Algo más que traducir
Blog sobre traducción profesional, localización de videojuegos, software, aplicaciones móviles, sitios web y tecnologías de la traducción por Pablo Muñoz

Si la has cagado… ¡Reconócelo!

031913 0915 Silahascaga1 Si la has cagado... ¡Reconócelo!

Tanto si aún eres estudiante como si ya te dedicas a la traducción profesionalmente, puede que presumas de alguna de estas cualidades:

  • Eres perfeccionista.
  • No duermes si hace falta para entregar una traducción lo mejor posible.
  • Preguntas al cliente todo lo necesario para que no se te escape nada.
  • Consultas tus dudas terminológicas con expertos del sector.
  • Repasas el texto mil veces antes de entregarlo.
  • Siempre compruebas que has seguido las instrucciones.
  • <Inserta aquí otra cualidad que crees que define a un buen traductor>

Sin embargo, te puedo asegurar una cosa que más vale que sepas bien pronto si es que tienes la suerte de que no te haya ocurrido aún: la vas a cagar. Vas a meter la pata más de una, cinco y veinte veces a lo largo de tu carrera profesional (y en tu vida personal). A veces se te colará una errata en una palabra en una nota al pie que casi nadie verá. Pero otras veces cometerás un error en el asunto de un correo importante que se enviará a miles de usuarios. Probablemente algún cliente no quede contento con tu traducción alguna vez. Y en más de una ocasión se te olvidará adjuntar el archivo de tu traducción antes de irte a dormir con el consecuente retraso debido a las diferencias horarias con tu cliente.

“Es que…”

Cuando eso te pase, y créeme que te va a pasar, tienes dos opciones:

  • Echarle la culpa a otro (incluido el “es que se me fue la luz”).
  • Reconocer tu error y tratar de solucionarlo lo antes posible.

Por desgracia, creo que mucha gente optará por la primera opción. A veces en realidad esa será la verdad, pero normalmente nosotros seremos los únicos culpables, así que sé humilde y déjate de tanto “es que” y soluciona el problema cuanto antes. En serio, he metido muchas veces la pata y hasta la fecha nadie me ha mandado a tomar por viento cuando se lo he tenido que reconocer (podrían haberlo hecho), y quiero creer que en parte eso se debe a que he intentado ponerle remedio en vez de esperar que nadie se dé cuenta. Sí, me han entrado sudores fríos esperando la respuesta de la otra persona al contarle que algo había salido mal, pero por suerte la conclusión final ha sido que se ha podido subsanar el error a tiempo o que al menos ha servido de lección para el futuro.

Para mejorar hay que equivocarse en el camino. Incluso aunque estés convencido de que lo has hecho bien o de que tú tienes razón, intenta a escuchar a los demás. Así que la próxima vez que te equivoques, admítelo. No será el fin del mundo y encima probablemente se estará a tiempo de corregir el problema. A ti te servirá para aprender y, de algún modo, la otra persona podrá ver que estás tanto para lo bueno como para lo malo y que eres humilde, cualidad que cada vez veo más necesaria en cualquier persona.

Si has llegado hasta aquí… ¿Te ha pasado algo parecido? Seguro que tienes alguna anécdota que contar. icon smile Si la has cagado... ¡Reconócelo!

Pensar es gratis, pero a veces cuesta

112712 1036 Pensaresgra1 Pensar es gratis, pero a veces cuesta Una célebre coletilla es decir “es de sentido común”; por desgracia, creo que he oído más veces lo de “el sentido común es el menos común de los sentidos”.

Durante el último año he tenido la suerte de estar al otro lado de las pruebas de traducción, y casi podría decir que he corregido más pruebas de las que yo mismo he hecho. Por un lado es gratificante saber que alguien te considera lo suficiente capaz para decidir si un persona merece una oportunidad, aunque por otro la verdad es que muchas veces no es nada agradable saber que al otro lado habrá una persona que no se pondrá muy contenta al enterarse de que alguien no le ha dado el visto bueno.

Ni mucho menos estoy en posición de tener la verdad sobre las pruebas de traducción: de hecho, si buscas en Google “pruebas de traducción”, hay todo tipo de información al respecto:

El problema de no pensar

Hay mil razones para no pasar una prueba por muy bien que la hagamos (yo mismo la he cagado varias veces, y en cualquier caso no se puede caer bien a todo el mundo), pero la que más me fastidia es la de no pensar:

  • Al corregir, puedes decir “ay, que no sabía que esto es un término de marketing que en realidad se deja en inglés” y sentir algo de pena porque sabes que el candidato en el fondo lo habría averiguado documentándose bien. Pero, por desgracia, también puedes encontrarte con “mercadotecnia” en vez de “marketing”: arguméntame lo que quieras, pero si vas a trabajar para un departamento de marketing (y el candidato lo sabe), NO es una opción válida (por lo menos en español de España). No recuerdo ahora quién lo dijo en Twitter el otro día, pero la excusa de “viene en el diccionario” hoy en día es eso, una excusa.

