Algo más que traducir

Blog sobre traducción profesional y toda su vertiente tecnológica

Archivos para Junio, 2007

Traducir letras de canciones para cantarlas

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 30/06/2007

MúsicaAlgo que jamás pensé que fuera a hacer era traducir una canción de manera profesional en la carrera, aunque tampoco creo que haga algo semejante en el mundo laboral a corto plazo. Lo que sí es cierto es que traducir canciones huyendo de la literalidad es un gran ejercicio de creatividad, especialmente si se dan las condiciones que describo a continuación.

El encargo que propuso a nuestra clase el profesor de traducción literaria y divulgativa fue traducir entre todos las letras del musical de Cabaretpara cantarlas. Por tanto, no bastaba traducir el significado del mensaje original, sino que había que jugar con el lenguaje para que el ritmo original de la canción no se viera alterado, algo más difícil de lo que parece sobre todo si no se cuenta con un buen oído —ejem—.

Como algunos habréis imaginado, traducir letras para cantar es otro ejemplo de traducción subordinada. De hecho, creo que es uno de los casos de este tipo de traducción más difíciles de resolver en el menor tiempo posible (léase como productividad para los empresarios).

Al tener que ajustar la traducción al ritmo de la música, no hay más remedio que traducir escuchando la letra original, medir los golpes de voz de la línea que se traduce y hacer una propuesta de traducción que intente reflejar en la medida de lo posible el significado del original a la vez que suene bien al oído.

Cabaret¿Y cómo sabemos si nuestra traducción encaja con el ritmo original? Nada más sencillo y complejo a la par como cantar nosotros mismos nuestra creación. Si se tiene buen oído ya tenemos bastante recorrido; de lo contrario, tendremos que esforzarnos más y repetir varias veces hasta quedar satisfechos, no sin antes preguntarle a otra persona (con conocimientos sobre música a ser posible) qué le parece.

Si os digo la verdad, yo, que soy un negado para la música, disfruté como un niño traduciendo las letras de Cabaret de Mein Herr, Perfectly Marvellous y What Would You Do. Al principio, con Mein Herr, me costaba un montón y no podía presumir precisamente de haber realizado una gran traducción, pero con el apoyo del profesor y mucha dedicación creé algo medio digerible. Una recomendación vital que aprendí fue utilizar y conectar dos palabras que terminen y empiecen por vocal, pues luego es mucho más fácil cantar sin ir a tropezones.

Sin duda alguna, la canción con la que más contento me quedé fue Perfectly Marvellous, porque es bastante rapidita y creo que supe encajar bastante bien todos los ritmos. Y de verdad, es genial cantar de carrerilla una canción que, en cierto modo, ¡has creado tú! A pesar de que ya tenía una versión más o menos definitiva, todos los días ensayaba la canción y siempre modificaba algo.

El aliciente de traducir What Would You Do fue que, conforme traducía, pedía consejo a un amigo aficionado a cantar y con ciertos conocimientos de voz. Fue entonces cuando comprobé por qué es fundamental tener cierto don para la música para traducir canciones, pues era genial decirle «esta frase quiere decir esto» y tras dos segundos hallar una solución que encajara con el ritmo de la música y fuera fiel al original. En definitiva, un rato de diversión y aprendizaje cien por cien.

A pesar de que hay muchas páginas dedicadas a la traducción de letras de canciones como Letras de canciones traducidas o letrastraducidas.com, os animo a que si tenéis una canción especial o varias en una lengua extranjera que dominéis, hagáis la prueba. Incluso podéis mejorar las versiones de Grease o El Fantasma de la Ópera si no os gusta la traducción que hay ya. ¡Quién sabe si descubrís tener un don para esto!

Yo, de momento, os dejo con mi traducción de Perfectly Marvellous; eso sí, hay que escuchar la canción para que tenga gracia.

[SALLY (hablado)]
¿Sabes, Cliff? Creo que la gente es maravillosa… fabulosa.
¿Eh? ¿Tú no lo ves así?
Es que yo no creo que la gente tenga que ir por ahí dando explicaciones.
Por ejemplo, si me pintara las uñas de verde,
que por cierto, sí que me las pinto de verde,
y luego alguien me pregunta que por qué,
pues contesto que me parecen bonitas porque así lo siento.
Así que si te preguntan sobre lo nuestro,
pues haces dos cosas: o dices que estamos viviendo
juntos en delicioso pecado, o bien cuentas la pura verdad, y dices:

Me fijé en esta preciosa mujer
de aquel maravilloso lugar
nada más celebrar
que entraba un año súper genial.

Cogí el teléfono y oí esa voz
tan dulce
mi soledad ya por fin se esfumó
qué emocionante.

Qué bellos poemas canté,
con mi acento extranjero, oh yeah
perpleja se quedó
nada más escuchar mi canción.

Ahora esta preciosa y bella mujer
está en una hermosa habitación
y juntos vivimos
un gran amor lleno de exaltación.

