Algo más que traducir

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El verdadero placer de traducir

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 30/12/2008

De la traducción y los traductores se ha hablado mucho por parte de, entre otros, críticos literarios, teóricos de la traducción y profesionales del gremio. Estos últimos, normalmente, suelen contar que es un trabajo muy bonito a la par que poco reconocido y que se sienten apasionados y fascinados por las diferentes lenguas y culturas que existen en nuestro mundo. En definitiva, hablan del placer de traducir.

Me sumo a todos aquellos que quedan maravillados por los entresijos del lenguaje y se regocijan por ser capaces de transmitir a su cultura emociones que de otra manera quedarían enterradas en el mundo de lo desconocido y extranjero. También se me levanta una sonrisa cada día cuando me despierto sabiendo que gracias a mi trabajo y a mi curiosidad insaciable me iré a la cama con algo más de conocimientos sobre algún tema por muy variopinto que sea.

Sin embargo, el placer de traducir es algo más que eso. Es algo que puede llegar a ser colosal, indescriptible. Puede ser incluso hasta aquello tan ansiado llamado felicidad.

El verdadero placer de traducir cobra sentido cuando ves que has hecho algo que puedes palpar. Algo que puedes sentir. Algo que los demás pueden reconocer y admirar.

El verdadero placer de traducir se manifiesta cuando vas a una tienda de videojuegos y ves en un escaparate la obra que tú mismo has traducido junto con un gran equipo que ha trabajado duro para que todo saliera bien y que te ha apoyado en todo momento.

El verdadero placer de traducir se respira cuando compras ese juego sonriente, consciente de que el vendedor no sabe lo importante que has sido tú para poder venderte ese videojuego ni que el dinero con el que pagas te lo has ganado trabajando en ese juego.

El verdadero placer de traducir se siente cuando llegas a tu casa con tu flamante juego, lo abres y empiezas a hojear ese manual que tantas veces has revisado y nunca viste más allá de la pantalla del ordenador y unas burdas copias en blanco y negro en papel.

El verdadero placer de traducir se rememora cuando enciendes la consola y empiezas a ver textos en español y eres transportado a los meses en que disfrutabas como un niño antes que nadie de un juego que nadie jamás imaginaría en España tan pronto.

El verdadero placer de traducir se refuerza cuando juegas y ves que, a pesar de tus esfuerzos para que todo esté totalmente perfecto, se ha escapado una pequeña errata en el texto; sin embargo, esto no hace más que recordarte que nadie es perfecto y que siempre es posible mejorar.

El verdadero placer de traducir te llega al alma cuando la música final que indica que el videojuego ha llegado a su conclusión se ve acompasada por tu nombre completo en los créditos de todo el equipo que participó en la traducción del videojuego.

Créditos Fire Emblem

El verdadero placer de traducir sigue más allá de la traducción cuando ves que la comunidad de aficionados del juego que has traducido elabora los contenidos de una página web y que los nombres que aparecen son los nombres que escribiste tú antes que nadie.

El verdadero placer de traducir… es saber que tú eres el traductor del Fire Emblem: Shadow Dragon de Nintendo DS.

Fire Emblem DS

¡Feliz Navidad y próspero año nuevo! ;)

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Cómo traducir diálogos de piratas

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 19/09/2008

Otro de los retos con los que he tenido que enfrentarme en mi aún corta experiencia profesional como traductor de videojuegos es cómo traducir la forma peculiar que tienen de hablar ciertos personajes. El caso que nos ocupa hoy es bastante recurrente, sobre todo, en el género RPG: los diálogos de piratas.

En inglés, aparte de algunas expresiones típicas de piratas como ahoy! (”¡ah del barco!” en español), se suelen utilizar multitud de contracciones o incluso se cambia la terminación por un apóstrofe (’). Si a eso le unimos que incluso según el personaje hasta se puede conjugar mal los verbos, podemos obtener un mensaje como el siguiente:

Ahoy! Ye be the prince o’ Merron, ain’t ye?
I be Jarus, an ol’ pirate o’ the big sea.

