Algo más que traducir

Blog sobre traducción profesional y toda su vertiente tecnológica

Archivos para Agosto, 2007

El mito de la brevedad del inglés

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 29/08/2007

InglésAsí se titula un artículo más que interesante de Andrés López Ciruelos publicado hace ya algunos años en la revista de traducción médica Panace@. Cual ha sido mi sorpresa que, tras su lectura, me haya cuestionado la manera de traducir de los traductores profesionales y de mi propio proceso traductor.

López Ciruelos defiende que los textos traducidos son más extensos que el original no porque el español necesite de más caracteres para expresar lo mismo como se suele decir (especialmente en el caso de la localización), sino porque muchas veces lo que hacemos al traducir es explicar la información del original al lector imitando, en muchos casos, la estructura del original. De especial interés es el caso de las patentes, en las que el desconocimiento de la materia obliga al traductor a realizar paráfrasis en lugar de utilizar un único término como en el original.

Así, las causas posibles que motivan las traducciones largas según López Ciruelos son las siguientes:

  • Porque confundimos traducción con explicación;
  • Porque desconocemos el tema;
  • Porque utilizamos sustantivos para expresar acciones;
  • Porque repetimos lo que ya se ha dicho; y
  • Porque traducimos lo innecesario.

El autor sostiene que lo mejor es leer el original y preguntarse realmente lo que se quiere decir para contarlo en español evitando el uso de, por ejemplo, sustantivos en vez de verbos concisos, es decir, de una forma más natural en español. Además, resulta muy esclarecedora la comparación que el autor hace entre un original y su traducción y la traducción inversa de la traducción producida hacia la misma lengua que el original.

Tengo que reconocer que muchas veces imito la estructura del original porque voy tecleando la traducción conforme voy leyendo la oración original y que normalmente no hay problema. Ahora bien, este método de actuación no siempre funciona y en ocasiones tengo que reestructurar la información del original.

Leyenda cabNo obstante, sí hay veces que sé que podría expresar mejor la información pero no hago una reestructuración por un sencillo motivo: tardo tiempo y el proyecto corre prisa. Esto se debe a que son oraciones que aparecen repetidas frecuentemente en el texto y, como uso herramientas de traducción asistida por ordenador (TAO), se tarda mucho en juntar segmentos y se pierde también la autopropagación de segmentos previamente traducidos. ¿Falta de profesionalidad? No; es la triste realidad profesional.

Esto me lleva a pensar a que las herramientas de TAO no son siempre una panacea y que algunas veces son enemigos de una traducción de calidad. Cuando he realizado traducciones de noticias de ciencia del español al inglés para el STU muchas veces he tenido que añadir o eliminar nuevos puntos de información en función del contenido y cambiar hasta párrafos de sitio. Si hubiese utilizado herramientas de TAO, habría encontrado dificultades para hacerlo con la misma libertad que con Word.

Reestructurar la información también conlleva otros riesgos, y es que podemos omitir algo si la oración es extensa y compleja. Por ello, siempre deberíamos cotejar el segmento original con el traducido para asegurarnos de que no hemos olvidado nada en el camino.

Otro punto interesante que me gustaría comentar es que, a menudo, nos suelen decir que las construcciones en inglés son mucho más breves que en español. Aunque es más o menos cierto, no significa siempre que tengamos que dividir oraciones sistemáticamente cuando son extensas en español si no queremos perder fluidez en la lectura. Mi consejo es dividir oraciones siendo siempre conscientes de por qué lo hacemos y no meramente porque los profesores nos digan que el inglés es más breve. Y, visto lo visto, tampoco conviene hacer siempre traducciones más extensas de lo necesario simplemente porque el español necesita de más espacio para expresar lo mismo que el inglés.

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Traducción inversa

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 26/08/2007

FlechasLa mayoría de traductores traducen hacia su lengua materna, dado que, tal y como opinan muchos académicos, es la única manera de conseguir un texto realmente auténtico y con un sentido claro.

