Tras un año como Licenciado en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada y con el mismo tiempo de experiencia profesional (dividida en los perfiles de traductor inglés-español, ingeniero de localización y programador), me gustaría compartir con vosotros lo que pienso de la formación universitaria en traducción técnica desde el punto de vista de la realidad profesional. Obviamente, los ejemplos son de la formación que recibí en la Universidad de Granada, por lo que en otras universidades la situación podría ser distinta.
En primer lugar, la formación recibida no es mala, pero tampoco la mejor. Ya lo decía en 2002 Ricardo Muñoz, mi profesor de traducción científica y técnica. No obstante, y aunque me duela, después de un año discrepo en algunas cosas de su forma de enseñar (por supuesto, es simplemente una opinión mía no puesta en práctica; tengo mucho que agradecerle).
Por ejemplo, una de las metas propuestas era traducir a 500 palabras por hora, lo cual es perfectamente factible porque mis compañeros y yo finalmente lo logramos. Pedagógicamente hablando, me parece perfecto que haya un mínimo de palabras traducidas por hora para deshacerse de malos hábitos y poner más atención a las cosas realmente importantes (porque tirarse dos horas debatiendo con los compañeros qué frase queda mejor para un texto de 250 palabras, pues como que no). Sin embargo, a mi modo de ver, este planteamiento presenta dos problemas:
- Se presupone que cualquier texto, sea especializado o no, va a tener una dificultad similar, cuando esto no es cierto. Así pues, no es lo mismo traducir una web de una empresa de servicios de exportación de carácter general que un manual de un dispositivo médico complejo. No creo que un manual técnico con abundante terminología especializada se traduzca bien traduciendo a 500 palabras por hora. En efecto, es posible hacerlo a esa velocidad, pero la calidad de la traducción podría verse resentida si encima no somos especialistas (cosa que, con 22 años, seguro que es así).
- Puede crearte un hábito de traducir rápido y preocuparte más por las palabras traducidas que por la calidad. Parece una tontería, pero tras un año así tuve muchos batacazos precisamente por estar controlando el número de palabras traducidas más que la calidad (por ejemplo, traducía segmentos y no los volvía a leer hasta que hacía la revisión final). Si cobras una miseria lo entiendo, pero si te pagan bien puedes olvidarte de esto.
Otra historia es que en un texto de 20.000 palabras acabes traduciendo de media 500 palabras por hora (o incluso más) de forma global. Es decir, al principio tienes que buscar muchos términos y documentarte bastante y vas muy lento, pero según vas avanzando encuentras la misma terminología y sabes más del tema que traduces, lo que te ayuda a traducir más rápido y con mejor calidad. ¿O acaso no creéis que traduciríais mucho más rápido y con más conocimiento de causa un texto sobre informática que uno jurídico si vuestra especialidad son los ordenadores?
En otro orden de cosas, y esto es algo ya más delicado, creo que se debería tratar con bastante profundidad la traducción de manuales de instrucciones. En mi experiencia profesional, casi toda la traducción técnica que se hace tiene que ver con manuales. Por supuesto que hay que tratar otros tipos de textos como artículos científicos (si bien lo normal es que la traducción sea del español al inglés y no al revés en este caso) o páginas web de contenido técnico, pero en mi opinión lo más importante es conocer la fraseología típica de los manuales e incidir en la precisión de las oraciones y términos para no andarse con rodeos. Del mismo modo, es importante conocer los recursos y estrategias más importantes que tiene el traductor para documentarse. Para resumir: hacer una mejor selección de textos.
La traducción de manuales técnicos está muy relacionada con el siguiente y último aspecto que me gustaría señalar: el uso de las memorias de traducción. Nos guste o no, hoy día es impensable traducir profesionalmente sin usar un programa de traducción asistida como SDL Trados o SDLX, más que nada porque en la mayoría de los casos el cliente va a saber que hay frases que se repiten o son similares y que, por tanto, no las va a pagar igual. Y en caso de que no sepa lo que es una memoria de traducción, al traductor le vendrá muy bien reutilizar su trabajo.
Os lo digo muy sinceramente: el mundo profesional de la traducción técnica me ha decepcionado mucho con respecto a la idea que tenía en un principio. Recuerdo cuando intentaba absorber todo lo que podía de mis profesores y de artículos de profesionales como Xosé Castro y cimentaba mis ideales como futuro traductor. Pero eso ya forma parte del pasado. Las memorias de traducción han llegado para quedarse por siempre jamás entre nosotros, por lo que esa visión del traductor que piensa en todo momento en el lector final y tiene libertad de suprimir frases por ser innecesarias se ha esfumado, tristemente, de mi cerebro.
Os cito una idea que me gustó muchísimo en su momento de Xosé Castro en su artículo El ciberespanglish, el español comercial y el español neutro en la Red:
Hace tiempo, un cliente me pidió que tradujera el manual de instrucciones (eso que ahora se llama guía del usuario) de un cd-rom de juegos que empezaba más o menos así:
- Make sure you have a cd-rom drive.
- Open the cd-rom drive.
- Insert the Xyz cd-rom in the cd-rom drive.
- The Setup program will start automatically.
- Follow the instructions on the screen.
Y yo lo traduje de este modo:
- Introduzca el disco de Xyz en la unidad.
- Siga las instrucciones que aparecerán en la pantalla.
En el contexto sociocultural de los Estados Unidos, se redactan así los textos para evitar que el usuario cometa un error y demande a la empresa por una incorrecta redacción de sus instrucciones, pero yo dudo que un lector hispanohablante meta el disco del juego en otro sitio que no sea la unidad de cd-rom. Mi cliente se echó las manos a la cabeza cuando vio mi osadía supresora, pero se calmó bastante cuando vio —sin que mediara previo acuerdo entre nosotros— que el traductor francés había hecho lo mismo en su versión.
Sin embargo, con las memorias de traducción no tenemos potestad para hacer este cambio porque no podemos alterar el original (bueno, si es un documento de Word es más fácil). Así pues, se acabó el pensar si una frase es necesaria o no según la cultura. Somos traductores, no redactores.
Por tanto, creo que el uso de herramientas de traducción asistida no debería estar relegado a una asignatura de informática en tercer año de carrera, sino que estos útiles deberían integrarse en el aula de traducción. Solo así el futuro traductor estará más cerca de lo que le va a exigir el mercado. Comprendo que haya problemas para adquirir licencias legales, pero bueno, es cuestión de negociarlo. Además, en el caso de la Universidad de Granada, los ordenadores de la Facultad de Traducción e Interpretación cuentan con licencias para Trados (la versión 5.5 que es algo antigua, pero menos da una piedra), así que no es excusa. Y si no se pueden usar licencias porque los alumnos deben traducir en casa, siempre quedará recurrir a herramientas de software libre como OmegaT.