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Cómo optimizar el uso del corrector ortográfico cuando hay etiquetas

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 06/06/2009

CorrectorUna de las premisas de todo traductor profesional que se precie es pasar el corrector ortográfico a un texto antes de entregarlo. Y no porque hayamos cometido una falta de ortografía por desconocimiento (que también pasa), sino porque todos cometemos erratas al escribir rápido durante mucho tiempo seguido. Yo normalmente paso el corrector al acabar de traducir un archivo y otra vez después de haberlo revisado. Además, siempre que sea posible es recomendable copiar el texto a Microsoft Word, ya que el corrector es más eficaz que el de Excel o SDLX por poner ejemplos. Aunque resulta algo pesado, es la mejor elección si se dispone de tiempo.

El caso es que esta tarea puede ser muy tediosa si trabajamos con archivos en los que abundan etiquetas, ya que el corrector se para en ellas cada vez que lo pasamos y tenemos que darle a omitir esa palabra. Esto no es realmente un problema si solo trabajamos con un archivo, pero si son varios, la cosa se complica un poco. Veamos cómo podemos solucionar este escollo gracias a la potente función de Microsoft Word llamada Buscar y reemplazar.

Normalmente, las etiquetas aparecen entre comillas angulares (<>), aunque también pueden estar entre corchetes ([]) o llaves ({}). Así pues, una forma fácil de eliminar todas las etiquetas de un documento sería buscar todo lo que aparezca entre los caracteres correspondientes y reemplazarlo por nada (es decir, dejar el campo de “Reemplazar con” vacío). ¿Cómo podemos hacer esto con Microsoft Word? Fácil, activando el uso de caracteres comodín (wildcards) y poniendo en el campo de búsqueda lo siguiente: \<*\>

De este modo, si tenéis una frase como “Esto es un <colour=red>ejemplo<\colour> de etiqueta en una frase” y hacéis clic en “Reemplazar todo”, las etiquetas desaparecerán por arte de magia de un golpe, por lo que el corrector detectará menos falsos positivos. A continuación explicaré lo que significa cada carácter de esta extraña combinación:

  • \: la barra invertida permite introducir caracteres reservados para una función especial. Tal y como podemos comprobar si hacemos clic en el botón “Especial” de la función Buscar y reemplazar, ‘<’ indica buscar al principio de una palabra y ‘>’ al final. Dado que tenemos que buscar precisamente esos caracteres, tendremos que poner una barra invertida antes de ellos.
  • <: el principio de cada etiqueta. Como hemos dicho antes, puede variar.
  • *: el asterisco indica que se deberá buscar cualquier carácter o caracteres. Por ejemplo, me* buscará todas las palabras que empiecen por “me”, como “mesa”, “meta”, “mequetrefe”, etc. En este caso, buscará cualquier combinación de caracteres cuyo principio sea ‘<’ y cuyo fin sea ‘>’.
  • >: el final de cada etiqueta. Como hemos dicho antes, puede variar.

Sin embargo, puede que necesitemos que alguna etiqueta en concreto se reemplace por otra para que el corrector no note que falta un verbo o sujeto en una oración. Este es el caso típico de etiquetas como <Item>, <Hero> o <Partner>. En este supuesto, antes de proceder a usar la función Buscar y reemplazar con la combinación de caracteres que hemos aprendido, deberemos buscar y reemplazar esas etiquetas por palabras que tengan sentido en la frase, como pueden ser <Objeto>, <Pablo> y <Pedro>, respectivamente.

Bien, aunque hemos aprendido algo que nos va a hacer la vida un poco más fácil, no deja de ser una tarea repetitiva, especialmente si trabajamos con muchos archivos. ¿Qué hacer entonces? Nada tan sencillo como crear una macro. No tenemos más que ir a Herramientas > Macro > Grabar nueva macro, asignar una combinación de teclas o botón para la macro, y realizar todos las operaciones repetitivas que necesitemos.

Como un video vale más que mil palabras, he preparado una breve demostración en forma de vídeo improvisado (¡atención, que esta vez sí que tiene voz con sonido claro!):

Como habréis podido ver, al final también he seleccionado todo el documento para configurar todo el texto con el idioma español. Esto es bastante útil para copiar texto de otra fuente, ya que al menos a mí siempre me aparece en inglés.