Sin embargo, en las facultades de Traducción e Interpretación de España prácticamente todas las asignaturas de traducción se imparten tanto de una lengua extranjera a la materna como viceversa, y ello da mucho que pensar. En AbroadLink traducimos siempre hacia nuestra lengua materna, y según tengo entendido ocurre lo mismo en SDL. Otras empresas, como Hermes Traducciones, y según comentó su gerente en una conferencia, realizan también traducciones inversas, es decir, realizan traducciones desde la lengua materna hacia una lengua extranjera.

Si lo pensamos bien, al encontrarnos en España lo lógico es que, a pesar de que no todo el mundo tiene conocimientos básicos de lenguas extranjeras, se quiera traducir desde el español hacia otra lengua para dar a conocer un producto fuera nuestras fronteras. Por ello mismo, resulta extraño que muchos traductores traduzcan siempre hacia su lengua materna.

La razón es sencilla: casi el 80% de las empresas con las que trabajan los traductores profesionales son extranjeras, y cuando solicitan servicios de traducción se debe a que desean exportar sus productos a otros países. Así pues, lo normal es que los manuales que solemos traducir al español también se traduzcan al francés, alemán, italiano, portugués, etc.

Pero también hay sitio para la traducción inversa en el mercado. Yo mismo he vivido en mis carnes el tener que traducir prácticamente siempre del español al inglés artículos de investigación de profesores universitarios. Al fin y al cabo, poder leer en inglés sin muchas dificultades no implica, para nada, tener destrezas para redactar bien en inglés.

Quizás esto pueda sorprender a todos aquellos que no conocen muy bien la actividad del traductor. ¿Quién no ha vivido la típica situación en la que nos dicen «Ah, si estudias traducción tienes que hablar como un inglés o mejor, ¿verdad?»? Pues, aunque cueste creelo, no siempre es así.

InvestigaciónYo, por ejemplo, aunque tengo facilidad para comprender el inglés y pienso en inglés cuando leo, tengo algunas dificultades para hablarlo. La razón es sencilla: apenas practico el inglés hablado. Aunque escribo aceptablemente en inglés, nunca estoy seguro del todo de si lo que escribo lo escribiría un nativo de la misma manera. Por ello, y dado que cuando he tenido que traducir hacia el inglés ha sido siempre un volumen de palabras muy asequible con respecto a la fecha de entrega, he podido documentarme adecuadamente. Pero, por supuesto, siempre contaba con un revisor profesional nativo que corregía el texto.

De este modo, poniéndome en el papel de los docentes universitarios que quieren publicar sus hallazgos en revistas internacionales, comprendo que recurran a traductores profesionales y decidan destinar dinero de sus subvenciones a la traducción (si bien muchos se sorprenden del elevado coste).

Por supuesto, traducir desde la lengua materna también tiene sus ventajas y por ello compensa tener que contratar a un revisor para que nos corrija nuestra traducción. En principio, no se plantea la posibilidad de que el traductor cometa falsos sentidos dado que no tiene —idealmente— problemas de comprensión del texto. En la traducción de textos científicos y académicos esto es de vital importancia para ofrecer tesis que reflejen lo que el autor quería transmitir en su lengua.

No obstante, a veces el autor se pone en evidencia ante el traductor al ser oscuro en la exposición del mensaje, lo que lleva al traductor a estrujarse el cerebro para descifrar el significado de una oración. Por suerte, lo que suele ocurrir en estos casos es que alguna idea no está expresada demasiado bien y, dado que el autor del artículo es el cliente en la mayoría de los casos, conviene hacerle todas las preguntas (con formalidad) que se estimen oportunas para divulgar mejor la ciencia.

Como se puede concluir, la traducción inversa tiene sus pros y contras, pero el caso es que se realiza profesionalmente. Por ello, conviene tomarse en serio las asignaturas de traducción inversa impartidas en la facultad, pues nunca sabremos si algún encargo —incluso el primero— se realizará a una lengua diferente a la nuestra.

Para más información, recomiendo leer el artículo de Dominic Stewart titulado Poor relations and Black Sheep in Translation Studies en el número 2 del volumen 12 de la revista de traducción Target, así como algunos capítulos del libro La direccionalidad en traducción e interpretación: perspectivas teóricas, profesionales y didácticas editado por Dorothy Kelly et al.