¿Qué debemos hacer entonces para marcar el habla de un pirata? Si en el inglés ponen contracciones y demás, ¿qué tal si hacemos que cecee como si tuviera un acento andaluz? Obtendríamos, pues, algo como esto:

¡Zaludos! Tú eres el prínzipe de Merron, ¿verdad?
Yo zoy Jarus, un viejo pirata de mar.

En este diálogo solo hemos puesto tres zetas, pero ya os podéis imaginar cómo quedaría un diálogo repleto de eses intercambiadas por zetas. Ahora bien: ¿de verdad creéis que un pirata hablaría así? Puede que alguno, no lo discuto, pero en las clásicas películas de piratas pocos acentos andaluces he oído yo.

A pesar de que, al menos que yo sepa, no hay constancia de artículos relacionados sobre el habla pirata que nos sirvan para nuestros propósitos, es fácil escudarnos en traducciones de videojuegos de piratas como las de la saga Monkey Island y sus célebres insultos, así como en películas de piratas como la archiconocida trilogía de Piratas del Caribe.

¿Cómo suelen hablar los piratas? Hoy, 19 de septiembre, es una fecha idónea para aproximarse a este peculiar habla, pues es el Día de hablar como piratas (en inglés, claro) y hay bastante información al respecto sobre cómo hablar como un pirata en inglés. En español. sin embargo, los recursos son más bien escasos, aunque por suerte hay mucho valor en la página Historia de los piratas y en la por todos conocida Canción del pirata de José de Espronceda, así como en… ¡trabajos de niños de primaria!

Con todo este material, ya podemos hacer un esbozo de lo que esperamos oír de un pirata. Por ejemplo, en Piratas del Caribe suelen hablar de vos dado que están en una época antigua, aunque en el ejemplo anterior quizás no es tan importante debido a que, como se dirige a un príncipe, lo lógico sería usar el voseo. Así pues, la traducción del anterior diálogo quedaría así en palabras de un pirata español:

¡Ah del barco! Vos sois el príncipe de Merron, ¿no es así?
Yo soy Jarus, el pirata más temido de los siete mares.

¿Sobretraducción? ¿Me he sacado eso “más temido de los siete mares” de la manga? Puede ser, pero… apuesto a que en japonés el pirata hablaba de otra manera que en inglés. Además, creedme, el ejemplo que he puesto en inglés no es es nada comparado con lo que uno se puede encontrar. Por tanto, opino que hay que intentar usar expresiones de piratas en la medida de lo posible incluso aunque no vengan en el original, pues la estrategia que debemos seguir es precisamente la de la compensación de la pérdida de la ortografía característica del inglés de los piratas.

Por supuesto, se aceptan sugerencias :)

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Direcciones de correo electrónico profesionales

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 08/02/2008

GmailHe hablado mucho sobre errores de traducción, herramientas informáticas aplicadas a la traducción y traducción técnica, pero muy poco de lo importante que es tener una dirección de correo electrónico profesional. Quizás cuando estamos ya asentados en el mercado esto no es un problema, pero si echamos currículum e indicamos que nuestra dirección de correo electrónico es algo como juan_pi85 (arroba) hotmail.com, lo cierto es que no causaremos una buena impresión porque, en primer lugar, Hotmail no es un buen criterio de fiabilidad para el departamento de RRHH y, en segundo lugar, porque no parece muy profesional.

Yo soy el primero que ha utilizado durante mucho tiempo las direcciones pms_sayans (arroba) hotmail.com y pmssayans (arroba) gmail.com, y lo cierto que es no me ha ido nada mal. Me ha escrito gente de toda clase sin complicación aparente, por lo que nunca me había parado a pensar si debía utilizar alguna otra dirección. Sin embargo, tras darle mi dirección de correo electrónico a una persona el otro día, reconozco que tuve que deletrearla y que eso no es una buena señal, ya que estoy seguro de que le costaría recordarla si no la hubiera escrito y no la asociaría a mi profesión (aunque en aquel caso no importaba).