     

  • Por supuesto que hay aplicaciones para móviles en las que se debe tratar de usted al usuario, pero creo que la gran mayoría de aplicaciones usan el tú hoy en día porque un chaval de 16 años puede usarla perfectamente. Además, aunque el usuario tenga 40, así hay más cercanía. Algunos dirán que “eso lo decide el cliente”, pero después de haber traducido bastantes aplicaciones hasta la fecha, no puedes confiarle todas las decisiones al cliente. ¿De verdad usarías el usted para Facebook o se lo consultarías al cliente? A mí no me parecen opciones válidas si precisamente estoy buscando que sepas pensar.

     

  • Si se hace referencia a algún tipo de opción del sistema operativo y me la ponen mal, el candidato no merece mi respeto. Yo nunca he tenido un iPhone y sin embargo he traducido muchas aplicaciones de iPhone: ¿qué hacía al principio cuando no sabía cómo se había traducido, por ejemplo, Location Services (que, por cierto, la traducción al español ha cambiado no hace mucho)? Pues me empapaba del manual oficial en español, miraba documentación por todos lados y le preguntaba a un amigo que sí tenía el iPhone. Si en una prueba no me demuestras que tienes recursos, mal.

     

  • Esta sí que es buena: tienes un bonito apartado para poner referencias consultadas y, en vez de lucirte y poner que has mirado la página web del cliente o un glosario especializado sobre termodinámica que viene al caso, vas y pones que has mirado en Google y WordReference. Esto no es un trabajo de clase de primero de carrera.

     

Probablemente muchos lectores se echen las manos a la cabeza leyendo estas cosas, pero creedme que pasa más a menudo de lo que uno cree. A veces, el traductor ideal no es necesariamente el que mejor traduce, sino el que mejor piensa (o simplemente piensa).

Pensar es gratis, pero a veces cuesta.

Tu relación con los clientes

100212 0944 Larelacinco1 Tu relación con los clientes Cuando uno lee un título como este, seguramente se espere la típica lista sobre qué hacer para fidelizar clientes o algo por el estilo. Sin embargo, aunque está claro que fidelizar nos interesa, me gustaría tratar el tema de otra forma.

Con los clientes me pasa como con los amigos de verdad: tengo pocos, pero los que tengo son, en general, de los que se acuerdan de ti pase lo que pase. Aunque hay que diversificar para tener los huevos en diferentes cestas por si alguna se rompe, creo que es mejor ofrecer un gran servicio a unos clientes que te valoran de verdad antes que acaparar todo lo que puedas. Menos clientes a veces es más valor. Por supuesto, llegar a eso no es nada fácil, y solo el tiempo y nuestro buen hacer nos permitirán llegar a ese nivel.

Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol. Sin embargo, me gustaría analizar por qué unos clientes, sobre todo agencias, se quedan contigo cuando hay muchos más como tú que seguro que hacen un trabajo igual de bien al mismo precio o incluso un poco menos. ¿Qué les hace sentir que tengas ganas de volver?

Pues creo que es la familiaridad. Porque, si os soy sincero, a mí eso de decir “mi cliente” la verdad es que no me gusta del todo. Me suena a abogado. Yo prefiero pensar que hay una serie de personas que se llevan bien conmigo que saben que soy traductor y que me llaman cuando me necesitan. Hay que pagar, claro, pero dentro de lo que cabe lo entienden porque saben que estarán contentos con el resultado, como cuando tú te vas a tu peluquero de toda la vida porque te gusta cómo te pela y, sobre todo, te gusta charlar con él mientras te pela. O como cuando vas al mismo bar porque, aparte de las cervezas y tapas que te pongan, pasas un rato agradable con el camarero. No te importa dejar propina si tú te sientes como en casa.

100212 0944 Larelacinco2 Tu relación con los clientes¿Por qué no iba a pasar lo mismo en el mundo de la traducción? Esta mañana he estado intercambiando un par de mensajes de trabajo con un gestor de proyectos que conozco de hace poco y, en un inciso, me preguntaba si me compraría la Wii U cuando salga. Al final yo le he acabado contando que este fin de semana me pasé en una tarde el Super Metroid (lo mejor es que no le he contado que la tarde anterior me había pasado el Metroid Fusion) y que él tiene ganas ya de que salga el Halo 4. El lunes me escribió otro gestor de proyectos de la misma empresa para resolver una duda… desde Tailandia. Esta semana él estaba de vacaciones, pero aun así mira el correo de vez en cuando. De hecho, le dije que no fuera como yo, que quitase la conexión de datos del móvil y se fuera a la playa sin pensar en trabajo.