[CLIFF (hablado)]
Oye Sally, creo que esto no funcionará.
Me vas a distraer.

[SALLY (hablado)]
¿Distraer? No… ¡inspirar!

Maravillosas historias contó
de su loca y chiflada vida
que quizás algún día yo
pueda escribir como autor.

Y como fui a Berlín a buscar
a mi musa
qué suerte ha sido poder encontrar
tanta lujuria.

Y maravilloso también
es su perfecto acuerdo de estar
quietecita como un ratón
cuando trabaje de autor.

Vaya una vida tan buena tengo
en mi maravilloso salón
con esta casi invisible
y maravillosa mujer.

[CLIFF (hablado)]
Sally, no tengo dinero. ¿Acaso tienes tú?

[SALLY]
Pues tengo… ¡seis marcos!

[CLIFF]
¡Ay, Dios!

[SALLY]
¡Vamos, Cliff! ¡Sólo uno o días, venga!

[CLIFF]
Me fijé en esta adorable mujer
de esta hermosa y linda ciudad
cómo lo haría ella que
en mi habitación se quedó.

[SALLY]
¡Venga, Cliff!

[CLIFF]
Pero no sé si esto podrá llegar
a buen puerto
qué estrecha mi cama es, me dirás.

[SALLY]
Ya lo veremos.

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Exámenes de traducción

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 26/06/2007

Exámenes de traducciónEn España, la forma tradicional de evaluar los conocimientos adquiridos en una asignatura se realiza mediante exámenes. Según el tipo de asignatura que sea, parece normal que haya una serie de exámenes parciales y un examen final para evaluar, por ejemplo, si un alumno de Derecho conoce las leyes que debería saberse sin tener que consultar el Código Civil.

Sin embargo, en la carrera de Traducción e Interpretación —dependiendo de la facultad he de suponer— apenas hay exámenes para las materias de traducción, por lo que es frecuente que en febrero y junio los estudiantes de esta licenciatura estén mucho más aliviados que el resto de compañeros de otras carreras.

Ahora bien, esto es así porque a lo largo del cuatrimestre hemos de esforzarnos mucho cada semana. En otras palabras, se apuesta por un sistema de evaluación continua, óptimo para nuestra carrera al menos para mí, pues al fin y al cabo en ésta la teoría cede su lugar a la importancia de la práctica.

Y eso es lo bueno, que después de tanto trabajo se nos recompensa con una buena nota si hemos ido evolucionando en nuestras traducciones. Me refiero a haber hecho muchas traducciones (individuales o en grupo), no a dos traducciones (importantes, eso sí) en todo el curso como nos piden algunos profesores.

Cuando se habla de jugárselo todo en un examen, normalmente se dice que «es que puedo tener un mal día», «hay mucha presión y nervios», etc. Y es cierto, pero si se traduce bien, siempre se traducirá bien incluso en un examen parecido a los textos vistos en clase. De hecho, una característica importante del traductor es saber trabajar bajo presión; aun así, prefiero que la nota significativa para la evaluación de una asignatura sean muchas y no una única nota.

El problema surge cuando la metodología seguida en una asignatura no es apropiada, aunque afortunadamente pocas veces es así. Pero claro, alguna vez sí que se da el caso.

Por ejemplo, si se manda una traducción y sólo una persona o grupo se encarga de realizarla y exponerla al resto de la clase, es más que probable que la mayoría del resto de compañeros no hagan la traducción o ni siquiera hayan mirado el texto original. Por tanto, aunque siempre se aprende algo, creo que es mucho más conveniente hacer menos traducciones para clase pero más por cada alumno para que el grupo o persona que exponga no esté mirando a sus compañeros para ver quién le dice algo y, en definitiva, todos saquen algo de provecho.

Evidentemente, esto conlleva hacer muchas traducciones para muchas asignaturas, y uno nunca dispone de tiempo para todo, ya que hay más cosas en la vida aparte de traducir, sobre todo si no te pagan. Pero al fin y al cabo, así se aprende a sobrellevar el estrés y se mejora la capacidad de trabajo en grupo y autonomía, así como la velocidad de traducción. Por supuesto, también hay que pensar en el tiempo que le dedica el profesor a la corrección de las traducciones, pero después de todo están para algo.

Las consecuencias de traducir poco en una asignatura son dos a mi modo ver: a) el alumno está menos preparado para traducir textos similares a los vistos en clase porque no ha llegado a enfrentarse realmente a los problemas que plantean y b) la única nota con que se cuenta es la del examen final (porque algunos profesores no hacen ni siquiera parcial —un par según he visto—).

Esto mismo me ha pasado a mí, y aún estoy a la espera de los resultados de un examen que hice hace poco. Creo que es la primera vez en toda la carrera (y ya estoy acabando) que me siento preocupado por un examen de traducción. Vale, yo mismo podría haber hecho más traducciones durante el curso, pero con tantas cosas que tengo, si no me «obligan» la verdad es que le pongo pocas ganas.

