A petición de Eva Paris de Papel en blanco, que habla sobre la existencia de una novela escrita sin la letra ‘e’, rescato uno de los primeros artículos sobre traducción subordinada de este blog para publicar la traducción sin la letra ‘e’ que hice del relato corto The Whale Tooth del escritor estadounidense Jack London. Aviso de antemano que mi calidad literaria deja que desear y que el objetivo de la traducción era más un ejercicio que otra cosa, por lo que en más de una ocasión la expresión es bastante artificial. Además, al ser una traducción no podía cambiar la historia porque sí. ¿Cómo explicar diente de ballena o misionero sin la letra ‘e’? Lo único que contiene la letra ‘e’ son los nombres propios.
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Traducir sin la letra ‘e’: un pasito más
Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 31/12/2007
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Subtitulación de cortos
Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 07/12/2007
Una de las formas más bonitas de ganarse la vida sería subtitular cortos al inglés —lingua franca para los vídeos presentados en los festivales—, y es por ello que me parece muy interesante incluir algún tipo de actividad relacionada con el mundo audiovisual en una asignatura de traducción inversa. Evidentemente, es difícil ganarse las habichuelas únicamente de esta manera, pero estoy convencido de que tiene que ser una actividad apasionante. Si bien no traduciríamos a nuestra lengua materna y por tanto deberíamos solicitar los servicios de un revisor nativo de inglés profesional, contamos con la ventaja de que deberíamos comprender tanto el idioma como la cultura del original, algo que se convierte vital en determinadas situaciones.
Por estas fechas del año pasado tenía que entregar para clase una traducción español-inglés tras plantear un encargo de traducción real que yo mismo debía elegir, por lo que traté de innovar un poco y subtitulé al inglés el cortometraje La ruta natural, obra que conocí gracias a un DVD incluido en la revista para cinéfilos Fotogramas. La experiencia fue fascinante, ya que, además de disfrutar con un encargo sumamente atractivo (ya cansaba traducir tanto texto turístico), había un gran reto: verter al inglés un mensaje en el menor número de caracteres posibles, pues en este corto las imágenes son muy importantes.
Así pues, aprovechando que ya escribí bastante sobre el tema desde un punto de vista personal, os dejo con el corto subtitulado al inglés (sé que contiene algún error) y con el exhaustivo informe que elaboré sobre el encargo de traducción en el que se detallan tanto el proceso de subtitulación desde su vertiente tecnológica como los diferentes problemas de traducción encontrados y las soluciones que apliqué. Que los disfrutéis.
Informe sobre la subtitulación al inglés del corto La ruta natural (PDF)
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Traducir letras de canciones para cantarlas
Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 30/06/2007
Algo que jamás pensé que fuera a hacer era traducir una canción de manera profesional en la carrera, aunque tampoco creo que haga algo semejante en el mundo laboral a corto plazo. Lo que sí es cierto es que traducir canciones huyendo de la literalidad es un gran ejercicio de creatividad, especialmente si se dan las condiciones que describo a continuación.
El encargo que propuso a nuestra clase el profesor de traducción literaria y divulgativa fue traducir entre todos las letras del musical de Cabaret… para cantarlas. Por tanto, no bastaba traducir el significado del mensaje original, sino que había que jugar con el lenguaje para que el ritmo original de la canción no se viera alterado, algo más difícil de lo que parece sobre todo si no se cuenta con un buen oído —ejem—.
Como algunos habréis imaginado, traducir letras para cantar es otro ejemplo de traducción subordinada. De hecho, creo que es uno de los casos de este tipo de traducción más difíciles de resolver en el menor tiempo posible (léase como productividad para los empresarios).
Al tener que ajustar la traducción al ritmo de la música, no hay más remedio que traducir escuchando la letra original, medir los golpes de voz de la línea que se traduce y hacer una propuesta de traducción que intente reflejar en la medida de lo posible el significado del original a la vez que suene bien al oído.
