Como muchos habréis leído estos días en diversos medios, el fenómeno Harry Potter es tal que, tras sólo tres días después de la publicación en inglés del último libro, ha aparecido en Internet una versión traducida al español en forma de blog (y ahora disponible en PDF también) de Harry Potter and the Deadly Hallows.
Evidentemente, por muy rápido que se traduzca sería imposible traducir tal ingente cantidad de texto en tan poco tiempo por una sola persona, por lo que la solución por la que se optó fue repartir cada capítulo a un traductor. Se trata, como bien apunta Enrique Dans, del fenómeno crowdsourcing: un proyecto de gran volumen llevado a cabo con éxito gracias a la colaboración sin ánimo de lucro de muchas personas.
Independientemente de la calidad de la traducción —que, por los primeros párrafos que he leído, no es mala como cabría esperar—, hay que reconocer que la hazaña es de alabar. Y eso que no sé la edad ni la formación de los autores de la traducción. Lo único que importa, en este caso, es que han sido capaces de lograr poner en marcha y acabar un gran proyecto de traducción.
Tal y como comenta Eugenia Arrés, se trata de una proeza en cuestión de gestionar proyectos. Y es que es una de las cosas que se echan de menos en una facultad de Traducción e Interpretación, la gestión de proyectos (al menos en Granada, aunque he oído que están detrás de una propuesta para los próximos años).
Lejos de las típicas traducciones de clase de 500 palabras, un traductor profesional tiene que enfrentarse a textos largos, muchas veces repetitivos, con los que lidiar junto a otros compañeros de profesión. En el caso de la traducción técnica o de proyectos grandes, las herramientas de traducción asistida (TAO) nos facilitan mucho la labor.
Pero no todo se reduce a decir «tú haces de este archivo a este otro y yo estos archivos», no al menos cuando se cuenta con 10 traductores y una semana de plazo. En este caso, el gestor de proyectos debería analizar primero el contenido de los archivos para conocer el contenido y usar una herramienta de TAO para ver las repeticiones y el número total de palabras que se debe traducir.
Hay muchas variables en un proyecto de traducción. Por ejemplo, es posible que tengamos que traducir una página web con diversos contenidos y que cada traductor sea especialista en diferentes campos. Por tanto, es importante conocer al equipo con el que se va a trabajar.
Por supuesto, será imposible contar con traductores especializados en todos los aspectos tratados en la web, pero si por ejemplo sabemos que uno de ellos ha traducido muchos contratos y condiciones legales de otras páginas web, lo ideal sería asignarle a ese traductor todo el contenido jurídico que aparezca en la web que hay que traducir.
Es preciso brindarle a todo el equipo cierto material de referencia sobre lo que tienen que traducir siempre que sea posible, así como una guía de estilo con algunas convenciones, como por ejemplo si se ha de usar únicamente la tilde en «solo» cuando haya ambigüedad, escribir «medioambiente» o «medio ambiente», etc. De lo contrario, el proceso de revisión será más arduo.
Las instrucciones que recibirán los traductores (y revisores) deben ser claras y concisas. Si se van a traducir archivos de páginas web en formato HTML, es mejor recomendar un único programa de TAO (TagEditor, SDLX, CatsCradle…) en caso de que no sea necesario usar una memoria de traducción (algo poco probable en estos tiempos) y que los traductores estén familiarizados con los programas para evitar contratiempos.
Es importante que el gestor de proyectos prevea todas las dificultades que se puedan presentar durante el curso del proyecto y que esté disponible para contestar rápidamente a todas las dudas que le planteen los miembros del equipo que dirige. En otras palabras, es mejor prevenir que curar.
Por ello, y siempre que sea posible, conviene dejar tantos días como sea posible de «colchón» para evitar problemas y revisar con más calma todo. Es decir, si la traducción tiene que entregarse el día 28, cabría esperar que esté terminado y revisado para el 26 por lo que pueda ocurrir.
Por supuesto, la informática puede echarnos una mano en la gestión de proyectos, y por ello se han creado programas específicos para agencias de traducción como Translation Office 3000 o Trans-Project Office, aunque es posible utilizar otros programas de gestión de proyectos.
Por último, si estáis interesados en ampliar información sobre la gestión de proyectos, os recomiendo leer el artículo publicado en La linterna del traductor titulado «Y tú, ¿traduces o proyectas?», de Juanjo Arevalillo. ¿Tú con qué te quedas?
En mis dos semanas de trabajo como traductor en plantilla he aprendido a exprimir el jugo de las herramientas de traducción asistida por ordenador (TAO) en casos reales y alejados de lo que se hace en la facultad. Por fin, después de aprender a utilizar Trados y algún que otro programa sin ningún ejemplo práctico, comprendo su utilidad.
Si aún estáis pensando qué carrera elegir y os atrae la Traducción o la Interpretación, puede que os ayude a salir de dudas el echarle un vistazo a la 