Vale, esta es una empresa de muy buen rollo a la que conozco de hace tiempo. Pero el caso es que, con otros clientes, me pasa más de lo mismo. No todo se reduce a trabajo y más trabajo, sino a que sepas que la persona que hay detrás de un negocio es precisamente eso, una persona. Se es persona antes que trabajador. Quizás yo me paso intentando hacer que la comunicación sea familiar desde el primer momento y eso no siempre funciona (hay un cliente al que no le pongo emoticonos ni me ando con rodeos porque el tío es superserio), pero es que es mi forma de ser y me gusta rodearme con gente de mi mismo rollo. Por ahora no me va nada mal por suerte.

Y es que de eso se trata. Tratando a la gente con la que trabajas como trato a mis amigos parece que me funciona. Evidentemente, tienes que ofrecer un buen servicio para que queden contentos, pero la clave está en que tú seas la primera opción para determinados proyectos antes que otros que lo pueden hacer igual o incluso mejor que tú. Puede que eso de hablar sobre el Metroid vaya en contra de la productividad porque podrías invertir el tiempo en otra cosa, pero es que no solo pienso en el dinero ni en “ofrecer un servicio” cuando estoy trabajando.

Y vosotros, ¿cuál es vuestra relación con la gente que trabajáis? icon smile Tu relación con los clientes

Consejos para fidelizar a un cliente y ganarte su confianza

103111 1002 Consejospar11 Consejos para fidelizar a un cliente y ganarte su confianzaSiempre decimos que lo más difícil es conseguir clientes, pero a veces no reparamos en que un cliente puede tener varios traductores y que debemos hacer todo lo posible por destacar entre los demás para así ganarnos su confianza y que nos dé proyectos de cierta envergadura. Yo ahora tengo la suerte de ser uno de los traductores habituales para dos agencias de localización de videojuegos que, evidentemente, sé que tienen otros traductores, pero siguen enviándome trabajo chulo que podrían enviar a otras personas.

Sin embargo, dado que uno a veces pierde perspectiva con lo que hace realmente trabajando para un cliente (es decir, no es yo que me diga todo el rato “voy a hacer, esto, aquello y lo otro para ganarme su confianza”), los ejemplos de una buena actitud con un cliente no los voy a comentar desde mi experiencia como traductor de cara a un cliente, sino de cómo yo, actuando de cliente, he podido ver una gran actitud en un colaborador y se ganado toda mi fidelidad para cualquier cosa que me surja. Estoy hablando, como quizás ya adivinéis por la entrada anterior, de Álvaro García Barbón.

Un traductor fideliza a un cliente cuando…

  • Contesta con gran entusiasmo a todos los encargos. La primera vez que le escribí a Álvaro por si estaba interesado en traducir un juego para iPhone, se lo notaba emocionado. Yo ya hablé de la tarifa que le pagaría y otros detalles de plazos y cosas así, pero sabiendo que había cierta confianza entre él y yo, me dijo básicamente que “como si tiene que ser por menos y no duermo para sacar esto adelante”. Evidentemente, esto es en sentido figurado (no era un negrero con su esclavo icon razz Consejos para fidelizar a un cliente y ganarte su confianza ), pero lo que quiero decir es que no me dijo “ah, qué guay; sí, creo que lo puedo hacer” y ya está. De hecho, sin haberle dado mucha información del juego, se molestó en buscar la entrada de un blog que hablaba sobre ese juego para preguntarme si era ese. En resumen: sea como sea, demuestra un gran interés por el encargo de tu cliente.

     

  • Contesta a los correos rápido. Esto a lo mejor no os parece muy importante porque tenéis mil cosas que hacer y no podéis mirar el correo todo el rato, pero creedme que saber que en una media hora como mucho tengo a Álvaro respondiéndome a un correo es una gozada. Incluso cuando ya no era de 9 a 6, ahí lo tenía contestándome. Evidentemente, con un cliente normal no es lo más indicado contestar fuera del horario de oficina porque tampoco es cuestión de estar disponible 24 horas, pero sabiendo que él tenía otro trabajo y que precisamente trabajaba fuera de ese horario, creo que entraba dentro del plan.

     

  • Mantiene al día al cliente. Una cosa que me sorprendió muy gratamente, y que siempre intento hacer también cuando el plazo de entrega es más o menos holgado, es informar a la otra persona de que todo bien incluso cuando no te lo piden. Personalmente, encontrarme antes de dormir un correo en el que Álvaro me decía que todo iba bien, que tenía alguna dudilla con un término y que tenía X por cierto del archivo traducido, la verdad es que me tranquilizaba. Y ya os digo: yo no le dije al principio que me mantuviera al día, pero es algo que valoré mucho y que demuestra interés por lo que hace.