¿Y cómo sabemos si nuestra traducción encaja con el ritmo original? Nada más sencillo y complejo a la par como cantar nosotros mismos nuestra creación. Si se tiene buen oído ya tenemos bastante recorrido; de lo contrario, tendremos que esforzarnos más y repetir varias veces hasta quedar satisfechos, no sin antes preguntarle a otra persona (con conocimientos sobre música a ser posible) qué le parece.
Si os digo la verdad, yo, que soy un negado para la música, disfruté como un niño traduciendo las letras de Cabaret de Mein Herr, Perfectly Marvellous y What Would You Do. Al principio, con Mein Herr, me costaba un montón y no podía presumir precisamente de haber realizado una gran traducción, pero con el apoyo del profesor y mucha dedicación creé algo medio digerible. Una recomendación vital que aprendí fue utilizar y conectar dos palabras que terminen y empiecen por vocal, pues luego es mucho más fácil cantar sin ir a tropezones.
Sin duda alguna, la canción con la que más contento me quedé fue Perfectly Marvellous, porque es bastante rapidita y creo que supe encajar bastante bien todos los ritmos. Y de verdad, es genial cantar de carrerilla una canción que, en cierto modo, ¡has creado tú! A pesar de que ya tenía una versión más o menos definitiva, todos los días ensayaba la canción y siempre modificaba algo.
El aliciente de traducir What Would You Do fue que, conforme traducía, pedía consejo a un amigo aficionado a cantar y con ciertos conocimientos de voz. Fue entonces cuando comprobé por qué es fundamental tener cierto don para la música para traducir canciones, pues era genial decirle «esta frase quiere decir esto» y tras dos segundos hallar una solución que encajara con el ritmo de la música y fuera fiel al original. En definitiva, un rato de diversión y aprendizaje cien por cien.
A pesar de que hay muchas páginas dedicadas a la traducción de letras de canciones como Letras de canciones traducidas o letrastraducidas.com, os animo a que si tenéis una canción especial o varias en una lengua extranjera que dominéis, hagáis la prueba. Incluso podéis mejorar las versiones de Grease o El Fantasma de la Ópera si no os gusta la traducción que hay ya. ¡Quién sabe si descubrís tener un don para esto!
Yo, de momento, os dejo con mi traducción de Perfectly Marvellous; eso sí, hay que escuchar la canción para que tenga gracia.
[SALLY (hablado)]
¿Sabes, Cliff? Creo que la gente es maravillosa… fabulosa.
¿Eh? ¿Tú no lo ves así?
Es que yo no creo que la gente tenga que ir por ahí dando explicaciones.
Por ejemplo, si me pintara las uñas de verde,
que por cierto, sí que me las pinto de verde,
y luego alguien me pregunta que por qué,
pues contesto que me parecen bonitas porque así lo siento.
Así que si te preguntan sobre lo nuestro,
pues haces dos cosas: o dices que estamos viviendo
juntos en delicioso pecado, o bien cuentas la pura verdad, y dices:
Me fijé en esta preciosa mujer
de aquel maravilloso lugar
nada más celebrar
que entraba un año súper genial.
Cogí el teléfono y oí esa voz
tan dulce
mi soledad ya por fin se esfumó
qué emocionante.
Qué bellos poemas canté,
con mi acento extranjero, oh yeah
perpleja se quedó
nada más escuchar mi canción.
Ahora esta preciosa y bella mujer
está en una hermosa habitación
y juntos vivimos
un gran amor lleno de exaltación.
[CLIFF (hablado)]
Oye Sally, creo que esto no funcionará.
Me vas a distraer.
[SALLY (hablado)]
¿Distraer? No… ¡inspirar!
Maravillosas historias contó
de su loca y chiflada vida
que quizás algún día yo
pueda escribir como autor.
Y como fui a Berlín a buscar
a mi musa
qué suerte ha sido poder encontrar
tanta lujuria.
Y maravilloso también
es su perfecto acuerdo de estar
quietecita como un ratón
cuando trabaje de autor.