En fin, espero que, si trabajáis alguna vez con etiquetas, esta información os ayude a que pasarle el corrector sea una tarea amena. También os recomiendo que, si hay algún fragmento grande en otro idioma en el texto, lo eliminéis antes de pasarle el corrector para agilizar el proceso.

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El trabajo en equipo en la localización de videojuegos

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 23/01/2009

Trabajo en equipoEn los comienzos de este blog ya hablé del trabajo en equipo en un proyecto de traducción, aunque aplicado más bien a trabajos de la facultad (¡ay, cuando yo era aún estudiante!). Esta vez voy a hablaros desde el prisma profesional y en relación con la localización de videojuegos.

El trabajo en equipo en un proyecto de localización de un videojuego es absolutamente indispensable. Esto es la vida real, y los diferentes roles del equipo no son terminólogo, documentalista, traductor y revisor. Al fin y al cabo es normal, porque aunque la localización de videojuegos es una especialización más, no es un género en el que abunden términos que puedan considerarse “técnicos”. De todos modos, yo siempre he rechazado la figura de los terminólogos y los documentalistas en proyectos normales de traducción, pues estas tareas pueden y deben llevarse a cabo por parte del traductor a cargo de la traducción.

En general, los componentes de un equipo de localización encargado de traducir un videojuego se dividen en:

  • Jefe de proyecto: se encarga de comunicarse con el cliente para conocer todos los detalles del proyecto y plantearle las dudas que surjan durante el mismo. Por supuesto, debería tener un conocimiento profundo del juego que se va a localizar. Asimismo, ha de formar un equipo de traductores de distintos idiomas (normalmente francés, italiano, alemán y español, lo que se conoce como FIGS por French, Italian, German y Spanish) y tiene reuniones con ellos sobre aspectos relevantes para la localización del videojuego en cuestión (escenas importantes, nombres de personajes, etc.). También deberá tener una estrecha relación con el coordinador de testeo, figura que se describirá más tarde. En conclusión, el jefe de proyecto debe supervisar en todo momento la evolución del proyecto.
  • Traductores: son la pieza clave de todo proyecto de localización de videojuegos. Idealmente son conocedores de todo tipo de videojuegos y están familiarizados con la terminología propia de distintos géneros (FPS, RPG, estrategia, etc.). Según las condiciones del proyecto, jugarán a la versión en inglés del juego que tienen que traducir antes de ponerse manos a la obra y harán notas de todo aquello que les sea relevante de cara a la traducción del texto. De nuevo, de acuerdo a las circunstancias del proyecto, podrán tener una estrecha relación con los testers. Aunque en proyectos con miles de palabras es imposible, lo ideal es que solo haya un traductor de cada idioma por proyecto para mantener el estilo.
  • Revisores: se trata de traductores que revisan el trabajo de otros compañeros de profesión para corregir posibles errores y hacer todo tipo de sugerencias. Según el modelo escogido, el revisor tendrá la última palabra con respecto a la traducción (es decir, el traductor original quedaría fuera del proyecto) o bien le pasará un archivo con los cambios propuestos al traductor para que este decida si se implementan o no (el revisor entonces pasaría a llamarse “validador”). También deberían conocer muy bien el juego.
  • Coordinador de testeo: es responsable de formar un equipo de testers para cada idioma y supervisa en todo momento los errores que los traductores y testers encuentran, pues ha de aceptarlos para que queden realmente registrados en la base de datos del proyecto.
  • Testers: a pesar de su aparente poca importancia en comparación con el resto de personas involucradas en el proyecto, en realidad son vitales para que el juego salga a la venta totalmente impoluto. No solo se trata de encontrar fallos de gramática u ortografía, sino de ir mucho más allá y hacer sugerencias de estilo (sin pasarse, claro), comprobar que todos los mensajes tienen sentido en el contexto en el que aparecen, detectar incoherencias difíciles de hallar, informar sobre fallos de sistema (como bloqueos del juego), etc. Por tanto, una buena relación entre traductores y testers será absolutamente indispensable garantizar la calidad final del producto.