A pesar de llevar mucho tiempo usando “pmstrad” como identificador en varios sitios de Internet (la dirección original de este blog sin ir más lejos), he continuado usando la dirección de pmssayans. Pues bien, tras la mencionada situación, me decidí a crearme una cuenta en Gmail, pmstrad (arroba) gmail.com. Quizás lo que me animó fue un reciente post de Lifehacker sobre cómo migrar cuentas de correo de Gmail antiguas a otras nuevas, aunque lo cierto es que fue un poco lioso y que hubiera sido más fácil hacer la misma operación con Thunderbird, ya que administro todas mis cuentas con dicho cliente de correo. Por supuesto, no lo hubiera hecho antes de comprobar que el reenvío de correos desde mi otra cuenta de Gmail (explicado en el artículo de Lifehacker) funciona a las mil maravillas.

¿Y de verdad mi nueva dirección es mejor? Creo que sí, porque me ahorro tener que deletrearla como la antigua y en su lugar puedo decir “mi dirección es pmstrad arroba gmail punto com: pms de Pablo Muñoz Sánchez y trad de traductor”. De esta forma, es mucho más fácil asociar mi dirección con mi nombre y profesión. Y si no le interesa, siempre puedo decir rápidamente “mi dirección es pms trad, de traducción”.

Por cierto, si no sabéis por qué no he puesto las direcciones de correo electrónico de forma normal, es para protegerlas contra el correo basura. Y si queréis saber cómo crear una imagen con vuestra dirección de correo electrónico, echadle un vistazo a E-Mail Icon Generator.

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Lo mejor de 2007 según las estadísticas

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 27/12/2007

Aunque sea algo muy típico en estas fechas y todos estemos hartos de estas usuales listas de lo “lo mejor de <insertar año>”, supongo que no está mal rescatar algunos artículos para que los recién llegados al blog sepan sobre qué se ha hablado desde mediados del 2007 por estos lares:

Pues he aquí los artículos que parecen haber tenido mayor éxito. También se ha hablado de otros temas, así que os invito a que naveguéis por las categorías del blog si queréis obtener más información. Mientras tanto, como seguramente esta será la última actualización del año, ¡feliz 2008!

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Currículos en vídeo

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 16/10/2007

CVVía Carlos Leopoldo me entero del reciente uso de las grabaciones de vídeo personal a modo de videocurrículos para obtener trabajo. En el mundo tecnológico en el que nos encontramos, y sabiendo la importancia que tiene la informática para los traductores hoy día, quizás no sea descabellado enviar el currículo en formato de vídeo para atraer la atención de los empleadores.

Se me ocurre, por ejemplo, hacer un vídeo en el que el candidato hable en los idiomas desde los que desea traducir (solo si tenemos una buena competencia oral, ya que esta no es condición sine qua non para comprender el idioma original y traducir bien) y, aparte de describir nuestras competencias, explicar un poco cómo hemos afrontado algunos proyectos. Así, por ejemplo, los recién licenciados sin experiencia profesional pueden hablar de proyectos medianos respecto al volumen de palabras que han hecho en clase, e incluso mostrar algún ejemplo gracias a la edición de vídeo. Esto podría conducir a otra cosa: convenceremos al empleador (al menos a mí me causaría esa impresión) de que la informática es nuestra aliada y no nuestra enemiga.

¿Alguien se atreve?

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Condiciones de uso

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 13/10/2007

CondicionesAlgo que nunca imaginé tras salir de la facultad y embarcarme en el mundo profesional de la traducción fue que tuviera que lidiar con tantos textos jurídicos. En primer lugar, porque en AbroadLink nos dedicamos principalmente a textos técnicos, y en segundo lugar, porque nunca me han gustado y pensaba que ya se encargarían otros de dicha tarea.

En solo tres meses ya he hecho mis pinitos con la traducción de las consabidas Condiciones de uso (Terms and Conditions en inglés), y hasta les he cogido el gustillo. Aunque cada texto es un mundo, hay muchas cosas que se suelen repetir, por lo que resulta útil tener una memoria de traducción de referencia sobre Condiciones de uso. Por supuesto, trabajar codo con codo con un licenciado en Derecho es lo ideal, ya que te permite aprender muchas cosas que no aparecen en los diccionarios.