Otro tema interesante respecto a los exámenes de traducción son las condiciones en que se desarrollan. A estas alturas espero que casi todos los profesores pidan traducciones escritas a ordenador o que como mínimo dejen usar un ordenador conectado a Internet. Y si digo esto es porque precisamente hay profesores que aún no permiten usar ordenadores. Yo, qué queréis que os diga, no sé traducir ya sin ordenador; además, en el trabajo, es decir, la situación real, voy a usar ordenador.

Como conclusión, manifiesto mi defensa por la evaluación continua en asignaturas de traducción. Al fin y al cabo, es como la vida misma del traductor: vas haciendo tu trabajo en función de los encargos que te llegan. Si al cliente le pareces profesional te habrás ganado un cliente (nota en este caso), y si lo haces mal lo habrás perdido. Si al final de cuatro meses tienes suficiente volumen de trabajo porque tienes ya a varios clientes que confían en ti a pesar de haber fallado con otros, entonces puedes vivir de traductor. Es decir, te mereces seguir trabajando (aprobar) sin que un cliente juzgue por un único encargo si el resto de tus clientes te van a volver a contratar o no.

Seguramente muchos de los que visitáis este blog y otros relacionados con la traducción estaréis de lleno con los exámenes de junio, así que antes de nada, ¡mucho ánimo, que ya queda poquito!

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Un error de traducción convertido en leyenda urbana

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 22/06/2007

Shen LongLeo en ion litio una curiosidad relacionada con el archiconocido Street Fighter II y un error de traducción que me parece interesante compartir aquí.

Como todos sabréis, al derrotar a un adversario en este juego aparece un breve texto lanzado a nuestro rival tipo «no tienes nada que hacer contra mí». Por ejemplo, Ryu, famoso por sus hadouken (que más de uno habrá pronunciado como ayuken en su infancia con seguridad), nos espeta lo siguiente: You must defeat Sheng Long to stand a chance (traducción larga propuesta según el contexto: «tendrás que ser capaz de derrotar a Shen Long si quieres tener alguna posibilidad de vencerme»).

Pues bien, resulta que nadie sabía a ciencia cierta quién era ese tal Shen Long, aunque se rumoreaba que se trataba del maestro de Ryu y Ken, pues ambos personajes compartían las mismas técnicas. De hecho, al parecer se hacía referencia a este personaje en el manual del juego.

La revista Electronic Gaming Monthly aprovechó la controversia surgida por este nombre para gastar una inocentada consistente en explicar cómo obtener al poderoso maestro en la última batalla contra Bison. Shen Long, aparte de ser el más rápido del juego, podía realizar todas las técnicas de los personajes aparecidos en el mismo.

Sin embargo, a pesar de que parecía bastante claro que se trataba de una inocentada, muchos aficionados intentaron conseguir por todos los medios a Shen Long, y el rumor se extendió de tal manera que llegó a convertirse en una leyenda urbana entre la comunidad videojueguil.

¿Dónde está, pues, la gracia de todo esto, y qué tiene que ver con la traducción? Resulta que Shen Long se tradujo incorrectamente, ya que en realidad se refería a la técnica shoryuken de Ryu y Ken, en la que ambos personajes saltaban con un potente gancho denominado Puño del Dragón. Por tanto, una buena traducción hubiera sido «tendrás que ser capaz de vencer a mi Puño del Dragón si quieres tener alguna posibilidad de derrotarme» (digo vencer y no derrotar como he dicho antes, pues derrotar se utiliza para enemigos).

Todos sabemos que los traductores, al igual que otros profesionales, cometemos errores. Lo que nunca sabemos es la gravedad que pueden conllevar ya no sólo en el momento de la publicación de la traducción, sino en el futuro como hemos visto en este caso. Por ello, deberemos traducir con seguridad lo que escribimos en la lengua meta si de verdad queremos actuar en calidad de profesionales, lo cual, todo hay que decirlo, no siempre es fácil.

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José Martínez de Sousa

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 16/06/2007

José Mart�nez de Sousa¿Hay alguien que no conozca a este lexicógrafo, bibliólogo, ortógrafo, ortotipógrafo y técnico editorial (ahí es nada) aunque sea de oídas?

José Martínez de Sousa es mencionado un sinfín de veces en las facultades de Traducción e Interpretación como obra de referencia en cuanto al uso correcto del español. Comparado con sus escritos, el DRAE y el Diccionario Panhispánico se quedan en pañales. Y es que a lo largo de sus años como profesional ha ido confeccionado muy buenos trabajos como el Manual de estilo de la lengua española, cuya última revisión es de 2007.

Preguntas para maniáticos de la ortotipografía como por ejemplo cuándo se debe usar la negrita o la cursiva son resueltas en sus obras, lo que les confiere un carácter de «sólo para perfeccionistas». Tanto es así que sus manuales, guías y diccionarios son un algo inaccesibles debido a su coste, aunque por suerte nunca hay problemas para encontrarlos en una biblioteca universitaria relacionada con las lenguas.

