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Apuntes de alemán

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 01/02/2008

Aprovechando que estamos en época de exámenes y que llevo unos días bastante liados como para escribir mucho en el blog, os dejo como apoyo los apuntes de alemán que recopilé durante mi primer año de carrera. Lástima que no siguiera profundizando en el idioma, porque la verdad es que me gustaba.

¡Ánimo a todos en vuestros exámenes!

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Exámenes de traducción

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 26/06/2007

Exámenes de traducciónEn España, la forma tradicional de evaluar los conocimientos adquiridos en una asignatura se realiza mediante exámenes. Según el tipo de asignatura que sea, parece normal que haya una serie de exámenes parciales y un examen final para evaluar, por ejemplo, si un alumno de Derecho conoce las leyes que debería saberse sin tener que consultar el Código Civil.

Sin embargo, en la carrera de Traducción e Interpretación —dependiendo de la facultad he de suponer— apenas hay exámenes para las materias de traducción, por lo que es frecuente que en febrero y junio los estudiantes de esta licenciatura estén mucho más aliviados que el resto de compañeros de otras carreras.

Ahora bien, esto es así porque a lo largo del cuatrimestre hemos de esforzarnos mucho cada semana. En otras palabras, se apuesta por un sistema de evaluación continua, óptimo para nuestra carrera al menos para mí, pues al fin y al cabo en ésta la teoría cede su lugar a la importancia de la práctica.

Y eso es lo bueno, que después de tanto trabajo se nos recompensa con una buena nota si hemos ido evolucionando en nuestras traducciones. Me refiero a haber hecho muchas traducciones (individuales o en grupo), no a dos traducciones (importantes, eso sí) en todo el curso como nos piden algunos profesores.

Cuando se habla de jugárselo todo en un examen, normalmente se dice que «es que puedo tener un mal día», «hay mucha presión y nervios», etc. Y es cierto, pero si se traduce bien, siempre se traducirá bien incluso en un examen parecido a los textos vistos en clase. De hecho, una característica importante del traductor es saber trabajar bajo presión; aun así, prefiero que la nota significativa para la evaluación de una asignatura sean muchas y no una única nota.

El problema surge cuando la metodología seguida en una asignatura no es apropiada, aunque afortunadamente pocas veces es así. Pero claro, alguna vez sí que se da el caso.

Por ejemplo, si se manda una traducción y sólo una persona o grupo se encarga de realizarla y exponerla al resto de la clase, es más que probable que la mayoría del resto de compañeros no hagan la traducción o ni siquiera hayan mirado el texto original. Por tanto, aunque siempre se aprende algo, creo que es mucho más conveniente hacer menos traducciones para clase pero más por cada alumno para que el grupo o persona que exponga no esté mirando a sus compañeros para ver quién le dice algo y, en definitiva, todos saquen algo de provecho.

Evidentemente, esto conlleva hacer muchas traducciones para muchas asignaturas, y uno nunca dispone de tiempo para todo, ya que hay más cosas en la vida aparte de traducir, sobre todo si no te pagan. Pero al fin y al cabo, así se aprende a sobrellevar el estrés y se mejora la capacidad de trabajo en grupo y autonomía, así como la velocidad de traducción. Por supuesto, también hay que pensar en el tiempo que le dedica el profesor a la corrección de las traducciones, pero después de todo están para algo.

Las consecuencias de traducir poco en una asignatura son dos a mi modo ver: a) el alumno está menos preparado para traducir textos similares a los vistos en clase porque no ha llegado a enfrentarse realmente a los problemas que plantean y b) la única nota con que se cuenta es la del examen final (porque algunos profesores no hacen ni siquiera parcial —un par según he visto—).

Esto mismo me ha pasado a mí, y aún estoy a la espera de los resultados de un examen que hice hace poco. Creo que es la primera vez en toda la carrera (y ya estoy acabando) que me siento preocupado por un examen de traducción. Vale, yo mismo podría haber hecho más traducciones durante el curso, pero con tantas cosas que tengo, si no me «obligan» la verdad es que le pongo pocas ganas.

Otro tema interesante respecto a los exámenes de traducción son las condiciones en que se desarrollan. A estas alturas espero que casi todos los profesores pidan traducciones escritas a ordenador o que como mínimo dejen usar un ordenador conectado a Internet. Y si digo esto es porque precisamente hay profesores que aún no permiten usar ordenadores. Yo, qué queréis que os diga, no sé traducir ya sin ordenador; además, en el trabajo, es decir, la situación real, voy a usar ordenador.

Como conclusión, manifiesto mi defensa por la evaluación continua en asignaturas de traducción. Al fin y al cabo, es como la vida misma del traductor: vas haciendo tu trabajo en función de los encargos que te llegan. Si al cliente le pareces profesional te habrás ganado un cliente (nota en este caso), y si lo haces mal lo habrás perdido. Si al final de cuatro meses tienes suficiente volumen de trabajo porque tienes ya a varios clientes que confían en ti a pesar de haber fallado con otros, entonces puedes vivir de traductor. Es decir, te mereces seguir trabajando (aprobar) sin que un cliente juzgue por un único encargo si el resto de tus clientes te van a volver a contratar o no.

Seguramente muchos de los que visitáis este blog y otros relacionados con la traducción estaréis de lleno con los exámenes de junio, así que antes de nada, ¡mucho ánimo, que ya queda poquito!

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