Por ejemplo, una de las frases más habituales de este tipo de texto es including, but not limited to, cuya traducción literal (incluyendo, pero no limitándose a) plantea el problema de que en español no es aconsejable dejar una preposición sola. ¿Cuál es la solución que aplico siempre gracias al consejo de un especialista? Una muy sencilla: «incluyendo sin carácter restrictivo» (normalmente entre comas).

Cuando se adquiere experiencia en este tipo de textos, lo cierto es que se traducen con cierta velocidad. Ahora bien, si hay algo que molesta mucho al traducir Condiciones de uso son las interminables frases (bien redactadas, eso sí) de 230 palabras cada una… ¡y encima en mayúsculas! Con semejante cantidad de palabras conviene ir muy despacio en la traducción, ya que es fácil que omitamos algo, lo que podría tener serias consecuencias. Afortunadamente, muchas Condiciones de uso contienen una disposición o cláusula al final en la que se especifica que, en caso de duda o error del documento traducido, prevalecerá lo que se exponga en el texto original.

Terms and ConditionsUna referencia que todo traductor de este tipo de textos debe tener siempre a mano es el Diccionario de Términos Jurídicos inglés-español Spanish-English de Enrique Alcaraz Varó y Brian Hughes. Aunque no es la panacea del Derecho, contiene la mayoría de términos y expresiones que se pueden encontrar en un texto de este carácter. Cómo no, poner en Google el término o expresión que desconocemos junto a la palabra ProZ (que contiene, entre otros, un foro de traducción profesional en el que se resuelven muchas dudas terminológicas) o incluso WordReference nos puede sacar también de un apuro.

En otro orden de cosas, hay más Condiciones de uso de las que uno puede imaginar. Por ejemplo, al instalar un programa de software lo primero que hace la gran mayoría de personas es marcar la casilla de «Acepto» sin leer el inmenso rollo jurídico que se nos presenta. Pues bien, esos ladrillos son también una parte del programa y, por ende, deben traducirse; ni que decir tiene las Condiciones de uso de las páginas web.

La verdad es que se aprende mucho al traducir estos textos jurídicos. Por ejemplo, es curioso que en las Condiciones de uso de un sitio web dedicado a publicar informes sobre acciones y valores para decantarse claramente por una opción en concreto se diga que la información contenida en las páginas de dicho sitio web no es totalmente fiable, y recomiendan no usar tal información para tomar una decisión importante (huelga decir que no asumen ninguna responsabilidad derivada de las pérdidas). Otro ejemplo son las Condiciones de uso para participar en la prueba de un videojuego en busca de fallos que prohíbe su descarga en países que hayan atentado alguna vez contra Estados Unidos.

Visto lo visto, está claro que si vamos a hacer un uso relativamente importante de un producto, servicio o sitio web, debemos ser conscientes de los derechos que tenemos. Como traductores, al menos tendremos el «privilegio» de conocer la vinculación que tendrán los usuarios del software o sitio web que traduzcamos.

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El espacio invisible: ese gran desconocido

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 27/09/2007

S�mboloAhora que tengo ya casi tres meses de experiencia laboral, me pongo a reflexionar y me doy cuenta de cuántas cosas no me ha enseñado la Universidad: trabajar con memorias de traducción en un proyecto de traducción medianamente real, enfrentarme a textos realmente especializados, cambiar de un proyecto a otro sin tregua entre medias… No obstante, bien es cierto que la formación universitaria no puede cubrir todos los temas que uno querría tratar, y para ello está la experiencia profesional.

Una de las cosas en las que alguno de los profesores podía haber hecho hincapié durante la carrera es el uso del llamado «espacio indivisible», «espacio irrompible» o «espacio de no separación». Como estos nombres bien indican, se trata de un espacio que hace que la palabra que le sigue no aparezca en la siguiente línea. Esto puede parecer una tontería, pero no lo es tanto cuando un texto técnico está preñado de unidades de medida (distancia, volumen, presión, etc.) en su forma abreviada, ya que es antiestético e incluso dificulta algo la lectura ver un 3 al final de la línea y una ‘m’ al principio de la siguiente.