El único manual que he estudiado con cierta profundidad es su Manual de edición y autoedición (edición de 2005)Manual de Estilo de la Lengua Española, y la verdad es que a mí, que me encantan los temas ortotipográficos, me parece de lo más completo. Aprendes lo nunca imaginado sobre las fuentes tipográficas, su historia y el nombre de todos los elementos que caracterizan un tipo de letra aunque sean difíciles de retener en la memoria si no se presta atención.

Y quizás ése es el gran problema de este manual y de otras obras a las que les he echado un vistazo: su difícil lectura. Hay que digerirlas muy, muy poco a poco si no se quiere olvidar su existencia hasta que sea necesario. En otras palabras, hay tanta información que es difícil procesarla en poco tiempo.

Aunque estoy de acuerdo con muchas cosas que le corrige (o aclara) al DRAE, discrepo con otras, y lo siento pero yo soy incapaz de escribir ‘sólo’ (de solamente) sin tilde o prescindir de ella en los pronombres como ‘éste’, ‘ése’ o ‘aquél’. Quizás es simplemente cabezonería porque he puesto siempre las tildes, pero creo que por esa misma razón es prácticamente imposible erradicar tal regla.

Otro de los puntos flacos que le veo a la obra de Martínez de Sousa es que son tantos los temas que se tratan que luego, aunque los índices son muy completos, cuesta encontrar rápida y fácilmente lo que se busca. Pero bueno, quizás es que estoy demasiado acostumbrado a teclear lo que busco y darle a la tecla intro en vez de navegar un poco entre nombres.

Pero no todo es criticar a Martínez de Sousa. Bien usadas, sus obras son la crème de la crème. Además, hay artículos suyos como La traducción y sus trampas (de lectura altamente recomendable para todo traductor que se precie) que en pocas páginas te ayudan a comprender perfectamente el porqué de las cosas e invitan a una reflexión sobre algunos del lenguaje.

La palabra y su escrituraEs por ello que quizás una de las mejores lecturas de toda su obra sea precisamente La palabra y su escritura, consistente en una selección de artículos suyos en diferentes medios organizados por tema, que van desde críticas al DRAE hasta criterios de edición.

En definitiva, José Martínez de Sousa (cuya entrada en Wikipedia, por cierto, es bastante reveladora) es una fuente inagotable de referencias para la buena escritura, ya sea científica, académica o con tono periodístico. Ahora bien, hay que saber seleccionar sus obras y manejarlas con cautela. En cualquier caso, un buen traductor, corrector o editor debe tener en su bagaje el 95% de lo que cuenta Martínez de Sousa ya bien afianzado en sus ideas.

Si queréis ampliar información o tener otros puntos de vista, un buen comienzo es la entrevista que hizo para la Linterna del traductor y la opinión de algunos traductores profesionales de prestigio.

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Un acto de graduación muy alentador

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 12/06/2007

Estos días estoy algo liado con el trabajo y la facultad, pero intentaré escribir lo que pueda sobre algunos temas que tengo en mente para el blog (aparte de terminar el de trabajos en grupo, claro). Ya de paso saludo a todos los traductores y blogueros que están también de exámenes, como los chicos de traduBlog :) Por cierto, gracias a Carlos Ferreiro por anunciarme en su blog ;)

Releyendo algunos posts de traduBlog como el del Síndrome del Bosnio (que es corto pero hilarante a la vez que muy cierto) me he topado con algunos posts sobre el acto de graduación. Yo mismo me gradué no hace ni dos semanas, y la verdad es que fue muy emotivo.

Hubo muchos discursos por parte de los padrinos de cada lengua de especialidad y alumnos, aunque, personalmente, el que me más me gustó fue el discurso del profesor de inglés, porque hizo un repaso de todas las virtudes de un buen traductor con una buena mezcla de verdades como un puño y con un lenguaje muy cuidado.

Pero no es esto de lo que os quería hablar, porque seguro que la graduación de cada uno es única. Con las recientes críticas hacia Apple, he recordado que su presidente, Steve Jobs, hizo hace algunos años un discurso de graduación en la Universidad de Stanford que en su momento me pareció muy, muy alentador.

Al verlo de nuevo, me siento identificado con muchas cosas que dice. Por ejemplo, que algo que haces en un momento determinado puede que cobre su verdadero sentido mucho tiempo después. Por ejemplo, gracias a un trabajo de investigación que tuve que hacer en Dublín cuando estuve de Erasmus pude conocer tiempo adelante los artículos de Jorge Díaz Cintas, y como había trabajado previamente en un fansub, me puse en contacto con él para realizar mi primer artículo académico sobre traducción. Ahora incluso es posible que me publiquen algo sobre romhacking, algo en lo que me inicié con apenas 14 años…

Os dejo con el vídeo en cuestión, que si no habéis visto recomiendo que lo veáis. Así, al menos, espero que tengáis más ánimos para afrontar los exámenes o cualquier obstáculo que se os presente, pues siempre hay una recompensa merecida.