     

  • Sabe decir que no. ¿Pero cómo puede fidelizar esto a un cliente? Pues porque de esta manera, ves que la otra persona es sincera y, si tiene un viaje o lo que sea y no hay manera de cuadrar las cosas, te avisa con tiempo de que, sintiéndolo mucho, le es imposible hacer algo. Y es entonces cuando un buen cliente lo comprende y no pasa nada, pues no por ello prescinde de sus servicios más adelante. Yo ya van unas cuantas veces en las que digo “Mira, lo siento de veras, pero me es imposible porque viajo” y no ha pasado nada, luego me han seguido dando trabajo o, incluso, me han dado más plazo (eso es lo primero que intento negociar). Esto no lo puedes hacer la primera vez que te mandan un trabajo, pero cuando hay cierta confianza, la cosa es diferente.

     

  • Si tiene una duda, la pregunta. Y es que cuando uno lleva ya cierta experiencia traduciendo, sabe que tener dudas y preguntar al cliente es un indicio de que la cosa va viento en popa. Recuerdo que cuando trabajaba para un gran cliente hace unos años, el revisor principal me dijo que “desconfiaba de los traductores que no preguntaban”. No se trata de dar la vara todo el rato, pero que en 4000 palabras de algo totalmente nuevo no tengas ninguna duda… Un poco raro es. Personalmente, creo que siempre he preguntado algo en los últimos proyectos que he hecho, incluso aunque eso retrasara la fecha final de entrega (porque, si el cliente es bueno, comprenderá que hay que responder las preguntas a tiempo para entregar algo de calidad).

     

  • Se preocupa de la traducción después de ser publicada. Esto a veces es difícil porque lo mismo pasan seis meses hasta que se publica tu traducción y ya ni te acuerdas, pero en este caso, el juego se publicaba ya mismo, y cuál fue la sorpresa de Álvaro al ver que había cosas en inglés y que en la descripción de la App Store había cosas bastante raras que no nos sonaban de nada… Acto seguido, informamos al cliente y pudimos remediarlo. Esto en realidad se traduce en otra recomendación: si hay una cagada, sea tuya o no, coméntala si estás a tiempo para que se arregle.

     

  • Si hay errores en el original, los comenta. Este es otro gran clásico. En este caso, si no recuerdo mal, se aplicaba tanto a pequeñas erratas en el original como alguna cosilla que yo no puse bien. Y ya os digo, en este caso, puede que nos dé miedo informar al “jefe” de que ha puesto algo mal, pero si es verdad… ¿por qué no comentarlo? No sé, para mí es otro símbolo de que se está preocupando por el proyecto en general.

Y todas estas recomendaciones las ha cumplido al 100% nuestro amigo Álvaro, un chaval de 22 años con un potencial de escándalo. La semana pasada colaboramos en un auténtico proyectazo y creedme que su traducción fue, para que me entendáis, cojonuda. Apenas tuve que revisar nada. Así que si de verdad la gente cree que se necesitan 5 años de experiencia para traducir bien, al menos en videojuegos creo que no es del todo cierto. icon wink Consejos para fidelizar a un cliente y ganarte su confianza Por mi parte… ¡Espero haber sido un buen jefe! icon razz Consejos para fidelizar a un cliente y ganarte su confianza

Traducir y revisar cobrando por horas en lugar de por palabras

050311 0832 Traduciryre11 Traducir y revisar cobrando por horas en lugar de por palabrasÚltimamente he tenido algunos encargos de revisión en los que la agencia me ha pedido que le haga un precio por hora en lugar de por palabra. En este caso, la agencia presupone que reviso unas 1000 palabras de media en una hora. Y claro, cuando hay que dar un precio, la inexperencia nos puede jugar una mala pasada. En este blog ya hemos hablado largo y tendido sobre las tarifas de traducción, pero releyendo dicha entrada, sorprende que nadie sacara el tema de cobrar por horas. Por esa razón, me gustaría que esta entrada sirviera de complemento a la mencionada anteriormente, donde el debate fue lo más interesante.

 

Cobrar por horas: un arma de doble filo

En mi opinión, esta forma de cobrar presenta ciertas ventajas e inconvenientes a la vez. Por un lado, si cobramos por horas sabemos que si necesitamos más tiempo del habitual por cualquier razón, cobraremos por ello. Por ejemplo, si la traducción es mediocre y necesitamos echarle unas cuantas horas más para dejar el texto decente, seremos recompensados como corresponde. Se acabó el quejarse de que hemos necesitado el doble de tiempo para revisar un texto: ¡eso que nos llevamos al bolsillo!

Pero ¡ah, amigo! En la otra cara de la moneda, el cliente no sabrá a ciencia cierta por cuánto le saldrá la broma, y si tardas más de lo que en un principio estimas, probablemente te pedirá una justificación de por qué has tardado tanto. Y no sé, como cliente, me gusta tener un precio más o menos cerrado y no tener que llevarme luego una desagradable sorpresa.