La solución a este problema es usar un espacio indivisible mediante la combinación de teclas Alt + 0160 en cualquier programa o el método abreviado Ctrl + Shift + Espacio en Word, TagEditor o SDLX. Si queremos asegurarnos de que los espacios son realmente indivisibles, conviene mostrar los caracteres ocultos del texto mediante el botón ¶ (llamado ‘calderón’, por cierto).

Pero no todo se reduce a utilizar el espacio indivisible con las unidades de medida. Sin ir más lejos, para la anterior combinación de teclas he usado espacios indivisibles con el fin de que aparezca todo junto en la misma línea. Por tanto, conviene utilizar el espacio indivisible siempre que se escriban cifras, como en «había 30 camas» o «después de 50 años».

Por otro lado, aunque ya depende quizás de cada uno, también es recomendable poner un espacio indivisible en nombres o marcas de productos compuestos por más de una palabra, como por ejemplo Microsoft Word o Mozilla Firefox. De hecho, parece que clientes como Hewlett Packard empiezan a obligar a los traductores a usar dichos espacios indivisibles.

Asimismo, y esto es ya cuestión de maquetación, es preferible que un párrafo no acabe con una única palabra en la última línea, especialmente si se compone de tres caracteres solamente. Por ello mismo, es preferible utilizar un espacio indivisible para que nos quede un párrafo bien alineado.

Desde luego, usar espacios indivisibles cuando nunca se han utilizado lleva su tiempo, pero como todo, es algo que se consigue automatizar.

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El mito de la brevedad del inglés

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 29/08/2007

InglésAsí se titula un artículo más que interesante de Andrés López Ciruelos publicado hace ya algunos años en la revista de traducción médica Panace@. Cual ha sido mi sorpresa que, tras su lectura, me haya cuestionado la manera de traducir de los traductores profesionales y de mi propio proceso traductor.

López Ciruelos defiende que los textos traducidos son más extensos que el original no porque el español necesite de más caracteres para expresar lo mismo como se suele decir (especialmente en el caso de la localización), sino porque muchas veces lo que hacemos al traducir es explicar la información del original al lector imitando, en muchos casos, la estructura del original. De especial interés es el caso de las patentes, en las que el desconocimiento de la materia obliga al traductor a realizar paráfrasis en lugar de utilizar un único término como en el original.

Así, las causas posibles que motivan las traducciones largas según López Ciruelos son las siguientes:

  • Porque confundimos traducción con explicación;
  • Porque desconocemos el tema;
  • Porque utilizamos sustantivos para expresar acciones;
  • Porque repetimos lo que ya se ha dicho; y
  • Porque traducimos lo innecesario.

El autor sostiene que lo mejor es leer el original y preguntarse realmente lo que se quiere decir para contarlo en español evitando el uso de, por ejemplo, sustantivos en vez de verbos concisos, es decir, de una forma más natural en español. Además, resulta muy esclarecedora la comparación que el autor hace entre un original y su traducción y la traducción inversa de la traducción producida hacia la misma lengua que el original.

Tengo que reconocer que muchas veces imito la estructura del original porque voy tecleando la traducción conforme voy leyendo la oración original y que normalmente no hay problema. Ahora bien, este método de actuación no siempre funciona y en ocasiones tengo que reestructurar la información del original.

Leyenda cabNo obstante, sí hay veces que sé que podría expresar mejor la información pero no hago una reestructuración por un sencillo motivo: tardo tiempo y el proyecto corre prisa. Esto se debe a que son oraciones que aparecen repetidas frecuentemente en el texto y, como uso herramientas de traducción asistida por ordenador (TAO), se tarda mucho en juntar segmentos y se pierde también la autopropagación de segmentos previamente traducidos. ¿Falta de profesionalidad? No; es la triste realidad profesional.

Esto me lleva a pensar a que las herramientas de TAO no son siempre una panacea y que algunas veces son enemigos de una traducción de calidad. Cuando he realizado traducciones de noticias de ciencia del español al inglés para el STU muchas veces he tenido que añadir o eliminar nuevos puntos de información en función del contenido y cambiar hasta párrafos de sitio. Si hubiese utilizado herramientas de TAO, habría encontrado dificultades para hacerlo con la misma libertad que con Word.

