Algo más que traducir
Blog sobre traducción profesional, localización de videojuegos, software, aplicaciones móviles, sitios web y tecnologías de la traducción por Pablo Muñoz

Traducir letras de canciones para cantarlas

musica Traducir letras de canciones para cantarlasAlgo que jamás pensé que fuera a hacer era traducir una canción de manera profesional en la carrera, aunque tampoco creo que haga algo semejante en el mundo laboral a corto plazo. Lo que sí es cierto es que traducir canciones huyendo de la literalidad es un gran ejercicio de creatividad, especialmente si se dan las condiciones que describo a continuación.

El encargo que propuso a nuestra clase el profesor de traducción literaria y divulgativa fue traducir entre todos las letras del musical de Cabaretpara cantarlas. Por tanto, no bastaba traducir el significado del mensaje original, sino que había que jugar con el lenguaje para que el ritmo original de la canción no se viera alterado, algo más difícil de lo que parece sobre todo si no se cuenta con un buen oído —ejem—.

Como algunos habréis imaginado, traducir letras para cantar es otro ejemplo de traducción subordinada. De hecho, creo que es uno de los casos de este tipo de traducción más difíciles de resolver en el menor tiempo posible (léase como productividad para los empresarios).

Al tener que ajustar la traducción al ritmo de la música, no hay más remedio que traducir escuchando la letra original, medir los golpes de voz de la línea que se traduce y hacer una propuesta de traducción que intente reflejar en la medida de lo posible el significado del original a la vez que suene bien al oído.

cabaret Traducir letras de canciones para cantarlas¿Y cómo sabemos si nuestra traducción encaja con el ritmo original? Nada más sencillo y complejo a la par como cantar nosotros mismos nuestra creación. Si se tiene buen oído ya tenemos bastante recorrido; de lo contrario, tendremos que esforzarnos más y repetir varias veces hasta quedar satisfechos, no sin antes preguntarle a otra persona (con conocimientos sobre música a ser posible) qué le parece.

Si os digo la verdad, yo, que soy un negado para la música, disfruté como un niño traduciendo las letras de Cabaret de Mein Herr, Perfectly Marvellous y What Would You Do. Al principio, con Mein Herr, me costaba un montón y no podía presumir precisamente de haber realizado una gran traducción, pero con el apoyo del profesor y mucha dedicación creé algo medio digerible. Una recomendación vital que aprendí fue utilizar y conectar dos palabras que terminen y empiecen por vocal, pues luego es mucho más fácil cantar sin ir a tropezones.

Sin duda alguna, la canción con la que más contento me quedé fue Perfectly Marvellous, porque es bastante rapidita y creo que supe encajar bastante bien todos los ritmos. Y de verdad, es genial cantar de carrerilla una canción que, en cierto modo, ¡has creado tú! A pesar de que ya tenía una versión más o menos definitiva, todos los días ensayaba la canción y siempre modificaba algo.

El aliciente de traducir What Would You Do fue que, conforme traducía, pedía consejo a un amigo aficionado a cantar y con ciertos conocimientos de voz. Fue entonces cuando comprobé por qué es fundamental tener cierto don para la música para traducir canciones, pues era genial decirle «esta frase quiere decir esto» y tras dos segundos hallar una solución que encajara con el ritmo de la música y fuera fiel al original. En definitiva, un rato de diversión y aprendizaje cien por cien.

A pesar de que hay muchas páginas dedicadas a la traducción de letras de canciones como Letras de canciones traducidas o letrastraducidas.com, os animo a que si tenéis una canción especial o varias en una lengua extranjera que dominéis, hagáis la prueba. Incluso podéis mejorar las versiones de Grease o El Fantasma de la Ópera si no os gusta la traducción que hay ya. ¡Quién sabe si descubrís tener un don para esto!

Yo, de momento, os dejo con mi traducción de Perfectly Marvellous; eso sí, hay que escuchar la canción para que tenga gracia.