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Google, ese gran recurso para traductores

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 10/06/2007

No puedo concebir la idea de traducir sin usar ordenador y, más concretamente, Internet. En la carrera de Traducción e Interpretación siempre se nos habla de documentarnos y buscar textos paralelos. Salvo algunos casos concretos como documentos jurídicos o legales, ¿hay quien no use Google para comprobar si la traducción literal de un término técnico es apropiada o bien para buscar información de lo que tenemos que traducir en la lengua hacia la que se traduce?

Por supuesto, hay que realizar búsquedas eficaces para hallar lo que buscamos. Hay múltiples recursos web que nos describen las funciones de búsqueda de Google aparte de la propia explicación de la página de Google, y merece la pena dedicar un tiempo a leer los resumidos consejos de TuFunción o la exhaustiva Google Guide. Para los más curiosos, el libro 55 Ways to Have Fun With Google (disponible en PDF) presenta una serie de divertidas propuestas para practicar con Google.

Cuando creo que el texto que tengo que traducir tiene bastantes dificultades o es muy largo, suelo documentarme un poco antes de concentrarme en la traducción. Normalmente suelo recurrir a la Wikipedia, pero está claro que muchas veces es insuficiente para nuestros propósitos. De hecho, una estrategia que utilizo muchas veces es buscar un término especializado en la Wikipedia y ver si tiene página en el idioma hacia el que traduzco para ver qué solución se propone.

Como traductor, el mayor uso que le doy a Google es como vía de resolución de problemas terminológicos y para encontrar colocaciones adecuadas. Así, una de las búsquedas que suelo hacer es, por ejemplo, “término English”, “término glossary English Spanish” o “término wordreference”, todas ellas sin el uso de las comillas. Evidentemente, no es un sistema infalible, pero muchas veces da resultado. Por supuesto, hay que tener criterio para saber si lo que se ha encontrado es pertinente o no. Cuando no encuentro nada, al menos intento saber qué significa el término en la lengua origen mediante la instrucción “define: término” (sin comillas).

Pero no siempre hay que recurrir a estas búsquedas. En el caso de la traducción científica y técnica, muchas veces basta con traducir literalmente el término en cuestión y comprobar si aparece en Google con un número de resultados aceptable. Como puede haber varias alternativas, una forma de comprobar cuál es la más apropiada es hacer varias búsquedas o usar Google Fight para contrastar búsquedas. Como opinión personal, prefiero buscar varias veces en Google, ya que permite ver el contexto.

En el caso de la traducción inversa (cuando se traduce de la lengua materna hacia una extranjera), recurro mucho a Google cuando no estoy seguro de algunas colocaciones. Es cierto que para eso están las gramáticas y que en principio deberíamos dominar la lengua extranjera tanto que ni dudásemos sobre gramática, pero… ¿acaso es siempre así?

En cuanto a la traducción de términos muy técnicos con origen latino o griego, lo normal es seguir las reglas del idioma hacia el que se traduce y buscar en Google. Por ejemplo, si en francés tenemos anticholinestérasiques, probaremos a buscar anticolinesterásicos (ojo a las tildes). Una gran ventaja que nos ofrece este buscador es que si nos equivocamos en alguna letra se nos proponen otras sugerencias, que normalmente son la solución que buscábamos.

En definitiva, que aunque en la facultad nos muestren la existencia de importantes bases de datos o enciclopedias especializadas (como Medline o Aranzadi en las que buscar textos paralelos o nos enseñen el uso de tesauros, Google y unas cuantas estrategias de búsqueda nos bastan a menos que tratemos con textos muy concretos. Por supuesto, hay que conocer otros recursos como Acronym Finder, que al fin y al cabo encontré mediante Google.

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Trabajos en grupo (II)

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 08/06/2007

Herramientas colaborativas

En el anterior post hablaba sobre la importancia de Internet y las nuevas tecnologías en los trabajos (y traducciones) en grupo. Espero que el siguiente enfoque os sirva de reflexión y aportéis otras alternativas.

Correo electrónico

Evidentemente, la mejor forma de comunicarse es mediante correo electrónico. A diferencia de la mensajería instantánea (Messenger), podemos leer las discusiones de los miembros de nuestro grupo desde cualquier ordenador con Internet. Además, se puede hacer una reflexión más elaborada sobre lo que se desea transmitir al no tener al otro esperando a que le respondas.

No soy muy partidario de trabajar con el Messenger en marcha, porque te distrae bastante. Pero bueno, también es verdad que no suelo escuchar música mientras traduzco y otras personas creen que es algo fundamental para trabajar mejor.