Reestructurar la información también conlleva otros riesgos, y es que podemos omitir algo si la oración es extensa y compleja. Por ello, siempre deberíamos cotejar el segmento original con el traducido para asegurarnos de que no hemos olvidado nada en el camino.

Otro punto interesante que me gustaría comentar es que, a menudo, nos suelen decir que las construcciones en inglés son mucho más breves que en español. Aunque es más o menos cierto, no significa siempre que tengamos que dividir oraciones sistemáticamente cuando son extensas en español si no queremos perder fluidez en la lectura. Mi consejo es dividir oraciones siendo siempre conscientes de por qué lo hacemos y no meramente porque los profesores nos digan que el inglés es más breve. Y, visto lo visto, tampoco conviene hacer siempre traducciones más extensas de lo necesario simplemente porque el español necesita de más espacio para expresar lo mismo que el inglés.

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Gravedad de los errores de traducción, revisión e incompetencia del traductor

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 15/08/2007

ErrorVía N.de T. me entero de que un error de traducción ha sido el causante de que hasta 47 pacientes hayan tenido problemas para rehabilitar sus rodillas y de que muchos de ellos hayan necesitado una nueva operación. Así pues, estamos ante un caso de negligencia no del médico como suele ser habitual, sino del traductor.

Según propias declaraciones del director del hospital Sankt Hedwig (Berlín, Alemania), «fue un error imperdonable». Y en cierto modo lo es, porque las instrucciones que traducimos y que con frecuencia pensamos que nadie lee han causado un grave problema para la salud al traducir «Non modular cemented» por «prótesis que no necesita cemento» (traducción literal del la expresión en alemán zementfrei).

No hace mucho comentaba cómo un error de traducción de un videojuego se convirtió en una leyenda urbana gracias a los rumores y la inocentada de una revista. Al fin y al cabo, es algo que tuvo hasta cierta gracia. Pero no es el caso que nos atañe en este momento. Ahora bien, ¿se puede o, mejor aún, se debe hablar de incompetencia del traductor?

Cualquier egresado de la Universidad empieza en el mundo de la traducción sin apenas experiencia profesional (por no decir ninguna). Las primeras traducciones son todo un reto y seguramente tienen muchos fallos, pero para ello se revisan los textos traducidos en la propia empresa de traducción y se revisan posteriormente por un revisor cualificado externo (al menos en teoría). Dependiendo del proceso de calidad, en el futuro es posible que conforme se adquiere experiencia sólo el revisor externo sea quien corrija nuestra traducción. Porque lo que está claro es que, aunque seamos expertos en la materia, cuatro ojos ven más que dos.

RodillaMuchas veces, los textos que traducimos son de alto carácter especializado y aunque logramos entender el texto original gracias a la documentación disponible (diccionarios especializados, Internet, etc.), es importante destacar que, como poco duchos en el tema en cuestión, resultará difícil emplear siempre la terminología adecuada que usan los expertos y probablemente habrá algún que otro error grave en nuestra traducción. Por tanto, lo ideal, bajo mi punto de vista, sería que el revisor fuese alguien especialista en el tema aunque desconozca la lengua de partida. Al fin y al cabo, los expertos lingüistas somos nosotros y los fallos gramaticales que hayamos pasado por alto también se van a detectar con la lectura de otra persona.

Por supuesto, es lógico que sea difícil contactar con algún maestro del tema abordado en la traducción, y ahí está el problema. Aunque, realmente, ¿un experto se habría percatado del error en cuestión? Difícilmente, y a las pruebas me remito, ya que los que han seguido las instrucciones eran profesionales de la medicina. De este modo, queda claro que siempre que sea posible se debe hacer una revisión cotejando el original.

Independientemente de los años de experiencia, realmente no pienso que se pueda tachar a los traductores que cometen estos errores de incompetentes en el sentido de que cualquiera puede tener errores. Lo cual da mucho que pensar, porque en este caso, ¿quién es el culpable realmente? ¿El traductor? ¿El revisor? ¿La empresa? ¿El médico por no saber inglés (este último lo descarto)? De ser el traductor culpable, ¿puede ir a la cárcel por este fallo?

