Tanto si aún eres estudiante como si ya te dedicas a la traducción profesionalmente, puede que presumas de alguna de estas cualidades:
- Eres perfeccionista.
- No duermes si hace falta para entregar una traducción lo mejor posible.
- Preguntas al cliente todo lo necesario para que no se te escape nada.
- Consultas tus dudas terminológicas con expertos del sector.
- Repasas el texto mil veces antes de entregarlo.
- Siempre compruebas que has seguido las instrucciones.
- <Inserta aquí otra cualidad que crees que define a un buen traductor>
Sin embargo, te puedo asegurar una cosa que más vale que sepas bien pronto si es que tienes la suerte de que no te haya ocurrido aún: la vas a cagar. Vas a meter la pata más de una, cinco y veinte veces a lo largo de tu carrera profesional (y en tu vida personal). A veces se te colará una errata en una palabra en una nota al pie que casi nadie verá. Pero otras veces cometerás un error en el asunto de un correo importante que se enviará a miles de usuarios. Probablemente algún cliente no quede contento con tu traducción alguna vez. Y en más de una ocasión se te olvidará adjuntar el archivo de tu traducción antes de irte a dormir con el consecuente retraso debido a las diferencias horarias con tu cliente.
“Es que…”
Cuando eso te pase, y créeme que te va a pasar, tienes dos opciones:
- Echarle la culpa a otro (incluido el “es que se me fue la luz”).
- Reconocer tu error y tratar de solucionarlo lo antes posible.
Por desgracia, creo que mucha gente optará por la primera opción. A veces en realidad esa será la verdad, pero normalmente nosotros seremos los únicos culpables, así que sé humilde y déjate de tanto “es que” y soluciona el problema cuanto antes. En serio, he metido muchas veces la pata y hasta la fecha nadie me ha mandado a tomar por viento cuando se lo he tenido que reconocer (podrían haberlo hecho), y quiero creer que en parte eso se debe a que he intentado ponerle remedio en vez de esperar que nadie se dé cuenta. Sí, me han entrado sudores fríos esperando la respuesta de la otra persona al contarle que algo había salido mal, pero por suerte la conclusión final ha sido que se ha podido subsanar el error a tiempo o que al menos ha servido de lección para el futuro.
Para mejorar hay que equivocarse en el camino. Incluso aunque estés convencido de que lo has hecho bien o de que tú tienes razón, intenta a escuchar a los demás. Así que la próxima vez que te equivoques, admítelo. No será el fin del mundo y encima probablemente se estará a tiempo de corregir el problema. A ti te servirá para aprender y, de algún modo, la otra persona podrá ver que estás tanto para lo bueno como para lo malo y que eres humilde, cualidad que cada vez veo más necesaria en cualquier persona.
Si has llegado hasta aquí… ¿Te ha pasado algo parecido? Seguro que tienes alguna anécdota que contar.
Una célebre coletilla es decir “es de sentido común”; por desgracia, creo que he oído más veces lo de “el sentido común es el menos común de los sentidos”.
Cuando uno lee un título como este, seguramente se espere la típica lista sobre qué hacer para fidelizar clientes o algo por el estilo. Sin embargo, aunque está claro que fidelizar nos interesa, me gustaría tratar el tema de otra forma.
¿Por qué no iba a pasar lo mismo en el mundo de la traducción? Esta mañana he estado intercambiando un par de mensajes de trabajo con un gestor de proyectos que conozco de hace poco y, en un inciso, me preguntaba si me compraría la Wii U cuando salga. Al final yo le he acabado contando que este fin de semana me pasé en una tarde el Super Metroid (lo mejor es que no le he contado que la tarde anterior me había pasado el Metroid Fusion) y que él tiene ganas ya de que salga el Halo 4. El lunes me escribió otro gestor de proyectos de la misma empresa para resolver una duda… desde Tailandia. Esta semana él estaba de vacaciones, pero aun así mira el correo de vez en cuando. De hecho, le dije que no fuera como yo, que quitase la conexión de datos del móvil y se fuera a la playa sin pensar en trabajo.
Siempre decimos que lo más difícil es conseguir clientes, pero a veces no reparamos en que un cliente puede tener varios traductores y que debemos hacer todo lo posible por destacar entre los demás para así ganarnos su confianza y que nos dé proyectos de cierta envergadura. Yo ahora tengo la suerte de ser uno de los traductores habituales para dos agencias de localización de videojuegos que, evidentemente, sé que tienen otros traductores, pero siguen enviándome trabajo chulo que podrían enviar a otras personas.
Últimamente he tenido algunos encargos de revisión en los que la agencia me ha pedido que le haga un precio por hora en lugar de por palabra. En este caso, la agencia presupone que reviso unas 1000 palabras de media en una hora. Y claro, cuando hay que dar un precio, la inexperencia nos puede jugar una mala pasada. En este blog
De nuevo cuento con la inestimable colaboración de 
Últimos comentarios