[SALLY (hablado)]
¿Sabes, Cliff? Creo que la gente es maravillosa… fabulosa.
¿Eh? ¿Tú no lo ves así?
Es que yo no creo que la gente tenga que ir por ahí dando explicaciones.
Por ejemplo, si me pintara las uñas de verde,
que por cierto, sí que me las pinto de verde,
y luego alguien me pregunta que por qué,
pues contesto que me parecen bonitas porque así lo siento.
Así que si te preguntan sobre lo nuestro,
pues haces dos cosas: o dices que estamos viviendo
juntos en delicioso pecado, o bien cuentas la pura verdad, y dices:

Me fijé en esta preciosa mujer
de aquel maravilloso lugar
nada más celebrar
que entraba un año súper genial.

Cogí el teléfono y oí esa voz
tan dulce
mi soledad ya por fin se esfumó
qué emocionante.

Qué bellos poemas canté,
con mi acento extranjero, oh yeah
perpleja se quedó
nada más escuchar mi canción.

Ahora esta preciosa y bella mujer
está en una hermosa habitación
y juntos vivimos
un gran amor lleno de exaltación.

[CLIFF (hablado)]
Oye Sally, creo que esto no funcionará.
Me vas a distraer.

[SALLY (hablado)]
¿Distraer? No… ¡inspirar!

Maravillosas historias contó
de su loca y chiflada vida
que quizás algún día yo
pueda escribir como autor.

Y como fui a Berlín a buscar
a mi musa
qué suerte ha sido poder encontrar
tanta lujuria.

Y maravilloso también
es su perfecto acuerdo de estar
quietecita como un ratón
cuando trabaje de autor.

Vaya una vida tan buena tengo
en mi maravilloso salón
con esta casi invisible
y maravillosa mujer.

[CLIFF (hablado)]
Sally, no tengo dinero. ¿Acaso tienes tú?

[SALLY]
Pues tengo… ¡seis marcos!

[CLIFF]
¡Ay, Dios!

[SALLY]
¡Vamos, Cliff! ¡Sólo uno o días, venga!

[CLIFF]
Me fijé en esta adorable mujer
de esta hermosa y linda ciudad
cómo lo haría ella que
en mi habitación se quedó.

[SALLY]
¡Venga, Cliff!

[CLIFF]
Pero no sé si esto podrá llegar
a buen puerto
qué estrecha mi cama es, me dirás.

[SALLY]
Ya lo veremos.

Exámenes de traducción

examenes1.thumbnail Exámenes de traducciónEn España, la forma tradicional de evaluar los conocimientos adquiridos en una asignatura se realiza mediante exámenes. Según el tipo de asignatura que sea, parece normal que haya una serie de exámenes parciales y un examen final para evaluar, por ejemplo, si un alumno de Derecho conoce las leyes que debería saberse sin tener que consultar el Código Civil.

Sin embargo, en la carrera de Traducción e Interpretación —dependiendo de la facultad he de suponer— apenas hay exámenes para las materias de traducción, por lo que es frecuente que en febrero y junio los estudiantes de esta licenciatura estén mucho más aliviados que el resto de compañeros de otras carreras.

Ahora bien, esto es así porque a lo largo del cuatrimestre hemos de esforzarnos mucho cada semana. En otras palabras, se apuesta por un sistema de evaluación continua, óptimo para nuestra carrera al menos para mí, pues al fin y al cabo en ésta la teoría cede su lugar a la importancia de la práctica.

Y eso es lo bueno, que después de tanto trabajo se nos recompensa con una buena nota si hemos ido evolucionando en nuestras traducciones. Me refiero a haber hecho muchas traducciones (individuales o en grupo), no a dos traducciones (importantes, eso sí) en todo el curso como nos piden algunos profesores.

Cuando se habla de jugárselo todo en un examen, normalmente se dice que «es que puedo tener un mal día», «hay mucha presión y nervios», etc. Y es cierto, pero si se traduce bien, siempre se traducirá bien incluso en un examen parecido a los textos vistos en clase. De hecho, una característica importante del traductor es saber trabajar bajo presión; aun así, prefiero que la nota significativa para la evaluación de una asignatura sean muchas y no una única nota.