Por si fuera poco, entra en juego otra variable más: nos llega un encargo de un montón de palabras para revisar y nos frotamos las manos. Nos ponemos manos a la obra y resulta que el texto está bastante bien, y encima somos superrápidos porque antes nos han dado una buena noticia y estamos que lo damos todo. Total, que en realidad no hemos tardado más que una hora en revisar 2000 palabras. Más nos vale haber pedido 40 € la hora, porque si no, incluso cobrando algo más o menos bajo como 0,02 € por palabra revisada, estaríamos perdiendo dinero. Si somos especialistas en un determinado tema, creedme que se puede llegar a esa velocidad de revisión.

 

Pero… ¿En qué casos se cobra por hora?

Pues esto es un tema algo variable. Por mi experiencia, normalmente la traducción se suele cobrar casi siempre por palabra, aunque no sería la primera vez que tengo un trabajo de traductor/revisor y luego te pagan por horas independientemente de lo que hagas. Este es un caso típico de los traductores autónomos que trabajan en plantilla por unas horas en las oficinas de sus clientes. Por ahora solo he cobrado por horas en el caso de la traducción cuando se trataba de pequeñas actualizaciones a un archivo ya traducido (lleva tiempo abrir los nuevos archivos actualizados, pasarles la memoria y mirar los fuzzies; eso hay que cobrarlo también).

La revisión se suele cobrar por horas según he visto, aunque por ahora yo a mis clientes les he ofrecido un precio por palabra revisada (del original) de hasta 0,04 € (de media suelo pedir unos 0,03 €). Luego hay otras tareas como la maquetación y el testeo que ahí sí que se deben cobrar por hora porque no se cuenta realmente con algo que se pueda medir fiablemente para fijar un precio cerrado.

 

Ajá… ¿Y entonces cuánto pido?

Llegamos al verdadero meollo del asunto: ¿a cuánto cobramos la hora? Pues aparte de que depende de si estamos con una agencia o no, en principio creo deberíamos fijar una única tarifa para cualquier servicio que hagamos, porque el tiempo lo vamos a utilizar igualmente. Es decir, no se trata de que traduzcamos a 30 € la hora, revisemos a 25 € y testeemos a 20 € teniendo en cuenta el grado de esfuerzo que implica, sino de que le pongamos un precio a una hora de nuestro tiempo, sea lo que sea. En principio somos profesionales y cualquiera de estas actividades la vamos a hacer poniendo nuestro máximo empeño. Además, mientras cobramos 20 € por testear, podríamos estar traduciendo para un cliente a 0,08 € la palabra a 500 palabras por hora, lo que equivaldría cobrar 40 € la hora.

Eso nos da una gran pista para calcular nuestro precio por hora: si a un cliente le cobraríamos 0,07 € y traducimos a 500 palabras la hora más o menos (incluida la autorrevisión de todas esas palabras), un precio de 30-35 € la hora estaría bien, ya que 0,07 x 500 = 35 €. Por supuesto, tampoco hay que abusar: a una agencia no sé si es fácil colarle 35 € la hora, y yo de momento solo lo he hecho con una para unos proyectos de revisión aislados. El precio mínimo que he aplicado ha sido 18 € y porque sabía que eran 8 horas seguidas durante varios meses para un proyecto, y actualmente le cobro 23 € a mi cliente principal (le debería cobrar más siendo quienes son, pero precisamente por falta de desinformación, al final pequé de “conservador”). Tened en cuenta que todos estos precios son en bruto y que, aplicando la fórmula de:

(precio por palabra) x (número de palabras traducidas o revisadas por hora) = (precio por hora)

en realidad el precio no es tan alto como podría parecer si lo comparamos con un precio por palabra. Recordad que si os toca un texto “fácil” y de vuestra especialidad, y además tenéis ya cierta experiencia, podéis llegar a traducir hasta 800-1000 palabras (finales) por hora, lo cual puede hacer que vuestra hora llegue fácilmente a los 70 € brutos si cobráis por palabras.

Y vosotros, ¿qué experiencia habéis tenido cobrando por horas?

El buen freelance (artículo invitado de Juan Pablo Ordóñez)

032111 1033 Elbuenfreel1 El buen freelance (artículo invitado de Juan Pablo Ordóñez)De nuevo cuento con la inestimable colaboración de Juan Pablo Ordóñez, diseñador de videojuegos de reconocida experiencia que ya nos habló hace tiempo sobre la importancia de contar con buenos profesionales de la localización, para compartir con vosotros información más que útil sobre el otro lado de nuestra profesión. Esta vez Juan Pablo nos habla sobre las cualidades ideales de un buen freelance: qué debe hacer, qué no debe hacer, qué puede hacer un freelance para dar confianza a un cliente, etc.