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El cliente siempre tiene la razón

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 22/08/2007

ClienteLos traductores intentamos ser lo más perfeccionistas que podemos. Esto se puede observar claramente en la facultad, donde muchas veces se favorece la competencia e incluso se ven casos en los que se llega a solicitar ayuda de expertos para traducciones de clase. En efecto, hacer algo así es realmente loable, pero desgraciadamente en el mundo profesional hay poco tiempo para hacer consultas externas y prima que sea el traductor el que encuentre recursos fiables de primera mano en el menor tiempo posible.

Por la misma razón, la formación del traductor suele incluir la defensa de sus traducciones ante un público experto en su medida (alumnos de igual nivel y el profesor), lo que conlleva una reflexión del proceso traductor y determina el motivo por el que se ha escogido una solución y no otra. Pocos son los aprendices de traducción que no sufren las críticas (normalmente constructivas) de sus compañeros.

Sin embargo, no todo el mundo tiene la formación de traductor y ni mucho menos es perfeccionista. Podemos discutir si es preferible escribir ‘solo’ con o sin tilde (tal y como sugiere ahora la Academia) y que la guía de estilo que nos proporciona el cliente diga claramente que hay que utilizar ‘sólo’ cuando equivalga a ‘solamente’ y aceptarlo sin rechistar. Al fin y al cabo, no parece haber consenso del todo y es sólo una opción más aunque tengamos otra preferencia.

Otra cosa muy diferente es que el cliente nos facilite un glosario en el que, por ejemplo, haya que traducir ‘bottle’ por ‘botella’ cuando se está hablando de un depósito de un cartucho de impresión, o ‘section’ por ‘sección’ cuando en realidad se refiere a un apartado de un manual (aunque es comprensible que, aunque uno se haya dado cuenta del error, se utilice el término erróneo por motivos de coherencia con otros manuales publicados por la misma empresa).

CamareroPor supuesto, es factible hablar con el cliente y exponer los motivos por los que pensamos que se debe utilizar una cosa y no otra (aunque es frustrante traducir y escribir algo que sabes que no es correcto), y aunque aceptan las propuestas, otras veces no dan su brazo a torcer y nos tenemos que aguantar. En este caso, no queda más remedio que resignarnos y que un colega traductor con experiencia nos diga «bienvenido a la traducción profesional».

Peor aún es que nos digan que nos van a enviar un glosario con términos que deben estar en nuestra traducción y que mientras tanto comencemos la traducción para que, finalmente, nos den el glosario poco antes de terminar. Por fin, ansiosos, abrimos el glosario y… ¡zas!, descubrimos que hay que poner «equipo multifunción» en vez de «impresora multifunción». Cualquiera de las dos opciones es válida a mi juicio para la escueta ‘machine’, aunque reemplazar un término conlleva muchos quebraderos de cabeza, pues ‘equipo’ e ‘impresora’ son de género diferente.

Una solución que da buenos resultados es reemplazar un término por otro en todos los documentos traducidos y luego ir al texto y, conforme vemos incoherencias (“el impresora”, “del impresora, etc.), hacer un nuevo buscar y reemplazar. Eso sí, no hay una forma sencilla de cambiar la concordancia de los sustantivos con los adjetivos, así que habrá que leer todos los segmentos en que aparezcan términos nuevos que tengan un género diferente del término descartado, aunque siempre podemos pasar el texto a Word y pasar el corrector para hallar rápidamente los fallos de concordancia.

Supongo que hay que pensar que el cliente tiene motivos suficientes para decantarse por una solución en vez de otra y que, al fin y al cabo, es él quien que paga y quiere ver un producto como él quiere. Del mismo modo, cuando nosotros pagamos por algo queremos algo como a nosotros nos gusta. Seguramente todos hemos sufrido una cosa parecida en otra situación (por ejemplo, en un restaurante), y para reclamar siempre nos hemos acordado del dicho: el cliente siempre tiene la razón.

