelente si el revisor se ha dedicado a hacer cambios de estilo innecesarios y ha introducido errores: el texto final “es” del revisor. Del mismo modo, al menos podemos dormir tranquilos sabiendo que no ha sido culpa nuestra.

Esto les ha pasado a muchos y, desgraciadamente, seguirá pasando. Si en el control de calidad no participan profesionales cualificados, es inevitable que el texto también empeore. En parte, es comprensible: imaginaos que tenéis un texto maravillosamente traducido y os pagan por revisarlo. ¿No sentiríais la necesidad de cambiar cosas para demostrar que habéis hecho algo? Eso es en realidad otro problema del que me gustaría hablar en otra ocasión, y es que pocas veces se nos enseña a revisar el trabajo de otros. ¡No hay que buscar donde no hay!

Ahora bien, cuando el tiempo apremia, no hay duda de que este método es mucho más rápido. Si el texto es muy largo y el plazo de entrega es justo, nos guste o no hay que cambiar el chip y prescindir incluso de la autorrevisión, ya que el revisor puede trabajar a medida que el traductor sigue trabajando. Esto es bastante importante cuando hay varios traductores en un mismo proyecto.

Esto contradice el segundo párrafo de este artículo, en el que digo que la autorrevisión es fundamental, pero se entiende que en este caso es un mal necesario y que requerirá un mayor esfuerzo por hacer las cosas bien desde el primer momento o bien fomentar la colaboración entre el traductor y revisor a través de comentarios (por ejemplo, si el revisor descubre que un término está mal traducido, puede avisar al traductor para que no vuelva a cometer el fallo).

El método “validación”

Algo que he aprendido estos dos últimos años es que el traductor sí que puede tener la última palabra y que, en general, suele ser lo mejor. En este método, el revisor actúa como un traductor que da una segunda opinión a un texto sobre el que no ha tenido que tomar decisiones. De esta forma, actúa casi como un primer lector ideal del texto, solo que profundiza mucho más en la lectura y piensa en cosas que podrían mejorar el texto.

Evidentemente, esta forma de trabajar requiere de más tiempo. No solo porque el revisor tiene que justificar por escrito los cambios que haría, sino porque luego el traductor tiene que leer todos los comentarios y aplicar los cambios en su archivo. Si hay un montón de archivos, ya ni os cuento el tiempo que esto supone.

Lo bueno de este método es que se evitan situaciones desagradables, como descubrir que el revisor ha introducido erratas o que ha cambiado frases que estaban bien (ojo, no estoy diciendo que esto siempre sea así). Asimismo, nos permite aprender de nuestros errores.

Conclusión

En función de la situación del encargo de traducción, un método será más efectivo que otro en términos de rentabilidad. Si el texto es relativamente sencillo, bastará con que un revisor edite el texto para solucionar errores menores. Si en cambio el texto es de carácter creativo como un videojuego o un libro, convendrá tener una segunda opinión más que un editor en lugar de un editor siempre que los plazos lo permita.

Mirando de cara a la Universidad, también creo que el sistema de validación es el más apropiado. Además, se puede compensar siendo una vez el traductor y otra el validador (pero nada de documentalista y terminólogo, que la experiencia me dice que eso es mejor que lo haga directamente el traductor, no otra persona).

Y a vosotros, ¿qué método os parece mejor?

Página 1 de 212