Sinceramente, he aprendido muchísimo de todos sus consejos y estoy seguro de que después de leer esta entrada vosotros también vais a ver las cosas de otra manera. Por supuesto, esta no es la forma particular de trabajar de Juan Pablo, sino simplemente una forma de transmitir lo que pasa al otro lado, ese lado que muchos desconocemos. Una pequeña nota: este artículo es más largo de la habitual, así que recomiendo leerlo en un momento del día en que no estés muy ocupado para no perderte nada (era difícil hacer una entrada dividida con tanta información). Ahora, ¡a disfrutar! icon biggrin El buen freelance (artículo invitado de Juan Pablo Ordóñez)

El buen freelance

Mucho se ha escrito sobre el trabajo como autónomo. Existen incluso manuales donde se explican buenas prácticas y consejos de otros profesionales que, bajo el mismo techo de freelance, comparten su experiencia en este tipo de trabajos. Lejos de entrar en el tema desde el mismo punto de vista, hoy voy a intentar plasmar un poquito de lo que ha sido mi trabajo con este tipo de profesionales hasta la fecha.

¿Por qué contratar a un freelance?

Un freelance ofrece respuestas a preguntas muy concretas, es decir: un buen freelance soluciona problemas específicos, ya que cubre o complementa áreas del desarrollo que necesitan apoyo o de las que carece la empresa en un momento determinado. Además, el tipo de contrato compromete en menor medida a la empresa en cuanto al típico “por obra y servicio”.

Muchas veces a las empresas no les sale rentable contratar a un profesional a tiempo completo, y cubrir un área tan específica y acotada en el tiempo con un freelance es la mejor opción. Asimismo, acceder a una red de profesionales autónomos garantiza una interesante negociación sobre los precios y las condiciones de trabajo, el flujo de trabajo y los términos del contrato.

¿Cuáles son los puntos delicados?

Al menos, a priori, contratar a alguien autónomo no ofrece las mismas garantías que tener a alguien en plantilla de manera permanente en cuanto a control. Podría parecer que la implicación es menor si tenemos a una persona haciendo un trabajo por el que se le va a pagar y soltar aquello de “muchas gracias por todo y ya te llamaré si te necesito otra vez”. Esto depende mucho de la filosofía de empresa, incluso del país donde trabajes, pero he visto en varios casos repetirse el mismo patrón. Es más, a veces es inevitable no mostrar cierta información del proyecto, sensible a todo el que no esté, digamos, “dentro”. Y eso excluye generalmente al pobre freelance.

Aunque la realidad (al menos cuando ha estado en mi mano) apunta en sentido opuesto, generalmente el freelance es visto como alguien que llega, hace un trocito pequeño, cobra, se va y se olvida del proyecto.

Las cualidades del freelance

Como cliente, cuando buscas un buen profesional que trabaje como autónomo, necesitas que se cumplan una serie de cualidades.

El buen freelance

  • Tiene un buen portfolio de proyectos e información sobre los servicios que puede prestar; léase web (mínimo), tarjetas de visita (business cards), folletos digitales descargables e imprimibles, un listado de referencias de clientes satisfechos, acceso al perfil profesional (curriculum) si procede, etc. Ah, y por supuesto, todos los métodos de contacto posibles: correo electrónico, teléfono fijo o móvil, formularios de contacto, etc.

  • Muestra interés por todas las solicitudes de trabajos de posibles clientes; la agenda luego nos dirá si podemos o no llevar a cabo la empresa, pero por muy atareados que estemos, no es recomendable decir un “no” de primeras. No serías el primero que, creyendo que el cliente quiere el trabajo para el próximo mes —período en el que estás a tope de trabajo—, dice que no sin escuchar la propuesta del cliente y descubre, entristecido, cómo la fecha para empezar a trabajar le venía perfectamente. Terminas por perder un cliente potencial por no haber escuchado.

  • Anticipa la carga de trabajo según el tipo. No es lo mismo traducir algo cerrado como un libro o una página web, que hacerlo con un videojuego; es en este último campo donde existen tantísimas dependencias con los contenidos que a última hora suele haber cambios, y bastante grandes.

  • Controla sus pagos. Salvo en el caso de proyectos muy, muy largos, suele ser común cobrar al final, con la entrega del mismo. La forma y fechas de pago deben estar recogidas en el contrato, así como la forma de trabajo y un largo etcétera. Eso sí, el tema económico es uno de los más delicados, así que si prevés que vas a necesitar el dinero urgentemente y el proyecto va a durar dos años, negocia entregas parciales de porcentajes del pago total. Si sabes negociar, incluso puede que consigas algo por adelantado, una vez firmado el contrato. Pero no lances un órdago demasiado pronto; estas cosas solo suelen funcionar a los más veteranos, con prestigio profesional de sobra como para saber que, incluso adelantándoles dinero, van a responder con total seguridad.