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Bibliografía sobre localización de videojuegos

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 19/08/2007

Aprovechando que tengo que terminar de revisar un artículo antes de fin de mes (que espero que me publiquen) sobre localización de videojuegos clásicos mediante técnicas de romhacking, he aquí un poco de bibliografía para los interesados. Como veréis, muchos de los recursos que expongo están disponibles en línea:

  • Burnham, V. 2001. Supercade: A Visual History of the Videogame Age. Cambridge, MA: The MIT Press.
  • Chandler, H. M. 2005. The Game Localization Handbook. Massachusetts: Charles River Media.
  • Dietz, F. 2006. “Issues in localizing computer games”, en Dunne, K. J. (ed.) Perspectives on Localization. Amsterdam y Filadelfia: John Benjamins, 121-134.
  • Heimburg, E, 2006. “Localizing MMORPGs”, en Dunne, K. J. (ed.) Perspectives on Localization. Amsterdam y Filadelfia: John Benjamins, 135-154.
  • Herz, J.C. 1997. Joystick Nation. Londres: Abacus.
  • Newman, J. 2004. Videogames. Nueva York y Londres: Routledge.
  • Sellers, J. 2001. Arcade Fever: The Fans Guide to the Golden Age of Video Games. Philadelphia: Running Press.
  • Vela Valido, J. 2005. “La localización de videojuegos”, en D. Reineke (dir.) Traducción y localización. Mercado, gestión y tecnologías. Las Palmas: Anroart. 253-284.

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Gravedad de los errores de traducción, revisión e incompetencia del traductor

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 15/08/2007

ErrorVía N.de T. me entero de que un error de traducción ha sido el causante de que hasta 47 pacientes hayan tenido problemas para rehabilitar sus rodillas y de que muchos de ellos hayan necesitado una nueva operación. Así pues, estamos ante un caso de negligencia no del médico como suele ser habitual, sino del traductor.

Según propias declaraciones del director del hospital Sankt Hedwig (Berlín, Alemania), «fue un error imperdonable». Y en cierto modo lo es, porque las instrucciones que traducimos y que con frecuencia pensamos que nadie lee han causado un grave problema para la salud al traducir «Non modular cemented» por «prótesis que no necesita cemento» (traducción literal del la expresión en alemán zementfrei).

No hace mucho comentaba cómo un error de traducción de un videojuego se convirtió en una leyenda urbana gracias a los rumores y la inocentada de una revista. Al fin y al cabo, es algo que tuvo hasta cierta gracia. Pero no es el caso que nos atañe en este momento. Ahora bien, ¿se puede o, mejor aún, se debe hablar de incompetencia del traductor?

Cualquier egresado de la Universidad empieza en el mundo de la traducción sin apenas experiencia profesional (por no decir ninguna). Las primeras traducciones son todo un reto y seguramente tienen muchos fallos, pero para ello se revisan los textos traducidos en la propia empresa de traducción y se revisan posteriormente por un revisor cualificado externo (al menos en teoría). Dependiendo del proceso de calidad, en el futuro es posible que conforme se adquiere experiencia sólo el revisor externo sea quien corrija nuestra traducción. Porque lo que está claro es que, aunque seamos expertos en la materia, cuatro ojos ven más que dos.

RodillaMuchas veces, los textos que traducimos son de alto carácter especializado y aunque logramos entender el texto original gracias a la documentación disponible (diccionarios especializados, Internet, etc.), es importante destacar que, como poco duchos en el tema en cuestión, resultará difícil emplear siempre la terminología adecuada que usan los expertos y probablemente habrá algún que otro error grave en nuestra traducción. Por tanto, lo ideal, bajo mi punto de vista, sería que el revisor fuese alguien especialista en el tema aunque desconozca la lengua de partida. Al fin y al cabo, los expertos lingüistas somos nosotros y los fallos gramaticales que hayamos pasado por alto también se van a detectar con la lectura de otra persona.

Por supuesto, es lógico que sea difícil contactar con algún maestro del tema abordado en la traducción, y ahí está el problema. Aunque, realmente, ¿un experto se habría percatado del error en cuestión? Difícilmente, y a las pruebas me remito, ya que los que han seguido las instrucciones eran profesionales de la medicina. De este modo, queda claro que siempre que sea posible se debe hacer una revisión cotejando el original.