El problema del correo electrónico radica en que probablemente se enviarán muchos correos si el grupo es numeroso, y por tanto se corre el riesgo de no saber muy bien si algo que había que hacer está ya hecho o no. Por otro lado, puedes sentirte un poco perdido si pasas dos días sin leer el correo.

Gmail permite seguir la conversación de un mismo tema de una manera más o menos cómoda, pero sigue estando el problema de no saber qué versión del archivo que debes modificar es realmente la correcta. Además, si mientras haces cambios otro miembro del grupo ha hecho lo propio, habrá que fusionarlos. ¡Hasta puede que hayan hecho las mismas modificaciones!

Google Docs & Spreadsheets

Google Docs & Spreadsheets elimina el problema de las versiones de los archivos y que haya una persona que unifique todo al finalizar el trabajo o traducción. Lo único que hay que hacer es crear o subir un documento en formato Word, ODF o RTF y compartirlo con los integrantes del grupo en un par de clics.

La principal ventaja de Google Docs & Spreadsheets es que un mismo archivo puede ser modificado por hasta 50 personas a la vez desde cualquier ordenador con acceso a Internet. Por supuesto, los cambios de otras personas se pueden ver en el historial y en todo momento se puede volver a versiones anteriores del documento.

Evidentemente, esta aplicación no es una maravilla como Word u OpenOffice como procesador de textos, y tengo que reconocer que es más profesional trabajar con el control de cambios de Word. Además, hay que tener cuidado si se trabaja con documentos complejos con muchas tablas, pues se puede perder el formato. Ahora bien, si uno se acostumbra a trabajar con Google Docs & Spreadsheets desde un principio, se pueden obtener muy buenos resultados con un par de cambios al final en Word u OpenOffice.

Un ejemplo en el que Google Docs y Spreadsheets ahorra mucho tiempo es realizando informes de traducción. Con frecuencia, en clase se nos pide que analicemos una traducción de otro grupo según la terminología, estilo, estrategias de traducción, etc. Así pues, suponiendo que contemos ya con una plantilla, cada integrante del equipo puede dedicarse a un campo concreto y escribir su análisis donde corresponda en un único archivo sin tener que enviar tantos correos y que alguien tenga unificar todo.

Google Calendar

Con tantas cosas en la cabeza, es normal que tengamos una agenda en la que apuntemos nuestras cosas. Pero claro, hay gente que no apunta nada ­—como yo :P— y luego pasa lo que pasa. Por tanto, ¿por qué no usar un calendario online al que pueda acceder cualquier miembro del grupo?

Google Calendar nos permite tener un calendario personal (y profesional) en el que especificar tantos avisos como nos haga falta. Al igual que Google Docs y Spreadsheets, es posible acceder desde cualquier ordenador con acceso a Internet y compartirlo con otras personas.

Por si fuera poco, este calendario nos da la opción de enviar recordatorios vía correo electrónico o SMS a quien corresponda horas o días antes de un determinado evento. Así pues, ya no hay excusa para decir “anda, si yo pensaba que no había que hacer nada…”. Eso sí, lo malo de esto es que tendremos el trabajo hasta en la sopa.

¿Y cómo me entero yo de todo?

Es razonable pensar que hay que estar pendiente de todo para trabajar así. Para facilitar las cosas, existen aplicaciones que sirven de página de inicio personalizables donde poner prácticamente (casi) todo lo que necesites.

Tal es el ejemplo de Netvibes, que nos permite configurar a nuestro antojo todo lo que queramos que aparezca en nuestra página de inicio con un par de clics. Por ejemplo, podemos poner que se nos muestren los últimos mensajes de nuestras cuentas de correo, el calendario de Google Calendar, el diccionario de WordReference, una lista de tareas pendientes e incluso notas a modo de post-its. O, por qué no, el tiempo que hace en tu ciudad. Trastear es el secreto.


Bien, pues ésta es una manera de trabajar en equipo de forma un poco más óptima. Por supuesto, el correo electrónico y la mensajería instantánea sirven igualmente si uno está acostumbrado a trabajar así. Al fin y al cabo, de lo que se trata es de trabajar de la forma más cómoda posible y productiva. Pero en fin, nunca está de más probar nuevas cosas…

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Trabajos en grupo (I)

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 07/06/2007

Todos los que hemos estudiado Traducción e Interpretación conocemos la importancia de trabajar en grupo. De hecho, creo que la mayor parte de traducciones y trabajos que he hecho han sido con el apoyo de otros compañeros.

Trabajar codo con codo con otras personas tiene sus ventajas e inconvenientes. Idealmente, se debería tardar mucho menos tiempo trabajando cinco personas en un mismo proyecto que una sola. Además, seguramente cada miembro del grupo aportaría cosas que de otro modo pasarían inadvertidas para el resto de componentes. ¿Dónde están, pues, los inconvenientes? Probablemente en un mal enfoque del plan de trabajo.