El problema surge cuando la metodología seguida en una asignatura no es apropiada, aunque afortunadamente pocas veces es así. Pero claro, alguna vez sí que se da el caso.

Por ejemplo, si se manda una traducción y sólo una persona o grupo se encarga de realizarla y exponerla al resto de la clase, es más que probable que la mayoría del resto de compañeros no hagan la traducción o ni siquiera hayan mirado el texto original. Por tanto, aunque siempre se aprende algo, creo que es mucho más conveniente hacer menos traducciones para clase pero más por cada alumno para que el grupo o persona que exponga no esté mirando a sus compañeros para ver quién le dice algo y, en definitiva, todos saquen algo de provecho.

Evidentemente, esto conlleva hacer muchas traducciones para muchas asignaturas, y uno nunca dispone de tiempo para todo, ya que hay más cosas en la vida aparte de traducir, sobre todo si no te pagan. Pero al fin y al cabo, así se aprende a sobrellevar el estrés y se mejora la capacidad de trabajo en grupo y autonomía, así como la velocidad de traducción. Por supuesto, también hay que pensar en el tiempo que le dedica el profesor a la corrección de las traducciones, pero después de todo están para algo.

Las consecuencias de traducir poco en una asignatura son dos a mi modo ver: a) el alumno está menos preparado para traducir textos similares a los vistos en clase porque no ha llegado a enfrentarse realmente a los problemas que plantean y b) la única nota con que se cuenta es la del examen final (porque algunos profesores no hacen ni siquiera parcial —un par según he visto—).

Esto mismo me ha pasado a mí, y aún estoy a la espera de los resultados de un examen que hice hace poco. Creo que es la primera vez en toda la carrera (y ya estoy acabando) que me siento preocupado por un examen de traducción. Vale, yo mismo podría haber hecho más traducciones durante el curso, pero con tantas cosas que tengo, si no me «obligan» la verdad es que le pongo pocas ganas.

Otro tema interesante respecto a los exámenes de traducción son las condiciones en que se desarrollan. A estas alturas espero que casi todos los profesores pidan traducciones escritas a ordenador o que como mínimo dejen usar un ordenador conectado a Internet. Y si digo esto es porque precisamente hay profesores que aún no permiten usar ordenadores. Yo, qué queréis que os diga, no sé traducir ya sin ordenador; además, en el trabajo, es decir, la situación real, voy a usar ordenador.

Como conclusión, manifiesto mi defensa por la evaluación continua en asignaturas de traducción. Al fin y al cabo, es como la vida misma del traductor: vas haciendo tu trabajo en función de los encargos que te llegan. Si al cliente le pareces profesional te habrás ganado un cliente (nota en este caso), y si lo haces mal lo habrás perdido. Si al final de cuatro meses tienes suficiente volumen de trabajo porque tienes ya a varios clientes que confían en ti a pesar de haber fallado con otros, entonces puedes vivir de traductor. Es decir, te mereces seguir trabajando (aprobar) sin que un cliente juzgue por un único encargo si el resto de tus clientes te van a volver a contratar o no.

Seguramente muchos de los que visitáis este blog y otros relacionados con la traducción estaréis de lleno con los exámenes de junio, así que antes de nada, ¡mucho ánimo, que ya queda poquito!

Un error de traducción convertido en leyenda urbana

sf sheng long Un error de traducción convertido en leyenda urbanaLeo en ion litio una curiosidad relacionada con el archiconocido Street Fighter II y un error de traducción que me parece interesante compartir aquí.

Como todos sabréis, al derrotar a un adversario en este juego aparece un breve texto lanzado a nuestro rival tipo «no tienes nada que hacer contra mí». Por ejemplo, Ryu, famoso por sus hadouken (que más de uno habrá pronunciado como ayuken en su infancia con seguridad), nos espeta lo siguiente: You must defeat Sheng Long to stand a chance (traducción larga propuesta según el contexto: «tendrás que ser capaz de derrotar a Shen Long si quieres tener alguna posibilidad de vencerme»).