Independientemente de los años de experiencia, realmente no pienso que se pueda tachar a los traductores que cometen estos errores de incompetentes en el sentido de que cualquiera puede tener errores. Lo cual da mucho que pensar, porque en este caso, ¿quién es el culpable realmente? ¿El traductor? ¿El revisor? ¿La empresa? ¿El médico por no saber inglés (este último lo descarto)? De ser el traductor culpable, ¿puede ir a la cárcel por este fallo?

Yo mismo soy consciente de que alguna vez he cometido un fallo garrafal, pero por suerte el revisor, que coteja el original, se ha percatado porque leyendo en conjunto todo el texto, la frase escapa de la razón. Desde este modo, volvemos a las mismas de siempre: con un plazo de entrega más largo y unas tarifas mejores, seguramente estas cosas no pasarían al otorgarle al traductor más tiempo para documentarse adecuadamente y revisar detenidamente su traducción (fase que creo que es clave dentro del proceso traductor) mirando el original antes de proceder a la revisión del corrector. Pero, por desgracia, vivimos en el mundo real.

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Traductores polifacéticos

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 11/08/2007

Muchas carasMe encanta mi trabajo. Lo bonito de ser traductor en una empresa sin demasiados empleados es que, aunque en general tienes un proyecto importante entre manos, siempre llega algo nuevo y no queda más remedio que cambiar de tarea por un tiempo y ponerse con una revisión de un archivo pequeño o una traducción poco problemática.

Aunque quizás lo mejor es dedicarle todo el tiempo a una traducción hasta terminarla, es cierto que a medida que pasan las horas se nos hace un poco pesado y necesitamos un respiro. Además, el trabajo del traductor es como una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar.

Por lo general, en la facultad se nos enseña básicamente a traducir y, en cierto modo, a revisar. Sin embargo, son muchas las variables que se dan en estos dos grandes campos. Por ejemplo, en la empresa en que trabajo solemos tratar con clientes de Estados Unidos que demandan traducciones para México. Por ello, lo que hacemos es traducir al español de España y posteriormente enviamos nuestra traducción a un revisor mexicano para que, aparte de revisar, adapte el texto a la variedad mexicana.

Del mismo modo, también nos llegan a veces traducciones realizadas por mexicanos que nosotros debemos adaptar al español de España. Así pues, resulta muy enriquecedor —y a veces chistoso en el buen sentido de la palabra— adaptar términos o expresiones que suenan raros en el español de España, como por ejemplo ‘concreto’ en vez de ‘cemento’.

Steven

Pero también es bonito ver que llega un encargo, cuanto menos, curioso. Hace unas semanas tuvimos, entre otras cosas, que formular preguntas para una máquina de bar tipo trivial, con sus respuestas falsas y curiosidades (fun facts). Además, todo lo teníamos que traducir al inglés para que el cliente supiera qué habíamos puesto. Aunque al final se hizo un poco pesado porque no podíamos citar la Wikipedia como fuente y tardábamos mucho en encontrar una fuente fiable, la verdad es pasamos un buen rato los que nos ocupamos de ello.

Pesado es, sin embargo, tener que traducir o revisar listas de palabras sin ningún tipo de contexto. Supongo el cliente las querría para hacer un glosario y así ganar mucho tiempo en traducciones posteriores sobre un mismo tema, pero, ¿realmente merece la pena traducir sin ningún tipo de contexto todo tipo de términos técnicos? Al menos sabíamos qué hacía la empresa (y teníamos el Routledge de términos técnicos, nuestra biblia en algunos casos).

Importante es, también, el tema del texto que traducimos. No es lo mismo traducir un texto especializado sobre instalaciones petrolíferas que un folleto publicitario de una escuela de negocios. Mientras en el primer caso hay que asumir cierta responsabilidad y andar con mucho cuidado con lo que se dice, el segundo contexto conlleva jugar más con el lenguaje para que el folleto tenga cierto tono persuasivo, lo que nos da más libertad.