  • Se cubre las espaldas. Tu trabajo empieza y termina donde lo hacen las fechas firmadas en el contrato. Todo lo que salga de ahí deberá ser recogido en cláusulas especiales, de manera que tus cálculos de beneficios siempre estén bien ajustados. Por no tener estas cosas bien atadas, muchos clientes terminan por aprovecharse del autónomo y le exigen cambios o añadidos después de lo que se supone que ha sido un cierre de proyecto.

  • ¡Tiene un buen abogado! Esto, que parece tan obvio, deja desprotegidos a muchísimos profesionales. Tanto los contratos que firmes para y con los clientes, la protección de datos de los mismos y tu propia actividad profesional, deben estar asesoradas por un buen abogado. Y, ante la mínima duda de cualquier tipo, ¡consúltale!

  • Es constructivo y contribuye (sin excesos). A nadie le amarga un dulce; si tu cliente ve que tu interés va un poquito más allá de lo que pone el contrato y contribuyes positivamente de alguna manera al proyecto, su opinión sobre ti mejorará considerablemente, y posiblemente pases a ser una de las primeras opciones en próximos proyectos. Ojo, no hablamos de regalar trabajo, sino de pequeños detalles como sugerencias en la organización de la información que, por tu experiencia, sabes que funcionarán mejor (no olvides citar las fuentes, teorías o trabajos previos que atestiguan tu propuesta). Generalmente con un par de líneas basta. Pero no seas demasiado entrometido, solo sugiere allá donde honestamente veas que se puede mejorar algo. Incluso los propios desarrolladores a veces no lo tienen fácil para hacer este tipo de sugerencias, y hablamos del equipo interno de la empresa.

  • Se informa sobre el proyecto y todo lo que engloba. Nadie sabe de todo, y echar un vistazo por Internet o preguntar a otros compañeros sobre un determinado proyecto de un campo que desconocemos nunca está de más. En videojuegos, una de las cosas más valoradas es que el localizador entienda a la audiencia (comúnmente llamada target o público objetivo), y sepa o aprenda (esta última palabra es vital) a desenvolverse en su propio escenario, lo que implica desde utilizar un vocabulario más o menos técnico, hasta entender las bromas del original y usar las propias del perfil que va a jugarlo.

  • Es positivo. Los cómics de Pepe Gotera y Otilio, dos fontaneros chapuceros, recuerdan mucho a esos profesionalillos que, antes de si quiera comprobar las tuberías, ya están diciendo lo desastroso que está todo, lo mal que lo han hecho los que han tocado ahí antes que él y, por supuesto, la gran suerte que tiene el cliente de haber dado con él, el “gran salvador”… Y no olvidemos que los “grandes salvadores” siempre tienen grandes precios. Lejos de darte importancia, caché y glamur, esta actitud (bastante común sobre todo en perfiles más junior), restará credibilidad y profesionalidad a tu imagen como tal. Sea como sea tu trabajo. En resumen: no te des importancia; ya te la dará el resultado de tu trabajo.

  • Es discreto. Cometer faltas de ortografía y gramática es algo, por desgracia, a la orden del día. Como profesionales de la localización y dominadores de las letras, muchas veces el texto que os llegará tendrá todo tipo de incorrecciones. Lejos de alertar al cliente sobre ello, limítate al principio a localizarlo. Recuerda que es tu cliente y no tu alumno. Si tienes la ocasión de corregirlo y se trata de algo pequeño y asumible, propónselo al cliente discretamente. Si el texto es una auténtica carnicería lingüística, cruza los dedos y pon unas velas al pobre guionista, porque seguramente su cabeza acabe rodando por el suelo.

  • Ve la fecha de entrega como el último límite, no como el objetivo. Intenta terminar un poco antes de la fecha límite. Piensa que, a la hora de dar estimaciones de tiempos de trabajo, siempre hay que contar con un pequeño margen de error que te cubrirá las espaldas ante cualquier imprevisto: problemas con Internet, ordenador estropeado, reinstalación de programas, retraso por la dificultad del texto, temas personales varios, etc.

  • También es más que recomendable adaptarse a los formatos y forma de trabajo del cliente. Salvo excepciones muy contadas, en la industria de los videojuegos existe un sistema por debajo que usa un tipo de archivos concreto, con un formato específico. Suele ser algo tedioso, pero existe una justificación a nivel de tecnología por la que se hace así.

No es aconsejable para el freelance

  • No dar señales de vida hasta la fecha de entrega. El cliente necesita tener la seguridad de que todo va correctamente. En producción se trata de tener siempre al día el estado del proyecto para que todo funcione correctamente en la cadena de desarrollo. Una de las cosas más críticas para lograrlo es identificar los problemas lo antes posible para ponerles solución, lo que incluye llevar un seguimiento no solo del equipo interno, sino también de los profesionales contratados como autónomos. Si tu trabajo va a durar bastantes días (y esto es más crítico cuanto mayor sea la duración del proyecto), mantén contacto con tu responsable en la empresa.