Pues bien, resulta que nadie sabía a ciencia cierta quién era ese tal Shen Long, aunque se rumoreaba que se trataba del maestro de Ryu y Ken, pues ambos personajes compartían las mismas técnicas. De hecho, al parecer se hacía referencia a este personaje en el manual del juego.

La revista Electronic Gaming Monthly aprovechó la controversia surgida por este nombre para gastar una inocentada consistente en explicar cómo obtener al poderoso maestro en la última batalla contra Bison. Shen Long, aparte de ser el más rápido del juego, podía realizar todas las técnicas de los personajes aparecidos en el mismo.

Sin embargo, a pesar de que parecía bastante claro que se trataba de una inocentada, muchos aficionados intentaron conseguir por todos los medios a Shen Long, y el rumor se extendió de tal manera que llegó a convertirse en una leyenda urbana entre la comunidad videojueguil.

¿Dónde está, pues, la gracia de todo esto, y qué tiene que ver con la traducción? Resulta que Shen Long se tradujo incorrectamente, ya que en realidad se refería a la técnica shoryuken de Ryu y Ken, en la que ambos personajes saltaban con un potente gancho denominado Puño del Dragón. Por tanto, una buena traducción hubiera sido «tendrás que ser capaz de vencer a mi Puño del Dragón si quieres tener alguna posibilidad de derrotarme» (digo vencer y no derrotar como he dicho antes, pues derrotar se utiliza para enemigos).

Todos sabemos que los traductores, al igual que otros profesionales, cometemos errores. Lo que nunca sabemos es la gravedad que pueden conllevar ya no sólo en el momento de la publicación de la traducción, sino en el futuro como hemos visto en este caso. Por ello, deberemos traducir con seguridad lo que escribimos en la lengua meta si de verdad queremos actuar en calidad de profesionales, lo cual, todo hay que decirlo, no siempre es fácil.

José Martínez de Sousa

sousa José Martínez de Sousa¿Hay alguien que no conozca a este lexicógrafo, bibliólogo, ortógrafo, ortotipógrafo y técnico editorial (ahí es nada) aunque sea de oídas?

José Martínez de Sousa es mencionado un sinfín de veces en las facultades de Traducción e Interpretación como obra de referencia en cuanto al uso correcto del español. Comparado con sus escritos, el DRAE y el Diccionario Panhispánico se quedan en pañales. Y es que a lo largo de sus años como profesional ha ido confeccionado muy buenos trabajos como el Manual de estilo de la lengua española, cuya última revisión es de 2007.

Preguntas para maniáticos de la ortotipografía como por ejemplo cuándo se debe usar la negrita o la cursiva son resueltas en sus obras, lo que les confiere un carácter de «sólo para perfeccionistas». Tanto es así que sus manuales, guías y diccionarios son un algo inaccesibles debido a su coste, aunque por suerte nunca hay problemas para encontrarlos en una biblioteca universitaria relacionada con las lenguas.

El único manual que he estudiado con cierta profundidad es su Manual de edición y autoedición (edición de 2005)mele José Martínez de Sousa, y la verdad es que a mí, que me encantan los temas ortotipográficos, me parece de lo más completo. Aprendes lo nunca imaginado sobre las fuentes tipográficas, su historia y el nombre de todos los elementos que caracterizan un tipo de letra aunque sean difíciles de retener en la memoria si no se presta atención.

Y quizás ése es el gran problema de este manual y de otras obras a las que les he echado un vistazo: su difícil lectura. Hay que digerirlas muy, muy poco a poco si no se quiere olvidar su existencia hasta que sea necesario. En otras palabras, hay tanta información que es difícil procesarla en poco tiempo.

