Algo que nunca imaginé tras salir de la facultad y embarcarme en el mundo profesional de la traducción fue que tuviera que lidiar con tantos textos jurídicos. En primer lugar, porque en AbroadLink nos dedicamos principalmente a textos técnicos, y en segundo lugar, porque nunca me han gustado y pensaba que ya se encargarían otros de dicha tarea.
En solo tres meses ya he hecho mis pinitos con la traducción de las consabidas Condiciones de uso (Terms and Conditions en inglés), y hasta les he cogido el gustillo. Aunque cada texto es un mundo, hay muchas cosas que se suelen repetir, por lo que resulta útil tener una memoria de traducción de referencia sobre Condiciones de uso. Por supuesto, trabajar codo con codo con un licenciado en Derecho es lo ideal, ya que te permite aprender muchas cosas que no aparecen en los diccionarios.
Por ejemplo, una de las frases más habituales de este tipo de texto es including, but not limited to, cuya traducción literal (incluyendo, pero no limitándose a) plantea el problema de que en español no es aconsejable dejar una preposición sola. ¿Cuál es la solución que aplico siempre gracias al consejo de un especialista? Una muy sencilla: «incluyendo sin carácter restrictivo» (normalmente entre comas).
Cuando se adquiere experiencia en este tipo de textos, lo cierto es que se traducen con cierta velocidad. Ahora bien, si hay algo que molesta mucho al traducir Condiciones de uso son las interminables frases (bien redactadas, eso sí) de 230 palabras cada una… ¡y encima en mayúsculas! Con semejante cantidad de palabras conviene ir muy despacio en la traducción, ya que es fácil que omitamos algo, lo que podría tener serias consecuencias. Afortunadamente, muchas Condiciones de uso contienen una disposición o cláusula al final en la que se especifica que, en caso de duda o error del documento traducido, prevalecerá lo que se exponga en el texto original.
Una referencia que todo traductor de este tipo de textos debe tener siempre a mano es el Diccionario de Términos Jurídicos inglés-español Spanish-English de Enrique Alcaraz Varó y Brian Hughes. Aunque no es la panacea del Derecho, contiene la mayoría de términos y expresiones que se pueden encontrar en un texto de este carácter. Cómo no, poner en Google el término o expresión que desconocemos junto a la palabra ProZ (que contiene, entre otros, un foro de traducción profesional en el que se resuelven muchas dudas terminológicas) o incluso WordReference nos puede sacar también de un apuro.
En otro orden de cosas, hay más Condiciones de uso de las que uno puede imaginar. Por ejemplo, al instalar un programa de software lo primero que hace la gran mayoría de personas es marcar la casilla de «Acepto» sin leer el inmenso rollo jurídico que se nos presenta. Pues bien, esos ladrillos son también una parte del programa y, por ende, deben traducirse; ni que decir tiene las Condiciones de uso de las páginas web.
La verdad es que se aprende mucho al traducir estos textos jurídicos. Por ejemplo, es curioso que en las Condiciones de uso de un sitio web dedicado a publicar informes sobre acciones y valores para decantarse claramente por una opción en concreto se diga que la información contenida en las páginas de dicho sitio web no es totalmente fiable, y recomiendan no usar tal información para tomar una decisión importante (huelga decir que no asumen ninguna responsabilidad derivada de las pérdidas). Otro ejemplo son las Condiciones de uso para participar en la prueba de un videojuego en busca de fallos que prohíbe su descarga en países que hayan atentado alguna vez contra Estados Unidos.
Visto lo visto, está claro que si vamos a hacer un uso relativamente importante de un producto, servicio o sitio web, debemos ser conscientes de los derechos que tenemos. Como traductores, al menos tendremos el «privilegio» de conocer la vinculación que tendrán los usuarios del software o sitio web que traduzcamos.