  • No dividir el trabajo en entregas parciales. La continuidad es toda una ventaja cuando se trata de asegurar que el producto, en este caso el documento con las traducciones, estarán listas a tiempo; dejarlo todo de golpe para entregarlo el último día genera desconfianza y, además, suele dar pie a imprevistos. Uno de los más típicos llega a la hora de integrar los textos nuevos con la tecnología del proyecto; hay problemas con las fuentes, los tamaños de los cuadros de texto… Recuerdo un caso en el que al traducir un juego al chino e integrar los caracteres propios del idioma, toda la maquetación se fue por el retrete, hubo que rehacer gran parte del interfaz, y preparar una versión específica para China. Todo ello con el consiguiente gasto, sobreesfuerzo y descuadre en los presupuestos. Aunque esto suele ser responsabilidad del cliente por la tipografía elegida, tamaños, etc., no olvides ser cauto con la cantidad de texto que incluyes al hacer la localización. Trata de que tu traducción tenga más o menos el mismo número de caracteres (incluyendo espacios) que el original.

  • Incrementar los costes después de hacer un presupuesto. De acuerdo, la primera estimación ha resultado demasiado generosa hacia el cliente y hemos hecho un presupuesto final más barato de lo que deberíamos. Ahora, ¿qué hacemos? Lo más recomendable es mantenerlo; como cliente, cuando te cambian un presupuesto —y no es para abaratarlo—, lo que te llega es una sensación de inseguridad, o directamente de querer sangrarte porque el freelance se ha dado cuenta de que tienes más dinero del que creía en un principio. Realmente no es así, y lo más probable es que haya un error de cálculo, pero resulta especialmente peliagudo incrementar los costes al cliente, sobre todo después de haber adquirido un compromiso. Eso sí, puedes decir que ha habido un error en el envío del archivo y reenviarlo de nuevo, siempre y cuando sea inmediatamente después de haber mandado el primero. Entonces, asumir un error tiene poco o nulo coste, y permites reaccionar al cliente sin que este haya empezado a trabajar en base al presupuesto “erróneo”. Al principio es fácil caer en errores a la hora de estimar, pero con el tiempo irás afinando y reconociendo qué tipo de clientes merece mimar un poco más u ofrecerles tarifas especiales, sobre todo si tienes previsto (y preferiblemente firmado) colaborar en algún proyecto más.


En definitiva, el freelance que quieres contratar…

  • Está preparado para todo: pone toda la información a disposición del cliente, los servicios que hace, métodos de contacto y toda facilidad posible para atraer, convencer y mantener a los clientes.
  • Tiene un buen abogado que le ayuda y asesora en la redacción de los contratos, trabajo con el cliente, protección de datos, etc.
  • Cuida su imagen profesional.
  • Es positivo y constructivo, y se preocupa por el producto que tiene entre manos, al margen de gustos personales.
  • Tiene claro el presupuesto desde el primer día y no hace cambios a posteriori a no ser que vengan seguidos de cambios pedidos por el propio cliente.
  • Nunca espera hasta el último día para mandar el trabajo (ni para terminarlo), y es cauto con la planificación.
  • Sabe adaptarse y contribuir constructivamente a la metodología y procesos de producción del cliente.
  • Es discreto.
  • Controla los pagos y la rentabilidad del proyecto desde el primer día.

Ser freelance y no morir en el intento no es nada fácil: no solo tiene que estar a la altura (o por encima incluso) de las expectativas de la empresa que lo contrata, sino que debe mantenerse a flote con unos precios competitivos y una calidad de su trabajo excelente. Así que, si eres freelance, mucha suerte y ánimo. Sé positivo y cauto, y piensa que las decisiones que te vengan de quien te contrata, en ocasiones acertadas y en otras puede que no tanto, son al fin y al cabo las de quien te va a pagar. Quizá parezcan descabelladas o incluso raras, pero “quien paga, manda” y eso es algo que todos tenemos en común. Y si tienes dudas, pregunta a compañeros de profesión. Sitios como Algo más que traducir son un lugar estupendo donde compartir experiencia y aprender.

Juan Pablo Ordóñez
Senior Game Designer

P.D. 1: Seguro que Juan Pablo agradece recibir comentarios sobre su artículo, así que… ¡el campo de los comentarios está calentito! icon biggrin El buen freelance (artículo invitado de Juan Pablo Ordóñez)

P.D. 2: Si te has quedado con ganas de más, recomiendo echarle un vistazo al artículo Freelancing from the Client’s Perspective del estupendo blog FreelanceFolder. icon smile El buen freelance (artículo invitado de Juan Pablo Ordóñez)

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