Aunque estoy de acuerdo con muchas cosas que le corrige (o aclara) al DRAE, discrepo con otras, y lo siento pero yo soy incapaz de escribir ‘sólo’ (de solamente) sin tilde o prescindir de ella en los pronombres como ‘éste’, ‘ése’ o ‘aquél’. Quizás es simplemente cabezonería porque he puesto siempre las tildes, pero creo que por esa misma razón es prácticamente imposible erradicar tal regla.

Otro de los puntos flacos que le veo a la obra de Martínez de Sousa es que son tantos los temas que se tratan que luego, aunque los índices son muy completos, cuesta encontrar rápida y fácilmente lo que se busca. Pero bueno, quizás es que estoy demasiado acostumbrado a teclear lo que busco y darle a la tecla intro en vez de navegar un poco entre nombres.

Pero no todo es criticar a Martínez de Sousa. Bien usadas, sus obras son la crème de la crème. Además, hay artículos suyos como La traducción y sus trampas (de lectura altamente recomendable para todo traductor que se precie) que en pocas páginas te ayudan a comprender perfectamente el porqué de las cosas e invitan a una reflexión sobre algunos del lenguaje.

palabra1 José Martínez de SousaEs por ello que quizás una de las mejores lecturas de toda su obra sea precisamente La palabra y su escritura, consistente en una selección de artículos suyos en diferentes medios organizados por tema, que van desde críticas al DRAE hasta criterios de edición.

En definitiva, José Martínez de Sousa (cuya entrada en Wikipedia, por cierto, es bastante reveladora) es una fuente inagotable de referencias para la buena escritura, ya sea científica, académica o con tono periodístico. Ahora bien, hay que saber seleccionar sus obras y manejarlas con cautela. En cualquier caso, un buen traductor, corrector o editor debe tener en su bagaje el 95% de lo que cuenta Martínez de Sousa ya bien afianzado en sus ideas.

Si queréis ampliar información o tener otros puntos de vista, un buen comienzo es la entrevista que hizo para la Linterna del traductor y la opinión de algunos traductores profesionales de prestigio.

Un acto de graduación muy alentador

Estos días estoy algo liado con el trabajo y la facultad, pero intentaré escribir lo que pueda sobre algunos temas que tengo en mente para el blog (aparte de terminar el de trabajos en grupo, claro). Ya de paso saludo a todos los traductores y blogueros que están también de exámenes, como los chicos de traduBlog icon smile Un acto de graduación muy alentador Por cierto, gracias a Carlos Ferreiro por anunciarme en su blog icon wink Un acto de graduación muy alentador

Releyendo algunos posts de traduBlog como el del Síndrome del Bosnio (que es corto pero hilarante a la vez que muy cierto) me he topado con algunos posts sobre el acto de graduación. Yo mismo me gradué no hace ni dos semanas, y la verdad es que fue muy emotivo.

Hubo muchos discursos por parte de los padrinos de cada lengua de especialidad y alumnos, aunque, personalmente, el que me más me gustó fue el discurso del profesor de inglés, porque hizo un repaso de todas las virtudes de un buen traductor con una buena mezcla de verdades como un puño y con un lenguaje muy cuidado.

Pero no es esto de lo que os quería hablar, porque seguro que la graduación de cada uno es única. Con las recientes críticas hacia Apple, he recordado que su presidente, Steve Jobs, hizo hace algunos años un discurso de graduación en la Universidad de Stanford que en su momento me pareció muy, muy alentador.

Al verlo de nuevo, me siento identificado con muchas cosas que dice. Por ejemplo, que algo que haces en un momento determinado puede que cobre su verdadero sentido mucho tiempo después. Por ejemplo, gracias a un trabajo de investigación que tuve que hacer en Dublín cuando estuve de Erasmus pude conocer tiempo adelante los artículos de Jorge Díaz Cintas, y como había trabajado previamente en un fansub, me puse en contacto con él para realizar mi primer artículo académico sobre traducción. Ahora incluso es posible que me publiquen algo sobre romhacking, algo en lo que me inicié con apenas 14 años…

Os dejo con el vídeo en cuestión, que si no habéis visto recomiendo que lo veáis. Así, al menos, espero que tengáis más ánimos para afrontar los exámenes o cualquier obstáculo que se os presente, pues siempre hay una recompensa merecida.

