Así se titula un artículo más que interesante de Andrés López Ciruelos publicado hace ya algunos años en la revista de traducción médica Panace@. Cual ha sido mi sorpresa que, tras su lectura, me haya cuestionado la manera de traducir de los traductores profesionales y de mi propio proceso traductor.
López Ciruelos defiende que los textos traducidos son más extensos que el original no porque el español necesite de más caracteres para expresar lo mismo como se suele decir (especialmente en el caso de la localización), sino porque muchas veces lo que hacemos al traducir es explicar la información del original al lector imitando, en muchos casos, la estructura del original. De especial interés es el caso de las patentes, en las que el desconocimiento de la materia obliga al traductor a realizar paráfrasis en lugar de utilizar un único término como en el original.
Así, las causas posibles que motivan las traducciones largas según López Ciruelos son las siguientes:
- Porque confundimos traducción con explicación;
- Porque desconocemos el tema;
- Porque utilizamos sustantivos para expresar acciones;
- Porque repetimos lo que ya se ha dicho; y
- Porque traducimos lo innecesario.
El autor sostiene que lo mejor es leer el original y preguntarse realmente lo que se quiere decir para contarlo en español evitando el uso de, por ejemplo, sustantivos en vez de verbos concisos, es decir, de una forma más natural en español. Además, resulta muy esclarecedora la comparación que el autor hace entre un original y su traducción y la traducción inversa de la traducción producida hacia la misma lengua que el original.
Tengo que reconocer que muchas veces imito la estructura del original porque voy tecleando la traducción conforme voy leyendo la oración original y que normalmente no hay problema. Ahora bien, este método de actuación no siempre funciona y en ocasiones tengo que reestructurar la información del original.
No obstante, sí hay veces que sé que podría expresar mejor la información pero no hago una reestructuración por un sencillo motivo: tardo tiempo y el proyecto corre prisa. Esto se debe a que son oraciones que aparecen repetidas frecuentemente en el texto y, como uso herramientas de traducción asistida por ordenador (TAO), se tarda mucho en juntar segmentos y se pierde también la autopropagación de segmentos previamente traducidos. ¿Falta de profesionalidad? No; es la triste realidad profesional.
Esto me lleva a pensar a que las herramientas de TAO no son siempre una panacea y que algunas veces son enemigos de una traducción de calidad. Cuando he realizado traducciones de noticias de ciencia del español al inglés para el STU muchas veces he tenido que añadir o eliminar nuevos puntos de información en función del contenido y cambiar hasta párrafos de sitio. Si hubiese utilizado herramientas de TAO, habría encontrado dificultades para hacerlo con la misma libertad que con Word.
Reestructurar la información también conlleva otros riesgos, y es que podemos omitir algo si la oración es extensa y compleja. Por ello, siempre deberíamos cotejar el segmento original con el traducido para asegurarnos de que no hemos olvidado nada en el camino.
Otro punto interesante que me gustaría comentar es que, a menudo, nos suelen decir que las construcciones en inglés son mucho más breves que en español. Aunque es más o menos cierto, no significa siempre que tengamos que dividir oraciones sistemáticamente cuando son extensas en español si no queremos perder fluidez en la lectura. Mi consejo es dividir oraciones siendo siempre conscientes de por qué lo hacemos y no meramente porque los profesores nos digan que el inglés es más breve. Y, visto lo visto, tampoco conviene hacer siempre traducciones más extensas de lo necesario simplemente porque el español necesita de más espacio para expresar lo mismo que el inglés.