Vaya una vida tan buena tengo
en mi maravilloso salón
con esta casi invisible
y maravillosa mujer.
[CLIFF (hablado)]
Sally, no tengo dinero. ¿Acaso tienes tú?
[SALLY]
Pues tengo… ¡seis marcos!
[CLIFF]
¡Ay, Dios!
[SALLY]
¡Vamos, Cliff! ¡Sólo uno o días, venga!
[CLIFF]
Me fijé en esta adorable mujer
de esta hermosa y linda ciudad
cómo lo haría ella que
en mi habitación se quedó.
[SALLY]
¡Venga, Cliff!
[CLIFF]
Pero no sé si esto podrá llegar
a buen puerto
qué estrecha mi cama es, me dirás.
[SALLY]
Ya lo veremos.
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Traducir sin la letra ‘e’
Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 05/06/2007
A raíz de una conversación con un compañero de facultad sobre 253, me he equipado con mis mejores armas para seguir hablando sobre traducción subordinada en el mundo de la literatura y el valor pedagógico que conlleva este tipo de traducción.
Al escribir, tenemos total libertad para decir lo que nos pasa por la cabeza con total libertad de estilo; otra cosa es que éste resulte fácil o pesado de leer. Pero además, podemos redactar de forma que captemos la atención de ciertos lectores de una manera especial, ya que no todos serán conscientes del porqué de nuestro estilo. Es más que probable que si alguien lee —yo me incluyo— una novela como 253 ni siquiera se percate de que cada ficha de los viajeros del metro consta exactamente de 253 palabras.
Como ya comenté, el traductor ha de superar felizmente los retos que plantea una traducción subordinada. Por tanto, ¿qué mejor manera de tener un primer contacto de traducción subordinada en la Universidad?
En la asignatura de Traducción Literaria y Divulgativa del inglés al español de la Universidad de Granada se plantea a los alumnos un ejercicio muy creativo: traducir en dos semanas un cuento de unas 3.500 palabras de forma individual… sin usar la letra ‘e’. A mí la verdad es que me pareció una labor ciclópea desde un principio, porque… ¿cómo demonios escribo sin usar la preposición ‘de’? ¿Y cómo utilizo verbos reflexivos? ¿Sabéis que hasta aquí he utilizado la letra ‘e’ unas 146 veces?
Pues sí, es posible. Y no lo digo sólo por mí, sino por el resto de compañeros que también lo lograron. Unos con mejor fortuna que otros —no es mi caso—, pero lo logramos.
Creo que es un ejercicio muy bueno de creatividad, pues todo el texto es en sí un problema de traducción impuesto por el encargo. Yo mismo pensé que se trataba de una tontería, pero ahora que ha pasado la tormenta y además he visto que hay casos parecidos de traducción subordinada, agradezco que se me haya brindado tal oportunidad.
Ahora bien, no fue nada fácil, especialmente los primeros párrafos en los que no sabía si tirar el ordenador por la ventana o darme cabezazos contra la pared. Ni que decir tiene la cara que se me ponía cuando creía que había conseguido traducir un párrafo sin la ‘e’ y el procesador de textos me decía que había encontrado dos veces la letra ‘e’.
Pero poco a poco, en vez de desesperarme y armado de diccionarios de sinónimos como el de WordReference, logré traducir cada vez más rápido (dentro de lo que cabe) y darle solución antes a los problemas de expresión a los que me enfrentaba, y sin comerlo ni beberlo me topé con que había traducido un cuento sin usar la condenada letra. Obviamente, había cosas que podrían expresarse mejor.
En su momento pensé que el principal valor pedagógico de este ejercicio era potenciar la creatividad. Así lo sigo pensando, pero ahora que ha pasado el tiempo lo que creo es que es un verdadero ejercicio de saber ser buen traductor, de no desmoronarse ante una adversidad, y de darle solución a tantos problemas como nos encontremos aunque todo sea en sí un problema. Y si bien unos habrán resuelto mejor o peor esta gran complicación, lo importante es que han sido capaces de resolver los inconvenientes encontrados. Éste es, mi opinión, uno de los valores más importantes que se deben transmitir en una facultad de Traducción e Interpretación.