Como se puede inferir de lo expuesto, y dadas las aptitudes que se presuponen de un traductor, la verdad es que los traductores podemos hacer casi cualquier cosa siempre que tengamos un espíritu curioso y sepamos afrontar retos por difíciles que nos parezcan al principio. Desde luego, está claro que no podemos ser maestros de todo, pero sí aprendices muy rápidamente.

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Productividad y velocidad de traducción

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 06/08/2007

Reloj arenaPor mucho que nos cueste reconocerlo, la traducción, además de un arte, es una forma de vivir. Y para ello, hay que producir, ya sea de forma autónoma o en una empresa. Pero producir más no significa ser buen traductor, al menos desde el punto de vista de la calidad del texto meta, como bien explica este artículo desde el prisma de la programación.

Es normal que si traducimos rápido cometamos fallos que no se originarían si fuéramos a un ritmo más lento, pero desgraciadamente hoy en día los clientes suelen apretarnos bastante las tuercas y no hay tiempo para comprobar todo como a nosotros nos gustaría. Sin embargo, lejos de que esto repercuta considerablemente en la calidad de nuestro texto, lo que tiene que hacernos es ponernos las pilas y aumentar nuestra agilidad mental.

Me explico. Durante la carrera de Traducción e Interpretación nos malacostumbran con encargos en grupo que no superan las 1.000 palabras (más bien rondan las 500) y, aunque los textos breves son útiles para usarlos como herramienta pedagógica para adquirir destrezas de traducción, en último curso el nivel de exigencia debería aumentar para que los alumnos sepan enfrentarse al mercado laboral.

De nada sirve preguntarse si es mejor decir «Para saber más sobre» o «Para saber más acerca de» si con ello perdemos tiempo (a menos que el cliente sea Microsoft, que tiene una bonita guía de estilo sobre cómo se deben traducir ciertas expresiones). Al fin y al cabo, ¿no quiere decir lo mismo? En traduBlog, por ejemplo, hace tiempo se comentaba que un grupo de estudiantes de traducción había tardado unas 20 horas en traducir unas 850 palabras. Como digo, en clases introductorias es normal que se tarde mucho tiempo si se trabaja en grupo, pero es una perspectiva poco realista.

Palabras¿Cuál es, pues, la velocidad media de palabras traducidas por hora? Es algo indudablemente difícil de explicar y entran en juego muchas variables. Por ejemplo, un traductor con dos años de experiencia tendrá mucho camino recorrido y tardará menos en traducir un texto que un traductor novel. También, un traductor experto en la materia necesitará documentarse menos que alguien que no sea muy ducho en el tema.

Ni que decir tiene que cuanto más hayamos traducido del documento, más fácil nos resultará —al menos en principio— traducir velozmente dada la mayor familiaridad que tendremos con el tema del que trate el texto. Por ello, y sobre todo si traducimos en grupo, es importante hacer uso de herramientas de traducción asistida para crear glosarios y reaprovechar oraciones ya traducidas.

Por lo que he podido observar, parece que lo normal es traducir de 2.500 a 3.000 palabras diarias con calidad en unas buenas condiciones, pero si el tema es muy complejo la cifra desciende, y seguramente aumente conforme pasan los días si se trata de un proyecto de gran volumen. Yo, por ejemplo, hace una semana llegué a traducir… ¡hasta unas 4.000 palabras!

Para adquirir una buena velocidad de traducción, lo importante es encontrarse a gusto en el lugar de trabajo y mecanizar ciertos procesos. Por ejemplo, hay quien gusta de trabajar con música y haciendo breves descansos, mientras que otros se concentran mucho mejor sin ningún tipo de ruido. Aunque, ¡cuidado!, parece que algunos estudios demuestran que es mejor concentrarse en una tarea y no abarcar varias en poco tiempo.

En resumen, hay que traducir rápido, pero sin que ello afecte en exceso a la calidad. Por ello, prima optimizar el tiempo que uno pasa frente al ordenador. Si queréis más información sobre el tema, el Vademécum del traductor de Ricard Lozano expone una serie de consejos útiles para aumentar la productividad, y el profesor Ricardo Muñoz discute en un artículo la velocidad idónea para traducir a caballo entre la Universidad y el mercado laboral.