Google, ese gran recurso para traductores

No puedo concebir la idea de traducir sin usar ordenador y, más concretamente, Internet. En la carrera de Traducción e Interpretación siempre se nos habla de documentarnos y buscar textos paralelos. Salvo algunos casos concretos como documentos jurídicos o legales, ¿hay quien no use Google para comprobar si la traducción literal de un término técnico es apropiada o bien para buscar información de lo que tenemos que traducir en la lengua hacia la que se traduce?

Por supuesto, hay que realizar búsquedas eficaces para hallar lo que buscamos. Hay múltiples recursos web que nos describen las funciones de búsqueda de Google aparte de la propia explicación de la página de Google, y merece la pena dedicar un tiempo a leer los resumidos consejos de TuFunción o la exhaustiva Google Guide. Para los más curiosos, el libro 55 Ways to Have Fun With Google (disponible en PDF) presenta una serie de divertidas propuestas para practicar con Google.

Cuando creo que el texto que tengo que traducir tiene bastantes dificultades o es muy largo, suelo documentarme un poco antes de concentrarme en la traducción. Normalmente suelo recurrir a la Wikipedia, pero está claro que muchas veces es insuficiente para nuestros propósitos. De hecho, una estrategia que utilizo muchas veces es buscar un término especializado en la Wikipedia y ver si tiene página en el idioma hacia el que traduzco para ver qué solución se propone.

Como traductor, el mayor uso que le doy a Google es como vía de resolución de problemas terminológicos y para encontrar colocaciones adecuadas. Así, una de las búsquedas que suelo hacer es, por ejemplo, “término English”, “término glossary English Spanish” o “término wordreference”, todas ellas sin el uso de las comillas. Evidentemente, no es un sistema infalible, pero muchas veces da resultado. Por supuesto, hay que tener criterio para saber si lo que se ha encontrado es pertinente o no. Cuando no encuentro nada, al menos intento saber qué significa el término en la lengua origen mediante la instrucción “define: término” (sin comillas).

Pero no siempre hay que recurrir a estas búsquedas. En el caso de la traducción científica y técnica, muchas veces basta con traducir literalmente el término en cuestión y comprobar si aparece en Google con un número de resultados aceptable. Como puede haber varias alternativas, una forma de comprobar cuál es la más apropiada es hacer varias búsquedas o usar Google Fight para contrastar búsquedas. Como opinión personal, prefiero buscar varias veces en Google, ya que permite ver el contexto.

En el caso de la traducción inversa (cuando se traduce de la lengua materna hacia una extranjera), recurro mucho a Google cuando no estoy seguro de algunas colocaciones. Es cierto que para eso están las gramáticas y que en principio deberíamos dominar la lengua extranjera tanto que ni dudásemos sobre gramática, pero… ¿acaso es siempre así?

En cuanto a la traducción de términos muy técnicos con origen latino o griego, lo normal es seguir las reglas del idioma hacia el que se traduce y buscar en Google. Por ejemplo, si en francés tenemos anticholinestérasiques, probaremos a buscar anticolinesterásicos (ojo a las tildes). Una gran ventaja que nos ofrece este buscador es que si nos equivocamos en alguna letra se nos proponen otras sugerencias, que normalmente son la solución que buscábamos.

En definitiva, que aunque en la facultad nos muestren la existencia de importantes bases de datos o enciclopedias especializadas (como Medline o Aranzadi en las que buscar textos paralelos o nos enseñen el uso de tesauros, Google y unas cuantas estrategias de búsqueda nos bastan a menos que tratemos con textos muy concretos. Por supuesto, hay que conocer otros recursos como Acronym Finder, que al fin y al cabo encontré mediante Google.

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