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253 (o un ejemplo de traducción subordinada)
Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 03/06/2007
Leo en Curioso pero inútil (CPI) y Microsiervos la reseña de una ¿novela? llamada “253″. Interesante título para un libro, sí señor. Pero, ¿qué se esconde tras las páginas de un texto bajo semejante título? Nada más y nada menos que la ficha de todas las personas que viajan en los distintos vagones de un metro. Recomiendo leer las reseñas de CPI y Microsiervos para tener un análisis más detallado de la obra, ya que esta entrada no pretende ser eso mismo, aunque os dejo con las siguientes pocas líneas de la introducción:
Un tren de metro consta únicamente de siete vagones. ¿Por qué? El número parece raro. Ocho sería más redondo, más cómodo. Tal vez sea un siete para la buena suerte. Cada uno de los vagones consta de 36 asientos, lo cual significa que la ocupación ideal de un tren que no estuviera atestado ni perturbadoramente vacío sería de 252 pasajeros, más el conductor. Esto daría un total de 253 personas.
Y vosotros os estaréis preguntando, ¿qué tiene que ver esta novela (que aún no he leído pero que espero hacerlo cuando pueda, ya que su origen está disponible en Internet) con la traducción subordinada? Pues simplemente que la gracia de ella consiste en que las fichas de todos los viajeros tienen 253 palabras… en inglés. Es decir, que al trasladar el contenido de esta novela a otra lengua diferente, será necesario hacer algo más que traducir si se quiere respetar la gracia del original que, seguro, no todos observarán.
En el caso de la traducción al español, la traductora parece haber llevado a buen puerto tal titánica tarea a pesar de alguna errata en las notas a pie de página o la ausencia de alguna palabra que rompe parcialmente una oración. Es decir, fallitos que para algunas personas (y más bien profesores) creerán motivo de baja calidad, pero que en su conjunto, al menos para mí, son subsanados por el texto global (vuelvo a recordar que no he llegado a leer el libro).
Todo esto nos lleva a la cuestión de los entresijos y la dificultad de traducir. Creo firmemente que en textos como el que nos ocupa se reflejan las cualidades de un buen traductor, como la creatividad, la superación (porque no creo que todo traductor se enfrente a este reto todos los días) y la capacidad para “jugar” con el texto meta según el texto original.
El español suele extenderse hasta un 25% más que el inglés para presentar la misma información, por lo que deduzco que la traductora ha hecho un profundo análisis de la información original para presentar lo verdaderamente relevante con un estilo que no resulte pesado. O lo que es lo mismo: la traductora ha hecho frente (con gran éxito al parecer) a un reto de traducción subordinada.
La traducción subordinada es aquella traducción que tiene impuesta una serie de condiciones extralingüísticas como el tiempo y movimiento de los labios en una película, el escaso espacio de una bocadillo de una viñeta de un cómic o, tal y como sucede en 253, la intención y forma de un texto. La Historia Interminable es otro ejemplo de traducción (o, por qué no, escritura) subordinada, al comenzar el primer capítulo con la letra A de forma que cada capítulo empiece con la siguiente letra del abecedario hasta llegar a la Z como nos explican en Die Unendliche Geschichte.
Con esto quiero reflejar que traducir es con frecuencia mucho más que verter mensajes de una lengua a otra, y que no basta con saber solventar problemas de traducción concretos, porque, ¿qué ocurre cuando todo el texto es en sí un problema de traducción? Muchos dirán que es intraducible o que perderá la esencia del original (lo que, muy a nuestro pesar, ocurre a veces en el doblaje), pero es precisamente la labor del traductor desmentir tales afirmaciones alegando pruebas como ha hecho la traductora de 253.
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