Yo mismo soy consciente de que alguna vez he cometido un fallo garrafal, pero por suerte el revisor, que coteja el original, se ha percatado porque leyendo en conjunto todo el texto, la frase escapa de la razón. Desde este modo, volvemos a las mismas de siempre: con un plazo de entrega más largo y unas tarifas mejores, seguramente estas cosas no pasarían al otorgarle al traductor más tiempo para documentarse adecuadamente y revisar detenidamente su traducción (fase que creo que es clave dentro del proceso traductor) mirando el original antes de proceder a la revisión del corrector. Pero, por desgracia, vivimos en el mundo real.

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Traductores polifacéticos

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 11/08/2007

Muchas carasMe encanta mi trabajo. Lo bonito de ser traductor en una empresa sin demasiados empleados es que, aunque en general tienes un proyecto importante entre manos, siempre llega algo nuevo y no queda más remedio que cambiar de tarea por un tiempo y ponerse con una revisión de un archivo pequeño o una traducción poco problemática.

Aunque quizás lo mejor es dedicarle todo el tiempo a una traducción hasta terminarla, es cierto que a medida que pasan las horas se nos hace un poco pesado y necesitamos un respiro. Además, el trabajo del traductor es como una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar.

Por lo general, en la facultad se nos enseña básicamente a traducir y, en cierto modo, a revisar. Sin embargo, son muchas las variables que se dan en estos dos grandes campos. Por ejemplo, en la empresa en que trabajo solemos tratar con clientes de Estados Unidos que demandan traducciones para México. Por ello, lo que hacemos es traducir al español de España y posteriormente enviamos nuestra traducción a un revisor mexicano para que, aparte de revisar, adapte el texto a la variedad mexicana.

Del mismo modo, también nos llegan a veces traducciones realizadas por mexicanos que nosotros debemos adaptar al español de España. Así pues, resulta muy enriquecedor —y a veces chistoso en el buen sentido de la palabra— adaptar términos o expresiones que suenan raros en el español de España, como por ejemplo ‘concreto’ en vez de ‘cemento’.

Steven

Pero también es bonito ver que llega un encargo, cuanto menos, curioso. Hace unas semanas tuvimos, entre otras cosas, que formular preguntas para una máquina de bar tipo trivial, con sus respuestas falsas y curiosidades (fun facts). Además, todo lo teníamos que traducir al inglés para que el cliente supiera qué habíamos puesto. Aunque al final se hizo un poco pesado porque no podíamos citar la Wikipedia como fuente y tardábamos mucho en encontrar una fuente fiable, la verdad es pasamos un buen rato los que nos ocupamos de ello.

Pesado es, sin embargo, tener que traducir o revisar listas de palabras sin ningún tipo de contexto. Supongo el cliente las querría para hacer un glosario y así ganar mucho tiempo en traducciones posteriores sobre un mismo tema, pero, ¿realmente merece la pena traducir sin ningún tipo de contexto todo tipo de términos técnicos? Al menos sabíamos qué hacía la empresa (y teníamos el Routledge de términos técnicos, nuestra biblia en algunos casos).

Importante es, también, el tema del texto que traducimos. No es lo mismo traducir un texto especializado sobre instalaciones petrolíferas que un folleto publicitario de una escuela de negocios. Mientras en el primer caso hay que asumir cierta responsabilidad y andar con mucho cuidado con lo que se dice, el segundo contexto conlleva jugar más con el lenguaje para que el folleto tenga cierto tono persuasivo, lo que nos da más libertad.

Como se puede inferir de lo expuesto, y dadas las aptitudes que se presuponen de un traductor, la verdad es que los traductores podemos hacer casi cualquier cosa siempre que tengamos un espíritu curioso y sepamos afrontar retos por difíciles que nos parezcan al principio. Desde luego, está claro que no podemos ser maestros de todo, pero sí aprendices muy rápidamente.

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