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Copiar traducciones

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 02/08/2007

CopyleftA raíz de una traducción que tenía que hacer y cuya pequeña parte se encontraba en Internet, me he sentido inspirado para escribir un poco sobre un tema que podría tener cierta polémica.

Reconozcámoslo: es difícil inventar algo nuevo en nuestros días partiendo desde cero, ya que al igual que siempre hay alguien que sabe más que tú, es muy probable que alguien haya trabajado previamente en algo que quieres sacar adelante (otra cosa es que se haya hecho público). En otras palabras, la clave para el progreso reside muchas veces en la reutilización del trabajo previo.

Así, parece obvio que los profesores vuelvan a hacer uso de sus materiales didácticos de un curso para otro. Del mismo modo, los programadores aprovechan el código de rutinas previamente escrito para crear programas más complejos. Con respecto a la traducción, muchas instrucciones de manuales técnicos se repiten de unos a otros o incluso en el mismo manual, en cuyo caso podemos beneficiarnos del uso de programas de traducción asistida.

Bajo este mismo principio, muchos documentos de cierta importancia se reutilizan en, por ejemplo, la distribución de programas informáticos. Por ello, suele ser habitual incluir archivos de acuerdos de licencia para que se muestren antes de la instalación de un software (y que, por cierto, creo que nadie —yo el primero— lee).

Durante mis estudios me han encargado realizar traducciones para clase de documentos que ya se encontraban traducidos en Internet por ser de especial relevancia (claro, que también me han encargado textos con traducción publicada para que le sea más cómodo al profesor). Normalmente, tras frotarme las manos, me daba cuenta de que estaban en español de Sudamérica y que la redacción era algo pobre (y lo peor, que alguien habrá cobrado por ella) y en vez de un trabajo de revisión lo que tenía que hacer era una retraducción.

CopyPero partiendo de la premisa de que nos encontramos con una buena traducción o al menos de calidad aceptable del texto que traducimos y por el que vamos a cobrar, ¿qué sería lo más ético? Evidentemente, hablo de alguna porción de texto, no de un texto íntegro. Por supuesto, doy por sentado que el texto que usemos estará revisado por nosotros para garantizar la calidad, pero ahora bien, ¿haríamos mal al utilizar esa traducción sin informar al cliente?

Al fin y al cabo, el cliente nos está pagando por un servicio que requiere, y también podría indagar sobre si existen versiones traducidas del documento que nos solicita traducir. Además, como comento, ya que nos pagan deberíamos hacer una buena revisión del texto (a menos que la traducción esté muy mal, claro). Nosotros trabajamos, el cliente paga y todos contentos… ¿o no?

De momento sólo me ha ocurrido en clase, pero, ¿y si en vez de una pequeña parte encontramos el documento íntegro y bien traducido y no aparece el nombre del traductor? Realmente no sabría qué hacer. La respuesta fácil sería aprovecharme de la traducción y tan contento, pero creo que tendría la sinceridad de decírselo al cliente. No tengo mucha visión empresarial por el momento, pero si fuera un cliente valoraría positivamente la acción del traductor.

En caso de que aparezca el nombre de la persona que ha realizado la traducción la situación sería aún más complicada, porque incluso ya sabes a quién le tomas «prestada» la traducción. En caso de reutilizarla, lo mínimo sería citar la fuente. ¿Pero cómo la indicamos en un texto por el que nos pagan y al que no le van a poner nuestro nombre? Parece complicado.

En definitiva, parece que es una cuestión que depende mucho de la situación de cada uno y de su moral. Si tenéis curiosidad, como lo que tomé prestado eran unas 300 palabras que revisé (poco porque estaban bien traducidas) de un texto original de 6.000 palabras, no dije nada. Supongo que tendría que estar en situación para saber lo que haría con un préstamo mucho más notorio. Y vosotros… ¿qué pensáis? O mejor aún, ¿qué haríais?

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