He vivido en mis propias carnes tener que hacer una traducción en grupo y estar cinco personas delante de la pantalla. Y también ver que ha pasado una hora y que sólo hemos escrito dos párrafos y encima con distintas opciones de traducción que tienen que decidirse aún. En efecto, algo falla según las ventajas que hemos visto antes.

El trabajo ha de planificarse concienzudamente antes de ponerse con él. Por supuesto, puede que la actividad que tengamos que realizar esté también mal planteada y condicione la forma de trabajar. Por ejemplo, aún no concibo cómo se pueden plantear ejercicios de traducción de 500 palabras entre cinco personas en el último curso de la carrera (pues no dudo del valor pedagógico que tiene trabajar así en primero o segundo), aunque por suerte este caso no se da muy frecuentemente, al menos, en la Universidad de Granada.

Puedo comprender que antes sólo unos pocos tenían ordenador o acceso a Internet, pero hoy día, por suerte, son sólo unos pocos los que no disponen de estos medios. Al fin y al cabo, el ordenador para un traductor de nuestros días es como el taxi para un taxista. Así las cosas, no hay excusa para no beneficiarnos de Internet para trabajar en grupo en pleno 2007.

Así pues, una de las cosas que se debe enseñar en una facultad de Traducción e Interpretación es, por tanto, aprender a trabajar en equipo por Internet independientemente de la tarea que se tenga que realizar. Pero más importante que esto es aprender a trabajar en equipo tanto con gente conocida como desconocida, al menos profesionalmente.

Trabajar con gente conocida normalmente no supone grandes problemas, ya que ya sabes cómo trabaja cierta persona y tienes confianza para decirle lo que piensas si no estás de acuerdo, si bien no siempre es así por miedo a una mala.

Esto parece indicar que trabajar con gente desconocida sólo acarreará problemas, y la verdad es que en ocasiones hay muchas diferencias entre ciertos componentes de un grupo. Sin embargo, también puedes aprender muchas cosas que no aprenderías con tu grupo común de trabajo, de forma que también es posible enriquecerse de esta manera.

Otra cosa que me gustaría señalar es que, inevitablemente, se cometerán errores. Y el primer error es pensar que nosotros no cometemos errores. Hay que ser humildes y reconocer que nos podemos equivocar, pues dicha metedura de pata nos hará aprender de nuestro fallo para que no se vuelva a repetir. Por ejemplo, hace poco mi grupo suspendió una traducción simplemente por habérsela enviado al profesor sin haber aceptado todos los cambios del control de cambios de Word, y desde entonces tenemos mucho más cuidado al enviar archivos al profesor (o cliente según se mire).

En las próximas entradas veremos cómo sacar beneficio a las nuevas tecnologías en el ejercicio de nuestra profesión, así como una propuesta de trabajo para un encargo de unas 2.000 palabras.

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Traducir sin la letra ‘e’

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 05/06/2007

A raíz de una conversación con un compañero de facultad sobre 253, me he equipado con mis mejores armas para seguir hablando sobre traducción subordinada en el mundo de la literatura y el valor pedagógico que conlleva este tipo de traducción.

Al escribir, tenemos total libertad para decir lo que nos pasa por la cabeza con total libertad de estilo; otra cosa es que éste resulte fácil o pesado de leer. Pero además, podemos redactar de forma que captemos la atención de ciertos lectores de una manera especial, ya que no todos serán conscientes del porqué de nuestro estilo. Es más que probable que si alguien lee —yo me incluyo— una novela como 253 ni siquiera se percate de que cada ficha de los viajeros del metro consta exactamente de 253 palabras.

Como ya comenté, el traductor ha de superar felizmente los retos que plantea una traducción subordinada. Por tanto, ¿qué mejor manera de tener un primer contacto de traducción subordinada en la Universidad?

En la asignatura de Traducción Literaria y Divulgativa del inglés al español de la Universidad de Granada se plantea a los alumnos un ejercicio muy creativo: traducir en dos semanas un cuento de unas 3.500 palabras de forma individual… sin usar la letra ‘e’. A mí la verdad es que me pareció una labor ciclópea desde un principio, porque… ¿cómo demonios escribo sin usar la preposición ‘de’? ¿Y cómo utilizo verbos reflexivos? ¿Sabéis que hasta aquí he utilizado la letra ‘e’ unas 146 veces?

Pues sí, es posible. Y no lo digo sólo por mí, sino por el resto de compañeros que también lo lograron. Unos con mejor fortuna que otros —no es mi caso—, pero lo logramos.

Creo que es un ejercicio muy bueno de creatividad, pues todo el texto es en sí un problema de traducción impuesto por el encargo. Yo mismo pensé que se trataba de una tontería, pero ahora que ha pasado la tormenta y además he visto que hay casos parecidos de traducción subordinada, agradezco que se me haya brindado tal oportunidad.