Este es el modelo utilizado por grandes empresas como Nintendo o Square-Enix para asegurar que las traducciones realizadas sean de calidad. Los videojuegos generan mucho dinero, y una mala localización puede significar que muchos jugones no se decidan a comprar un videojuego. Sin embargo, lo normal es que los equipos pequeños de desarrollo le confíen el trabajo de localización a agencias que, a su vez, solicitan los servicios de traductores autónomos. De este modo, los traductores no son realmente los que tienen la última palabra, sino el equipo de testeo, que muchas veces no tiene formación lingüística suficiente. En cuanto al traductor, le será imposible ver el texto traducido en pantalla o ni siquiera probar el juego antes de traducirlo.

De cualquier modo, lo que está claro es que haya una íntima colaboración entre todos los miembros del equipo o no, el trabajo “en equipo” es vital para la localización de videojuegos.

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El espacio invisible: ese gran desconocido

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 27/09/2007

S�mboloAhora que tengo ya casi tres meses de experiencia laboral, me pongo a reflexionar y me doy cuenta de cuántas cosas no me ha enseñado la Universidad: trabajar con memorias de traducción en un proyecto de traducción medianamente real, enfrentarme a textos realmente especializados, cambiar de un proyecto a otro sin tregua entre medias… No obstante, bien es cierto que la formación universitaria no puede cubrir todos los temas que uno querría tratar, y para ello está la experiencia profesional.

Una de las cosas en las que alguno de los profesores podía haber hecho hincapié durante la carrera es el uso del llamado «espacio indivisible», «espacio irrompible» o «espacio de no separación». Como estos nombres bien indican, se trata de un espacio que hace que la palabra que le sigue no aparezca en la siguiente línea. Esto puede parecer una tontería, pero no lo es tanto cuando un texto técnico está preñado de unidades de medida (distancia, volumen, presión, etc.) en su forma abreviada, ya que es antiestético e incluso dificulta algo la lectura ver un 3 al final de la línea y una ‘m’ al principio de la siguiente.

La solución a este problema es usar un espacio indivisible mediante la combinación de teclas Alt + 0160 en cualquier programa o el método abreviado Ctrl + Shift + Espacio en Word, TagEditor o SDLX. Si queremos asegurarnos de que los espacios son realmente indivisibles, conviene mostrar los caracteres ocultos del texto mediante el botón ¶ (llamado ‘calderón’, por cierto).

Pero no todo se reduce a utilizar el espacio indivisible con las unidades de medida. Sin ir más lejos, para la anterior combinación de teclas he usado espacios indivisibles con el fin de que aparezca todo junto en la misma línea. Por tanto, conviene utilizar el espacio indivisible siempre que se escriban cifras, como en «había 30 camas» o «después de 50 años».

Por otro lado, aunque ya depende quizás de cada uno, también es recomendable poner un espacio indivisible en nombres o marcas de productos compuestos por más de una palabra, como por ejemplo Microsoft Word o Mozilla Firefox. De hecho, parece que clientes como Hewlett Packard empiezan a obligar a los traductores a usar dichos espacios indivisibles.

Asimismo, y esto es ya cuestión de maquetación, es preferible que un párrafo no acabe con una única palabra en la última línea, especialmente si se compone de tres caracteres solamente. Por ello mismo, es preferible utilizar un espacio indivisible para que nos quede un párrafo bien alineado.

Desde luego, usar espacios indivisibles cuando nunca se han utilizado lleva su tiempo, pero como todo, es algo que se consigue automatizar.

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Traducciones y control de calidad

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 20/09/2007

Lista de comprobación«Las traducciones se abandonan, no se terminan», me comentaba un comapañero hace unos días. En efecto, por muy satisfechos que estemos de una traducción, es muy probable que si la leemos dentro de un mes veamos cosas que se podían haber mejorado, y ni que decir tiene si la lee otra persona.

Como siempre, el factor tiempo es clave para la duración del proceso de traducción. Si el plazo de entrega es inminente o si el cliente no paga lo que debería invertir por el trabajo realizado, es normal que queden cosas de las que no estemos totalmente seguros o que alguna frase no esté lo mejor redactada posible. Por ello mismo, la experiencia nos debe otorgar no sólo conocimiento nuevo, sino una resolución automática de determinados problemas de forma que optimicemos nuestro tiempo para centrarnos en lo que requiere más esfuerzo.

Lo ideal y que pocas veces puedo hacer en mi trabajo es, una vez terminada la traducción, revisarla detenidamente cotejando el original. Como he comentado, esto no es muy rentable teniendo en cuenta que la traducción se revisará internamente también por otro profesional y que, seguramente, el cliente o la agencia de traducción pagarán menos al traductor por haber contratado a un revisor. Así pues, normalmente se revisa sin mirar el original a menos que algún fragmento del texto meta suene raro.

No obstante, independientemente de la calidad de traducción, hay una serie de comprobaciones que se deberían hacer antes de dar por concluida nuestra versión de la traducción. Aunque se pueda pensar que son innecesarias, el tiempo empleado en ellas es relativamente poco y garantizan la calidad del producto. Dichas comprobaciones son las siguientes:

  1. Pasar el corrector ortográfico. Ya no se trata de creernos que sabemos escribir correctamente sin cometer fallos, sino de que las teclas y los dedos nos juegan malas pasadas de vez en cuando y cometemos varias erratas o incluso repetimos dos veces seguidas la misma palabra. Por ello, nunca está de más pasar el corrector ortográfico (y no fiarnos ciegamente de él, claro) antes de dar por concluida una traducción o revisión (no es la primera vez que añaden erratas en las correcciones).
  2. Comprobar que no haya ningún doble espacio. Aunque parezca una tontería, hay mucha gente (sobre todo traductores, cómo no) a la que le chirría ver un espacio de más entre una palabra y otra. Para evitarlos, basta con hacer un buscar y reemplazar y poner dos espacios en la caja de buscar y uno solo en la de reemplazar y —esto es importante— comprobar cada uno de los dobles espacios que se encuentren. No se debe aplicar la sustitución automática a todo los que se encuentre, y la respuesta es sencilla: muchas veces (por ejemplo, en SDLX) hay un espacio, a continuación una etiqueta de texto y luego otro espacio, y el buscar y reemplazar lo reconoce como un doble espacio.
  3. Asegurarse de que no haya dos puntos finales o comas seguidos. Al igual que los dobles espacios, basta con buscar y reemplazar «..» por «.» y «,,» por «,». De nuevo, es importante comprobar por uno mismo todos los resultados en vez de automatizar la corrección.
  4. Cerciorarse de la coherencia de las palabras que no se deben acentuar según la RAE. La nueva norma de la Academia dice que no hay que acentuar el adverbio «solo» ni los pronombres personales este, aquel, mi, etc. Si decidimos seguir dicha norma, es posible que el vicio de escribirlas siempre con tilde nos haga cometer errores, así que, si hemos comenzado hace poco a hacerle caso a la voz de la Academia, conviene buscar y reemplazar todas estas palabras.
  5. Confirmar la terminología y la traducción de algunas palabras o expresiones. Aunque el estilo resulte pesado, clientes como Microsoft o HP tienen guías de estilo que obligan a traducir ciertas expresiones siempre de la misma manera. Por ejemplo, si trabajamos para Microsoft, For more information about se debe traducir siempre por Para obtener más información acerca de, mientras que HP recomienda usar Si desea obtener más información sobre cómo. Por ello, conviene apuntar ciertas expresiones y comprobar finalmente que siempre hemos seguido la misma opción. En cuanto a la terminología, programas como Idiom WorldServer Desktop Workbench permiten comprobar que los términos del glosario aparecen en el texto meta.
  6. Comprobar que las cifras sean las mismas. A menos que hagamos conversiones (en cuyo caso deberemos tener mucho cuidado de no equivocarnos), conviene comprobar las cifras entre el segmento original y el traducido si el programa que usamos lo permite. Por ahora, sólo lo he visto en Idiom WorldServer Desktop Workbench.
  7. Si no traducimos en Word, copiar todo el texto a Word y hacer más comprobaciones. Por ejemplo, el corrector gramatical de SDLX deja mucho que desear, así que recomiendo utilizar el de Word y, allá donde haya errores, buscarlos luego en SDLX y corregirlos. Las funciones avanzadas de buscar y reemplazar de Word son desconocidas, pero son de gran de utilidad. Si queréis sacarle el máximo provecho, recomiendo leer este artículo.

Por supuesto, todas estas comprobaciones (¡y más que habrá, seguro!) no garantizan ni mucho menos que la traducción sea un éxito, pero al menos tendrá unos estándares de calidad mínimos de cara al cliente y a los usuarios finales. Además, tampoco hay que aplicar todas a rajatabla si el proyecto es muy pequeño.

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