Ahora bien, no fue nada fácil, especialmente los primeros párrafos en los que no sabía si tirar el ordenador por la ventana o darme cabezazos contra la pared. Ni que decir tiene la cara que se me ponía cuando creía que había conseguido traducir un párrafo sin la ‘e’ y el procesador de textos me decía que había encontrado dos veces la letra ‘e’.

Pero poco a poco, en vez de desesperarme y armado de diccionarios de sinónimos como el de WordReference, logré traducir cada vez más rápido (dentro de lo que cabe) y darle solución antes a los problemas de expresión a los que me enfrentaba, y sin comerlo ni beberlo me topé con que había traducido un cuento sin usar la condenada letra. Obviamente, había cosas que podrían expresarse mejor.

En su momento pensé que el principal valor pedagógico de este ejercicio era potenciar la creatividad. Así lo sigo pensando, pero ahora que ha pasado el tiempo lo que creo es que es un verdadero ejercicio de saber ser buen traductor, de no desmoronarse ante una adversidad, y de darle solución a tantos problemas como nos encontremos aunque todo sea en sí un problema. Y si bien unos habrán resuelto mejor o peor esta gran complicación, lo importante es que han sido capaces de resolver los inconvenientes encontrados. Éste es, mi opinión, uno de los valores más importantes que se deben transmitir en una facultad de Traducción e Interpretación.

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253 (o un ejemplo de traducción subordinada)

Publicado por Pablo Muñoz Sánchez en 03/06/2007

Leo en Curioso pero inútil (CPI) y Microsiervos la reseña de una ¿novela? llamada “253″. Interesante título para un libro, sí señor. Pero, ¿qué se esconde tras las páginas de un texto bajo semejante título? Nada más y nada menos que la ficha de todas las personas que viajan en los distintos vagones de un metro. Recomiendo leer las reseñas de CPI y Microsiervos para tener un análisis más detallado de la obra, ya que esta entrada no pretende ser eso mismo, aunque os dejo con las siguientes pocas líneas de la introducción:

Un tren de metro consta únicamente de siete vagones. ¿Por qué? El número parece raro. Ocho sería más redondo, más cómodo. Tal vez sea un siete para la buena suerte. Cada uno de los vagones consta de 36 asientos, lo cual significa que la ocupación ideal de un tren que no estuviera atestado ni perturbadoramente vacío sería de 252 pasajeros, más el conductor. Esto daría un total de 253 personas.

Y vosotros os estaréis preguntando, ¿qué tiene que ver esta novela (que aún no he leído pero que espero hacerlo cuando pueda, ya que su origen está disponible en Internet) con la traducción subordinada? Pues simplemente que la gracia de ella consiste en que las fichas de todos los viajeros tienen 253 palabras… en inglés. Es decir, que al trasladar el contenido de esta novela a otra lengua diferente, será necesario hacer algo más que traducir si se quiere respetar la gracia del original que, seguro, no todos observarán.

En el caso de la traducción al español, la traductora parece haber llevado a buen puerto tal titánica tarea a pesar de alguna errata en las notas a pie de página o la ausencia de alguna palabra que rompe parcialmente una oración. Es decir, fallitos que para algunas personas (y más bien profesores) creerán motivo de baja calidad, pero que en su conjunto, al menos para mí, son subsanados por el texto global (vuelvo a recordar que no he llegado a leer el libro).

Todo esto nos lleva a la cuestión de los entresijos y la dificultad de traducir. Creo firmemente que en textos como el que nos ocupa se reflejan las cualidades de un buen traductor, como la creatividad, la superación (porque no creo que todo traductor se enfrente a este reto todos los días) y la capacidad para “jugar” con el texto meta según el texto original.

El español suele extenderse hasta un 25% más que el inglés para presentar la misma información, por lo que deduzco que la traductora ha hecho un profundo análisis de la información original para presentar lo verdaderamente relevante con un estilo que no resulte pesado. O lo que es lo mismo: la traductora ha hecho frente (con gran éxito al parecer) a un reto de traducción subordinada.

La traducción subordinada es aquella traducción que tiene impuesta una serie de condiciones extralingüísticas como el tiempo y movimiento de los labios en una película, el escaso espacio de una bocadillo de una viñeta de un cómic o, tal y como sucede en 253, la intención y forma de un texto. La Historia Interminable es otro ejemplo de traducción (o, por qué no, escritura) subordinada, al comenzar el primer capítulo con la letra A de forma que cada capítulo empiece con la siguiente letra del abecedario hasta llegar a la Z como nos explican en Die Unendliche Geschichte.

Con esto quiero reflejar que traducir es con frecuencia mucho más que verter mensajes de una lengua a otra, y que no basta con saber solventar problemas de traducción concretos, porque, ¿qué ocurre cuando todo el texto es en sí un problema de traducción? Muchos dirán que es intraducible o que perderá la esencia del original (lo que, muy a nuestro pesar, ocurre a veces en el doblaje), pero es precisamente la labor del traductor desmentir tales afirmaciones alegando pruebas como ha hecho la traductora de 253.

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